ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
14 de enero 2026
logo
OpiniónDamasco JiménezDamasco Jiménez

“Ya el palo está dao”

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Siempre recuerdo a mi amigo de la liga de pelota. Era un poco mayor que yo —dos o tres años—, una diferencia que, aunque leve, se sentía con fuerza entre los siete y los doce. Corríamos juntos detrás de la patana de caña, que solía hacer una breve parada en el badén frente al play. Ambos éramos callados. Hablábamos lo justo: cuántas carreras, cuántos outs. Lo demás se entendía por instinto.

A pesar de su silencio, siempre sacaba tiempo para ver televisión. Le fascinaban los discursos. Esa era su gran pasión, algo inusual en un niño que apenas hablaba. Admiraba a un político dominicano que solía pronunciar largos discursos. No tenía una gran voz ni un carisma desbordante, pero en aquellos tiempos sin internet, con acceso limitado a la información, eso bastaba para hipnotizarlo.

Con los años, mi amigo perdió el interés. Y más que eso: perdió el respeto por aquel político. Descubrió algo llamado posmodernidad, una corriente filosófica que trajo consigo el concepto de posverdad. Esta idea, influida por Nietzsche —quien afirmaba que no existen hechos, solo interpretaciones—, desplazó la noción de verdad objetiva hacia el terreno de la subjetividad. En contraste, la modernidad, como diría Martin Heidegger, sostenía que “el mundo es la totalidad de los hechos”. Y en esa misma línea, el evangelista pone en boca de Jesús: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16).

Recuerdo haberlo encontrado un día leyendo un libro titulado La estrella, de un tal Og Mandino. Trataba sobre un orador que dejaba a las personas pasmadas con sus palabras. Pero este orador tenía una particularidad: decía la verdad. Una contradicción total con aquel político que tanto lo había fascinado.

Claro, esto no es nuevo. Ya en el siglo V a. C., la escuela sofista —con figuras como Protágoras, Gorgias, Pródico e Hipias— enseñaba el relativismo. Protágoras decía: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Los sofistas instruían en el arte de argumentar con eficacia, tanto en causas justas como injustas. Platón y Sócrates los enfrentaron con dureza, acusándolos de charlatanes. Platón incluso les dedicó diálogos enteros, al menos a los más influyentes.

Hoy, en esta ensalada de libertad digital que disfrutamos, cualquiera puede decir lo que le venga en gana y luego ofrecer disculpas vacías, sin consecuencias. Como decían en mi pueblo: “Ya el palo está dao”. Esta es una invitación a la cordura, a ser críticos con lo que consumimos en las redes. La libertad de expresión no garantiza la veracidad de lo dicho; lo hacen la calidad de las pruebas y la honestidad intelectual. Seamos críticos hasta la saciedad. No todo el que tiene un micrófono sabe de lo que habla.

Como decía el maestro Marco Aurelio Denegri, citando al Eclesiástico 18:19: “Antes de hablar, infórmate”.

Sobre mi amigo… aún hoy le provoca desprecio ver a aquel político en pantalla.

 

Comenta