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24 de febrero 2026
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OpiniónVALENTIN CIRIACO VARGASVALENTIN CIRIACO VARGAS

XI Congreso del PCT: Relevo histórico y llamado a la unidad democrática y de izquierdas para el 2028

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RESUMEN

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I. Introducción

El artículo constituye un homenaje a tres figuras que encarnan, cada una a su manera, lo mejor de la lucha revolucionaria dominicana. A Rafael Chaljub Mejía, maestro y orientador político de quien aprendí, en los albores de la década del 70, que las ideas son armas cuando se sostienen con consecuencia y dignidad. A Manuel Salazar, compañero de los primeros pasos en el Movimiento Popular Dominicano en Puerto Plata, cuya entrega silenciosa y constante es el mejor retrato de lo que significa militar sin claudicar. Y a Virtudes Álvarez, símbolo luminoso de la dignidad de la mujer en la lucha revolucionaria de la República Dominicana, cuya vida es prueba de que el coraje no tiene género. A los tres, con gratitud y con la certeza de que su legado sigue andando.

“La gloria no es de los que ven para atrás, sino para adelante.”
— José Martí

El Partido Comunista del Trabajo (PCT) fue fundado en 1980 por cuadros provenientes del Movimiento Popular Dominicano (MPD) y otras corrientes de la izquierda revolucionaria dominicana. Desde sus orígenes, ha mantenido una línea marxista-leninista orientada hacia la lucha de clases, la movilización popular de masas y la perspectiva de una revolución democrática antiimperialista como camino hacia el socialismo. A lo largo de más de cuatro décadas, el partido ha sostenido su presencia en el escenario político nacional a pesar de las difíciles condiciones históricas que enfrentaron las fuerzas de izquierda en la región.

El PCT celebró recientemente su XI Congreso Nacional, un evento que trascendió la mera renovación de autoridades para convertirse en un punto de inflexión en la estrategia de la izquierda dominicana. Bajo la divisa «El partido, la lucha de la clase trabajadora, popular de masas y la revolución, es un asunto de conciencia revolucionaria», la organización no solo eligió a su nuevo secretario general, el veterano dirigente Aquiles Castro, sino que lanzó una propuesta ambiciosa: la construcción de un «compromiso histórico» de unidad de las fuerzas democráticas, patrióticas y de izquierda con miras a las elecciones de 2028. El cónclave, que contó con la participación de delegaciones internacionales de partidos hermanos, aprobó además una resolución política que denuncia la «sumisión» del gobierno de Luis Abinader a Estados Unidos y alerta sobre el avance de corrientes «neofascistas» en el país y la región.

II. El relevo en la dirección: continuidad y trayectoria

Lo que puede verse en la elección de Aquiles Castro como nuevo secretario general no es simplemente un cambio de nombre al frente del partido, sino la expresión analíticamente verificable de una organización que ha logrado reproducir su cuadro dirigente sin fracturas ni improvisaciones. Castro acumula 45 años de militancia: fue presidente de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), miembro del Movimiento Popular Dominicano (MPD) en los años 70 y parte del grupo fundador del PCT en 1980. Su pertenencia al Comité Central durante los últimos 25 años, junto al respaldo explícito de los dos secretarios generales que le precedieron —Manuel Salazar (1994-2026) y Rafael Chaljub Mejía (1980-1994)—, no es un gesto ceremonial: es la evidencia de una línea política que se transmite con coherencia generacional. Salazar presentó su nombre ante el congreso y Chaljub Mejía ponderó su figura, cerrando así un ciclo que comenzó con la fundación del partido y que ahora se proyecta hacia una nueva etapa.
La trayectoria de Castro representa a una generación que construyó el partido en condiciones adversas: la clandestinidad, la persecución en tiempos de la Guerra Fría, las décadas de marginalidad política que siguieron a la caída del bloque soviético. Su elección reafirma el compromiso del PCT con sus principios fundacionales —la lucha de la clase trabajadora, la movilización popular de masas y la revolución democrática antiimperialista— y convierte ese relevo en una declaración de continuidad: la conciencia revolucionaria, sostiene el partido, no se hereda, se construye.

