Ya está bueno: Hay que destruir lo no es viable

Por Francisco Rafael Guzmán lunes 18 de enero, 2021

Hace unos años, cuando un ex rector aspiraba a rector de la universidad sempiterna y Primada de América, a la cual se le llamó al ser fundada Pontificia y Real Santo Tomas de Aquino, pero rebautizada luego como Universidad Central de Santo Domingo, hoy UASD, dijo alguien que el mundo era del tigueraje y que lo que iba en el mundo era el tigueraje. Esa persona dijo eso hace casi 30 años y la verdad que tenia razón. Nada más basta con ver el perfil de Donald Trump y de Bolsonaro, pero además rol jugado por un Juan Guaido en Venezuela enfrentando los tantos desaciertos del Presidente sucesor de Hugo Rafael Chávez Frías, Nicolás Maduro, pero en gran medida provocados por una crisis económica causada por una crisis inducida en el mercado internacional del petróleo.

Ahora bien, la pandemia y la crisis sanitaria provocada por ella, han puesto en evidencia de que no hay mal que pueda durar tanto tiempo y ninguna sociedad existe que pueda resistirlo. Más de 30 años de neoliberalismo y de capitalismo salvaje han demostrado que ya está bueno y que al capital financiero hay que pararlo de una vez y por toda  porque el planeta ya no aguanta más. No podemos seguir hablando de crecimiento económico, si no tenemos un servicio de salud, porque si no hay acceso a los servicios de salud para toda la población, para qué sirve el crecimiento económico, ¿para que haya mas desigualdades?, ¿para que se sigan pagando salario de miseria a los trabajadores asalariados?

Se habla de vacunas y de muchas ofertas de ellas, por diferentes laboratorios, casi siempre se trata de empresas privadas y se piensa en las patentes de esas vacunas, para que se lucren los particulares. Así no eran las cosas en la década de 1950, cuando entre 1951 y 1958, cuando la población mundial era mucho menor, se vacunaron unos 80, 000,000 de la vacuna PCG contra el bacilo de Koch que provoca la tuberculosis de un total de 234, 000,000 de pruebas de tuberculinas  hechas a personas, generalmente de la población infantil, p0rque no había necesidad de vacunar a todo el mundo y ni siquiera a un alto por ciento de la población si no a los más vulnerables.  Es que el Estado era fuerte la década de 1950, vivíamos en la Guerra Fría y en una etapa de pos-guerra después de haber sido derrotada la Alemania nacional socialista, por lo que muchos países que habían sufrido los efectos de la Segunda Guerra Mundial no podían recuperarse sin la intervención de un aparato estatal fuerte, sin un Estado fuerte.

Así de sencillo, como nos abocamos hoy en día a que no es posible volver a ver creciendo la economía sin la derrota definitiva de un modelo económico generador de tantas injusticias en medio de una pandemia provocada por los desórdenes de un capitalismo neoliberal y salvaje. Hasta la saciedad ha quedado evidenciado con esta pandemia que la humanidad no puede seguir así y de que la crisis ecológica va a llevar el planeta al colapso.

Sencillamente así no puede ser. Permitiéndolo todo en nombre del libre mercado no es posible seguir existiendo la vida en el planeta. La cacería de animales de la fauna salvaje, en nombre del libre mercado, enfermedades zoonoticas, depredación de las selvas por parte los humanos que no saben convivir con los animales y las plantas y les violan los espacios a estos y estas; en la India los monos buscan hábitat en las ciudades. Soltar camellos depredadores que no han podido domesticarse en Australia, como ocurrió hace mucho tiempo no debe ser. Vender carne de animales en supermercados, restaurantes y carnicerías, domésticos o salvajes, cuya carne antes no se consumía -sin saber las consecuencias- no debe ser. Vender tantos boletos de avión, en el 2019 unos 4, 500, 000,000 según algunas fuentes, el ocio y el tiempo libre es bueno, pero si no queremos enfermedades no debemos promover tanto los viajes si no ha seguridad. El mercado no pude seguir imponiéndose así, sin reglas de ninguna clase. El Estado tiene que volver a ser fuerte o colapsamos como humanidad.

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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