RESUMEN
EL NUEVO DIARIO.-“Mi imagen es tan familiar para los italianos que el noventa y ocho por ciento cree conocerme y sin embargo, jamás han leído un libro mío “, dice Cesare Zavattini, el argumentista de algunas de las más importante de las películas del neorrealismo italiano.
El autor de Ladrón de Bicicletas», para mencionar una obra antológica, está ya próximo a los ochenta años. Habla sin pesar, serenamente. Confiesa: «he sido surrealista por inocencia en la década del: ° treinta, neorrealista, por amor ‘en la posguerra, un poeta que escribía en dialéctico en esta época de lenguas sofisticadas y con-fusas. Ahora soy sólo un anciano harto de rótulos y etiquetas»
Hace exactamente cincuenta años, en 1931, publicó su primer libro de insolentes relatos: «Parliamo tanto di me»‘ (Hablemos de mi), el último de los diecinueve libros que editó desde entonces se llama II Macero (El Matadero), dice María Serena Palieri, rigurosa crítica literaria que conoce como pocos la obra de Zavattini: «son trabajos infaliblemente literarios, no cinematográficos ni pictóricos, que el autor te arroja para que se adhieran a tu piel como estrellas fugitivas”.
«Yo interpreto el papel de escritor con bastante naturalidad. Lo, tengo bien aprendido. No intento más que entender y escribir. Creo que lo hago desde siempre y sin darme tregua. Si no hubiera sido así, si no hubiera tratado de entender siempre al llegar a viejo; ahora, mi vida carecería de sentido» Y agrega con gesto distraído: «cualquiera puede ser escritor. Siempre que escribir signifique trasmitir una real comprensión de los acontecimientos”.
Este hombre, cuya imagen pública está indiscutiblemente ligada al cine, autor de esa enternecedora orfebrería de Vittorio de Sica «Milagro en Milán» es un literato que con demasiada frecuencia los otros parecen ignorar.
Sus obras exceden el rigor de las meras palabras se confunden en un mundo de imágenes que las hace perdurables más allá de la historia.
Casi inesperadamente, los italianos redescubren a Zavattini en esta su dimensión exquisitamente literaria. Por iniciativa de Valentino. Bompiani, se han recuperado cinco mil cartas de Zavattini que, como era inevitable, se disputan los editores. Einaudi anuncia un libro de Giacomo Gambetti que estudia los límites entre la magia y la literatura de Zavattini.
Por su parte, la televisión recupera a «Zavattini literato» en dos programas en elaboración que muestran su actividad como escritor.
Quienes han tenido noticias más directas sobre los trabajos en curso notan «una suerte de ansiedad enciclopédica; quieren decirlo todo en esta única oportunidad».
El todo por resumir es obra compleja, rica, que se extiende en la medida en que se incluyen reportaje, artículos periódicos, con conferencias y apuntes.
El único que parece no inquietarse por este afán de «releer’ ‘ sus páginas es el autor. Se limita a esperar otros juicios, otros confidentes, otros inter locutores conocidos ignorados.
Mientras tanto. dice de sí mismo, con cierta descuidada elegancia y no poca simpatía: «en otros tiempos fui patético: era cínico» y abjura ahora de ese «cinismo» que sólo se percibe en su obra como una lúcida ironía. Al borde de los ochenta, Zavattini se repropone, no se sobrevive. «‘Bienvenido al universo de los jóvenes» «le escribieron hace poco, «sobre todo si puedes arrancarnos del cinismo y la desesperación». Tarea en la que el autor del ‘Limpiabotas» perdura con tozudo afecto. (IPS).
Por Julia Marciel
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