¿Y qué es el amor sin palabras?

Por Araceli Aguilar Salgado

“El amor es el significado último de todo lo que nos rodea. No es un simple sentimiento; es la verdad, es la alegría que está en el origen de toda creación”. Rabindranath Tagore.

El amor, como concepto abstracto, resulta muy difícil de definir: desde poetas, psicólogos hasta neurocientíficos han intentado colocar un sello distintivo y asertivo en su definición y siempre nos queda la sensación de que no define al término en totalidad.

El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (artístico, científico, filosófico, religioso).

De manera habitual, y fundamentalmente en Occidente, se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de actitudes, emociones y experiencias.

En el contexto filosófico, el amor es una virtud que representa todo el afecto, la bondad y la compasión del ser humano.

También puede describirse como acciones dirigidas hacia otros y basadas en la compasión, o bien como acciones dirigidas hacia otros (o hacia uno mismo) y basadas en el afecto

Lo cierto es que el amor puede definirse a través de la acción, lo que muestra que el amor posee una definición absolutamente subjetiva.

Como la palabra acto es muy importante en el amor, y como el ser debe arribar a esta forma espiritual de hallar el sentido y de hallar vida en otros seres y el amor ve lo único posible, es decir lo que sólo la persona amada en su absoluta singularidad puede ser.

El Amor es un concepto muy complejo, que para cada persona parece tener su propio significado. Y creo que así debería ser, ya que cada uno posee su propia forma de ver el mundo, profundicemos.

Analiza los distintos actos de amor que has recibido de las personas en esta última semana. Puede ser tantas cosas, por ejemplo, un gesto, un guiño, el tono en las palabras, las miradas, las caricias, la compañía, la presencia y demás.

Un acto de amor es que alguien te sonría, te ceda el paso, te llame para ver cómo estás, que te ofrezca su ayuda, que te acompañe, que te escuche, en fin.

¿Notamos este amor, lo apreciamos, lo apreciamos?

Solemos categorizar dichos actos en grandes o pequeños. Pero bien vistos, los actos de amor son sólo actos de amor, carecen de tamaño.

¿Quién les pone las etiquetas? ¿Quién los minimiza?

Nosotros, tú y yo, nadie más. Al no darles valor o notarlos se reduce nuestra experiencia de gozo en la vida.

Así que te vuelvo a lanzar la pregunta: ¿Cuántos actos de amor has recibido en los últimos seis días? ¿Te has dado cuenta de ellos?

Una vez que los traigas a tu mente, te invito a mirar a ver el cielo, los pájaros, los árboles, las flores, el agua, el sol, las piedras, la tierra o tu mascota.
Ve a tus hijos, a tus amigos, a tus maestros, a tu pareja si tienes una buena relación. El amor está aquí todo el tiempo.

¿Lo notas, lo puedes percibir como una hermosa expresión que la vida te ofrece?

Todo lo anterior se revela cuando estás presente, conectado contigo mismo en segundos de conciencia. Entre más te abres y te muestras a la vida, más amor encuentras y es entonces cuando la vida se llena de luz y te sientes parte del todo.

En la actualidad, gracias a la ciencia, hemos aprendido a ver el mundo de manera distinta.

Es decir, hoy sabemos que los átomos son 99.999 por ciento energías y no puntitos separados entre sí, como nos habían enseñado.

Nada está separado de nada. Todo en la creación es parte del todo. Cada uno de nosotros, cada partícula en la naturaleza es parte de esa unidad. Unidad a la que bien podríamos llamar Dios, Conciencia, Energía Universal o como desees, y que es simplemente amor.

Vivimos rodeados de amor. Sin embargo, en lo cotidiano es muy fácil olvidarse de él. Sabemos la manera de estar ocupados y andar de prisa, creemos que todo lo hacemos por amor, cuando en realidad nos alejamos del amor y de nosotros mismos.

Lo curioso es que el universo no reduce su generosidad porque tú o yo no le pongamos atención.
La invitación es a darte cuenta de que la vida te ama, no a que salgas a buscarlo a algún lado; es un llamado a sintonizarte con algo que siempre ha estado y estará ahí; a estar presente.
Tú y yo somos una expresión del amor. Nuestro ser interno es hecho a imagen y semejanza de Dios.

