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14 de marzo 2026
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OpiniónPadre Manuel Antonio García SalcedoPadre Manuel Antonio García Salcedo

Yo no he venido a traer la paz, sino la guerra…

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RESUMEN

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He venido a prender fuego y como deseo que arda ya… NO es lo tú piensas.

En búsqueda de la salud integral

El Reino de Dios es verdad, justicia y paz en el Espíritu Santo. Tan diferente de la figura distorsionada y parcial de Jesús que han querido por siglos justificar. Lo hacen personas que no conocen ni tienen como centro de su quehacer y existir al verdadero Hijo de la Virgen María, presente y operante en el Sacramento del Altar, El Pan del Cielo, La Eucaristía, nuestro único Dios y Señor.

Paz es sinónimo de familia unida, presente y solidaria. División indica competencia, ambición y egocentrismo. Hemos de preguntarnos si cada día hago algo por al menos una persona que esté sufriendo por las situación implantada por determinados y restringidos sectores sociales que propician las desigualdades y la marginación de quienes están a nuestro lado. Violencia e indiferencia son consecuencia secuenciada por el pecado del sostenimiento del status social a como dé lugar. Este Status siempre encuentro individuos serviles que miran desde abajo a alguien a quien obedecer, siempre y cuando encuentren beneficios. Cuando ya se seque y se extinga esa fuente de abastecimiento buscarán otro foco del cual extraer lo que satisfaga y sacie.

¡Que la labor de los verdaderos padres de familia, educadores, del magisterio de la Iglesia, de los sacerdotes con corazón de pastores de a pie, de los creyentes de bajo perfil y generosa colaboración con esta sociedad en contienda permanente! ¿Serán fieles hasta el final de su existencia o sucumbirán a las tentaciones del poder y la fortuna embriagadoras que tarde o temprano terminan destruyendo a sus súbditos?

Aparecen personas que incluso desafían a quienes enarbolan el valor y bien supremo de la paz. Justifican las guerras diabólicas como las que acontecen en Europa del este con reiterada frecuencia y de manera casi permanente en el medio oriente, cuando todos sabemos que son verdadera empresas económicas que benefician a las partes contendientes a costa de la vida de incontables seres humanos de toda edad, condición y responsabilidad. Nunca es justificable la violencia. Es inaceptable la justificación del maridaje con personas e instituciones que promuevan la tenencia y uso de armas mortíferas.

La frade de Jesús: Yo he venido a traer fuego a la tierra y lo que quiero es que arda» se ha tergiversado tanto, al igual que cada rincón de la Sagrada Escritura o Biblia para justificar la violencia, la discriminación y el sometimiento de la mayoría a intereses particulares, así como al ineficiente servicio que debe toda sociedad a sus habitantes en materia de vivienda, alimentación, salud, educación y seguridad. Toda religión debe tener en miras estas prioridades humanas. ¿De que vale rezar y rezar si no estamos ayudando a los que carecen de todo lo elemental conforme a la dignidad humana, o lo que es lo mismo, la imagen y semejanza de Dios con la que es concebido cada hombre y mujer sin distinción alguna?

Lo planteado anteriormente ha de ser la medida de existencia y accionar de todo estamento civil y religioso. Para que haya paz, los requisitos ya han sido enumerados.

La verdad y la libertad son auténticas cuando desaparece la violencia. La paz es su precedente y fundamento. La cruz de Cristo es la referencia de la cultura occidental. Pero los responsables del bien común , y por igual las generaciones que esto ha conducido a lo largo de las generaciones, no han entendido que dicha Cruz es asumir sobre sí mismo, sacrificarse y pagar el precio de erradicar las diferencias sangrientas entre familiares, clases sociales e ideologías que causan toda clase de conflictos. La Espada que ha venido a traer Jesucristo es la reconciliación, la donación y la entrega laboriosa que solo a precio de la propia sangre y sacrificio en extremo logra alcanzar la voluntad de Dios.

El fuego que ha venido a traer Jesucristo y la Comunidad Eucarística que le sirve en cada persona de toda nacionalidad, credo y condición es el bautismo de su pasión dolorosa, en la que mandó a San Pedro a guardar la espada en la vaina al grito sonoro del ¡Basta ya! Si él hubiera querido hubiese llamado a una milicia de ángeles para que le librara de aquel momento que nos trajo la salvación y a El la muerte más cruenta.

Cuando este mensaje es cuestionado o rebatido, la persona que utiliza argumentos para justificar de manera religiosa las guerras y las medidas represivas, segregadoras y totalitarias de regímenes extremistas, ya sean de izquierdas o de derechas, dicha persona no es cristiana y su buena voluntad está en entredicho.

Un llamado a la erradicación de la sed de poder y dominio, a la saturación de nuevas doctrinas y eventos triunfalistas, en especial en el área de la vivencia religiosa y pasar de ser agentes lúgubres a personas de bien, de sencillez y de servicio. Los desamparados han de ser para nosotros imagen y semejanza de Cristo crucificado y su resurrección en la lucha por la ausencia de conflictos y la eliminación de todo armamento bélico. Paz, Eucaristía y trabajo honrado y sacrificado es la verdadera religión de toda sociedad verdaderamente humana.

El autor es doctor en Teología Católica.

Por: Padre Manuel Antonio García Salcedo.

Arquidiócesis de Santo Domingo

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