RESUMEN
Recientemente, un grupo de diplomáticos dominicanos salimos hacia nuevos destinos. Muchos de mis compañeros no habían tenido antes la experiencia de servir en el exterior. Algunos habían vivido en otro país. Más de uno me dijo: “Bueno, para ti será fácil, ya estás acostumbrado”.
La verdad es que, aunque la experiencia previa ayuda, no deja de ser un gran reto. En esta ocasión, por ejemplo, me tocó viajar y pasar unos meses sin mi familia, en un país de una cultura muy distinta a la mía. Y sí, hay momentos incómodos, momentos que ponen a prueba. Lo que cambia es que se gana cierta confianza al saber que ya se ha pasado por eso antes, que esos momentos son parte natural del proceso y que se pueden superar.
En mi trayectoria he vivido escenarios muy distintos. En Suiza, por ejemplo, estaba rodeado de tres idiomas oficiales (alemán, francés e italiano) sin hablar ninguno, pero la mayoría de la gente podía comunicarse en inglés y eso me abrió muchas puertas.
En contraste, si como diplomático eres destinado a países donde el inglés no es común, como ocurre en lugares con niveles muy bajos de dominio de este idioma, la barrera es real. China es un ejemplo: menos del 2 % de la población habla inglés avanzado y solo el 16 % lo maneja de forma básica, lo que hace que la integración inicial sea mucho más exigente.
He servido en países de idioma y cultura más cercanos, como Colombia, donde conectar fue tan natural como estar en casa. Y en Portugal, aunque el idioma era diferente, se aprende con relativa rapidez, lo que favoreció mi integración.
La etapa de vida en la que se asume un destino también influye. En los primeros años de mi puesto en Jamaica era joven y soltero, podía salir con diferentes grupos casi a diario y hacer amistades era algo fluido. En Portugal, ya casado y con hijos, hice menos nuevos amigos, pero tenía mi red de apoyo en casa. Esto contrasta con quienes llegan solos y sin ese soporte cercano, ya que los primeros meses pueden ser especialmente solitarios.
Diversas investigaciones muestran que los expatriados tienen un riesgo más alto de sufrir problemas de salud mental, incluyendo depresión, ansiedad y agotamiento, durante los primeros meses de adaptación. Factores como el choque cultural, la distancia de las redes de apoyo, las barreras lingüísticas y el cambio de rutinas influyen en ese impacto emocional.
Es importante normalizar que estas sensaciones forman parte del proceso de transición y que pueden presentarse en cualquier persona que se muda a un entorno diferente. Superar estos momentos requiere reconocerlos como naturales y temporales, y asumir que el bienestar dependerá también de las acciones que se tomen para integrarse.
En ese sentido, contar con datos como los que ofrece el profesor Jeffrey Hall, de la Universidad de Kansas, ayuda a planificar mejor la integración social. Sus estudios muestran que se necesitan aproximadamente 50 horas para pasar de conocidos a amigos casuales, 90 horas para considerarse amigos y más de 200 horas para llegar a una amistad cercana. Cuando éramos niños, esas horas se acumulaban casi sin darnos cuenta: compartíamos largas jornadas en la escuela, jugábamos después de clases, convivíamos con vecinos y la interacción constante hacía que las amistades surgieran de forma natural.
En la vida adulta, y más aún en un entorno nuevo y distinto, esas horas no se darán por casualidad. Es necesario diseñar un plan consciente para encontrarlas: buscar espacios de encuentro, insistir en compartir actividades y, en definitiva, dedicar tiempo deliberado a que esos vínculos se desarrollen.
Por eso, crear nuevas amistades no es fruto del azar. Desde el primer día hay que insistir, incluso cuando no apetece. Es necesario dejar atrás la timidez, buscar la manera de coincidir con las personas, pasar suficiente tiempo juntos para que la relación tenga espacio de crecer. Esto implica invertir en encuentros, invitaciones y conversaciones que, aunque parezcan pequeñas, construyen una red de apoyo sólida. Para lograrlo, resulta útil contar con una “caja de herramientas” personal: habilidades para iniciar conversaciones, escuchar con atención, mostrar empatía y proyectar apertura, incluso si la tendencia natural es ser reservado.
Con todo y sus retos, una de las mayores satisfacciones de esta carrera es trabajar por los intereses de la patria. Representar a mi país, promover sus valores y defender sus posiciones es un honor en sí mismo. Me llena de orgullo cada vez que he podido gestionar becas para jóvenes dominicanos, contribuir al aumento de nuestras exportaciones, promover el turismo y lograr que nuestra nación sea más conocida y respetada en los lugares donde servimos. A nivel personal, estas experiencias me han hecho crecer, ampliar mi visión del mundo y dejar amistades en cada país, relaciones que enriquecen tanto mi vida como la labor diplomática.
Quiero aprovechar estas líneas para llevar un mensaje a mis colegas, a quienes acaban de salir a servir en el extranjero y a cualquier persona que esté atravesando un cambio similar. Sé que no siempre es sencillo, que hay días en los que la timidez, la apatía o el simple cansancio parecen tener más fuerza que las ganas de salir a buscar compañía. Pero ahí está la clave: no podemos quedarnos esperando a que las amistades lleguen por sí solas.
Hay que insistir, crear oportunidades y salir deliberadamente de la zona de confort. La salud emocional se fortalece cuando construimos vínculos, y eso vale para cualquier persona que se muda a un entorno cultural nuevo. Estos momentos difíciles son temporales, la situación mejora, y en gran medida dependerá de nosotros que así sea.
Por eso, más que esperar a que la vida social se forme sola, invito a buscar formación y práctica en habilidades sociales: aprender a iniciar conversaciones, cultivar la empatía, escuchar activamente y proyectar apertura. Son herramientas que nos permiten sembrar amistades y redes de apoyo que no solo nos sostienen, sino que enriquecen nuestra experiencia de vida. Cada café compartido, cada conversación que empieza con un “hola” tiene el potencial de convertirse en una amistad que hará que todo este viaje valga la pena.