¿Y qué es Dios sino amor?

Resulta curioso que la frase “amor a ti mismo” sea en realidad una abundancia.

Un gurú yogui decía que la gente se sube en cruceros para ir de vacaciones cuando, sin importar en donde se encuentre, sólo tiene que cerrar los ojos y sintonizar con su paraíso interno y con el amor.

El secreto está en estar abierto para descubrirlo, visitarlo, recibirlo.

Si bien todo lo anterior resuena como una verdad en alguna parte de nuestro ser interno que reconoce que “es amor”, también existe otro ser el exterior, nuestra personalidad, nuestro ego, que no sabe amar y al que le cuesta mucho trabajo comprender lo que es el amor incondicional.

Su duda siempre es y será: “¿Soy amor?” Este ser exterior que siempre está lleno de dudas acerca de si lo aman o no, suele ser inseguro y, por lo tanto, soberbio, se pregunta constantemente si es digno de ser amado. ¡Vaya paradoja!

El mundo, desde esa perspectiva, se convierte en un lugar oscuro y solitario.

Lo irónico es que no puedes hacerte querible, sólo puedes ser querible y darte cuenta de que ya eres en tu ser interno, un ser adorable.

Por otro lado, ¿te has percatado de que es más fácil amar a otros que amarte a ti mismo?,

¿No te parece absurdo?

La realidad es que entre más te amas a ti mismo, más reconoces el amor y por ello se vuelve más fácil amar a los demás.

Asimismo, lo hermoso es que cuando admites la existencia de ese amor fundamental, a los demás les es aún más fácil amarte.

Es así que tu relación contigo mismo se refleja en la relación que tengas con amigos, familiares, extraños o enemigos.

De ahí la famosa frase no vemos la vida como es, la vemos como somos.

Date cuenta de lo que la vida te ama. Imagina que toda la belleza que ves, sientes y percibes fue creada para ti, para tu disfrute y deleite; como una muestra del amor que siempre está presente y sólo requiere abrirle la puerta.

El amor no es una palabra, sino un acto; es decir, el amor no tiene definición precisa, sino que es definido en el seno de la pragmática mediante acciones que conllevan interacciones.

Un ser humano traduce en gestos, movimientos, acciones, palabras o frases orales o escritas la necesidad de hacer saber al otro, de transmitirle, ese afecto profundo.

La alegría de amar a otra persona en profundidad compromete la propia vida con todas sus consecuencias. El amor se convierte así en plenitud afectiva que conduce a la felicidad.

Una transmisión que encierra la secreta expectativa de reciprocidad amorosa, de complementariedad relacional, que produce en el protagonista el saber que no está solo en semejante empresa (el amar sin ser amado es una de las causales más frecuentes de la desesperación).

Además, esta transmisión busca la creencia de una seguridad.

Una utópica seguridad, ya que la búsqueda de reaseguramiento amoroso hace que se descuide el presente de amor en dos de reafirmar el futuro hipotecándolo.

Y ese descuido posee lamentables consecuencias cuando la mirada preocupada se centra en adelante y no en mientras y durante.

Ojalá todos y cada uno de nosotros podamos tener esta vivencia del acto de amor que promueve y planifica y nos ayuda a cumplir nuestro proyecto de vida en esta realidad que tantas situaciones nos presenta, las cuales nos distraen de lo esencial, nuestro interior, nuestro corazón.

“Amar es un acto de fe: nos entregamos por completo a otra persona, con la ilusión de sentir amor de vuelta con la misma intensidad, con la esperanza de que la persona amada esté siempre junto a nosotros, pero también con la valentía de entender que amarnos a veces significa desprendernos de lo que nos lastima, dar vuelta a la página de las historias con finales trágicos.

El amor no es solo un sentimiento de pareja, es de padres, de hijos, de amigos, de nietos, de nosotros mismos. El amor es una emoción pura y está muy lejos de ser lo que a veces entendemos como tal: la posesión, el apego, la dependencia… Amor es felicidad”

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, del Estado de Guerrero

Por Araceli Aguilar Salgado

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