RESUMEN
La elección de Zohran Mamdani como nuevo alcalde de Nueva York marca un momento histórico para la política estadounidense. Mamdani, de 34 años, se identifica como socialista democrático y su victoria representa la consolidación de una corriente que, desde 2016 y bajo el liderazgo del senador Bernie Sanders, ha ganado espacio dentro del Partido Demócrata.
El movimiento socialista democrático refleja el desencanto de amplios sectores del electorado con la dirigencia tradicional. Su discurso se centra en denunciar la creciente desigualdad social y económica en los Estados Unidos, resaltando la brecha entre ricos y pobres en la nación más rica del mundo, y la falta de acceso de muchos ciudadanos a servicios básicos como vivienda, salud y educación.
Desde el punto de vista económico, el socialismo democrático propone una expansión del gasto público financiada mediante un aumento de impuestos a los sectores más adinerados. Sin embargo, esta idea enfrenta limitaciones prácticas. Las ciudades, como Nueva York, dependen en gran medida de los impuestos a la propiedad, lo que podría derivar en ajustes tributarios que afecten a un público más amplio. Hasta el momento, Mamdani no ha anunciado medidas concretas en esa dirección, aunque su plataforma prioriza la inversión social y la reducción de la desigualdad.
Más allá de la retórica, la victoria de Mamdani representa un desafío real para su movimiento. Deberá demostrar que es posible aumentar el gasto social sin comprometer la estabilidad fiscal ni desalentar la inversión privada. En ese sentido, el éxito de su gestión dependerá no solo de cuánto gaste, sino de la calidad del gasto público y de su capacidad para traducir los recursos en resultados visibles para la población.
Su desempeño también tendrá repercusiones más allá de Nueva York. Si Mamdani logra equilibrar justicia social y responsabilidad económica, podría convertirse en un referente nacional y fortalecer el ala progresista del Partido Demócrata. Pero si fracasa, el costo político sería alto: una derrota simbólica que debilitaría al partido de cara a las elecciones congresuales de 2026 y las presidenciales de 2028.
Por ahora, su victoria es un triunfo simbólico para quienes buscan un modelo económico más equitativo. Pero también es una prueba: la de demostrar que el idealismo puede traducirse en gobernabilidad, eficiencia y resultados. Nueva York será el laboratorio político donde se pondrá a prueba la viabilidad del socialismo democrático en el siglo XXI.
Por Braulio A. Rojas