III. Escenario internacional: imperialismo, neofascismo y reordenamiento global

El PCT sitúa su análisis internacional en el marco de un reordenamiento mundial en curso, marcado por el ascenso de China como potencia global y el surgimiento del bloque BRICS como contrapeso al orden financiero impuesto por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto, el partido identifica el «regreso de la doctrina Monroe» como una expresión renovada de las pretensiones hegemónicas de Washington sobre América Latina y el Caribe: la agresión a Venezuela, el estrangulamiento económico de Cuba y la creciente presencia militar estadounidense en la región son leídos como piezas de una misma estrategia de control sobre un espacio que Washington considera su área de influencia exclusiva.
El congreso alertó además sobre el crecimiento del neofascismo como fenómeno político de alcance internacional. Para el PCT, el avance de corrientes ultraconservadoras no es un fenómeno aislado, sino una respuesta sistémica del capitalismo en crisis para recomponer la acumulación de capitales a costa de los derechos democráticos y las libertades populares. Esa lectura estructural es la que da coherencia al diagnóstico que el partido formula sobre la situación interna del país y la urgencia de movilizar fuerzas para hacerle frente.

IV. Escenario nacional: soberanía, corrupción y oportunidad política

En el plano interno, el diagnóstico del PCT fue igualmente severo. El gobierno de Luis Abinader fue acusado de «sumisión vergonzosa y sin precedentes» a los designios norteamericanos, materializada en la entrega de la Base Aérea de San Isidro y áreas del Aeropuerto Internacional de Las Américas para uso militar de Estados Unidos. Para el partido, la presencia de contingentes militares extranjeros en suelo dominicano representa una afrenta directa a la soberanía nacional, agravada por lo que califica como un patrón de más de cincuenta actos de corrupción durante los dos períodos de la actual administración, entre los que destaca el escándalo en el Seguro Nacional de Salud (Senasa).

A esa crisis de legitimidad se suma el enraizamiento de un conservadurismo con «ribetes neofascistas» en la sociedad dominicana: la xenofobia racista contra trabajadores haitianos, el rechazo a las tres causales y el desmonte sistemático de valores patrióticos y democráticos. El partido identifica en este escenario una oportunidad política concreta: un segmento de la ciudadanía que apoyó al PRM para desplazar al PLD del poder hoy se siente defraudado, y esas «reservas democráticas» son precisamente el terreno en el que el PCT aspira a construir una nueva fuerza capaz de luchar por el poder político hacia 2028.

V. Principales resoluciones

El XI Congreso aprobó una resolución política que aborda tanto la coyuntura como la estrategia futura del partido. En materia de política exterior, el PCT reiteró su solidaridad militante con Cuba y Venezuela, condenó la vigencia de la doctrina Monroe y llamó a movilizar las fuerzas democráticas y revolucionarias para defender la soberanía nacional y cerrarle el paso al neofascismo.

La resolución más trascendental fue la decisión de trabajar activamente para construir un «compromiso histórico» de unidad de las izquierdas orgánicas y no orgánicas, así como de los sectores democráticos y patrióticos que se sienten defraudados por el sistema político dominicano. El objetivo declarado es conformar una opción electoral capaz de luchar por el poder político en 2028, superando el «exiguo desempeño electoral» que hasta ahora han tenido las fuerzas de izquierda. La propuesta no se concibe como una alianza de circunstancias, sino como el inicio de un proceso político sostenido que trascienda la coyuntura electoral y se proyecte hacia el futuro.

VI. Conclusión

El XI Congreso Nacional del Partido Comunista del Trabajo clausuró sus deliberaciones con una mezcla de continuidad y audacia. La continuidad está representada en la figura de Aquiles Castro, un dirigente de 45 años de militancia que garantiza la persistencia de los principios marxista-leninistas y la memoria histórica de la lucha revolucionaria. La audacia reside en la apuesta por la unidad: el llamado a tejer alianzas con todas las reservas democráticas del país para construir una alternativa que aspire, por primera vez en décadas, a luchar por el poder político con posibilidades reales.

En un contexto de reordenamiento global y de creciente malestar social, el PCT lanza un desafío a las izquierdas dominicanas: convertir la conciencia revolucionaria en una opción política viable, percibida por el pueblo como una esperanza real de cambio. La pregunta que queda abierta es si las fuerzas progresistas serán capaces de arrimar hombros y transformar ese llamado en una candidatura con arraigo suficiente para trascender los márgenes en que históricamente han navegado, de cara al 2028. El legado de quienes construyeron este partido con sacrificio y convicción exige, al menos, intentarlo.

Gracias al amigo y camarada Julio Guzmán Acosta por su valiosa colaboración.


Por Valentín Ciriaco Vargas

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