Llegan los 40 y no necesariamente acompañados de una epifanía que como un rayo ilumine todo y te permita conocer el secreto de la plenitud, mancando un antes y un después de tu vida, siguiendo un camino, un principio, un final, un continuar.
Llegan los 40 y decodificamos como si regateáramos una deliciosa mercancía a 2 x 20. En esta esquina tenemos unos 20 fresquecitos llenos de amor, sueños, anhelos, ánimo y utopías propias de esta edad en la que sientes que ser parte de un mundo mejor te cabe en una mano y lo vives con ese empuje que te lleva como un cohete hacia el infinito y más allá; la segunda mitad se complementa con 20 maduritos llenos de experiencias, logros, decepciones, éxitos, fracasos, prudencia, exuberancias, aceptación y desencuentros; que como un rompecabezas arman la esencia de quien eres o al menos crees ser hasta ahora.
Llegan los 40 como una bocanada de brisa navideña, olorosa y fresca, que te llena de esperanza oxigenando el corazón junto a la mente invitando a atreverse a sentirte más ViBa, apostando siempre a lo mejor en los próximos 40 por venir.
