RESUMEN
A mis recién llegados 46 años, llevo una vida llena de desafíos y recompensas como mujer y profesional, madre de una joven de 14 años, hija, hermana, pareja, amiga y compañera.
Cada uno de estos roles forma parte esencial de mi identidad y mantenerlos en equilibrio requiere algo más que organización: requiere armonía.
En mi vida la armonía es la capacidad de encontrar un ritmo en medio de las exigencias diarias.
Es aceptar que no siempre puedo con todo, pero que siempre puedo elegir la actitud y dónde poner mi energía para liberar espacio mental y emocional.
En mi trabajo, me enfrento a desafíos y logros importantes cada día, pero he aprendido que confiar y delegar en mi equipo es esencial para crecer y alcanzar las metas juntas.
En casa, ser madre de una adolescente me enseña a diario el valor de la paciencia y la conexión. Mi hija me recuerda que, aunque el tiempo pasa rápido, las conversaciones profundas y las risas compartidas son lo que perdura.
Como pareja, he descubierto que el amor se alimenta de la admiración, respeto y pequeños gestos diarios.
Como amiga y hermana amada, valoro los momentos en los que soy de valor y estoy presente para los demás.
Para el 2025 que se aproxima, mi propósito es construir una vida donde cada aspecto tenga su lugar sin que ninguno opaque al otro.
Esto implica priorizar ni relación con el creador, enfocarme en mi bienestar físico, emocional y mental, tomarme tiempo para mí, disfrutar de lo simple y, sobre todo, soltar la necesidad de perfección.
La armonía no es un estado inamovible ; es un ejercicio consciente y constante de equilibrio. Hay días en los que las notas serán más agudas, otros más bajas, y está bien. Lo importante es recordar que, al final, soy mucho más que la suma de mis roles.
Encontrar armonía no significa hacer más, sino vivir mejor. Y en eso radica mi verdadera meta para el próximo año: ser feliz mientras equilibro lo que amo y lo que realmente importa.
¡Felices Pascuas!
Por: Vilma Yolanda Batista.
