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20 de enero 2026
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OpiniónAlfredo GarcíaAlfredo García

Vístete para el puesto que quieres, no para el que tienes

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RESUMEN

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“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” – Colosenses 3:23-24

 

Mi madre decía que uno debe andar siempre con sus mejores prendas, bien planchado y limpio, pues no se sabe con quién se va uno a encontrar en el camino, dado que sólo hay una oportunidad para causar una buena primera impresión.

Igualmente, ese personaje de alma libre y soberano proceder llamado Rosalía, mi madre, aconsejaba, y esto lo hacía cuando entré a trabajar, que me vistiera para el puesto que quería, no para el que tenía, en aras de elevar mi autoestima y motivar de que siempre diera lo mejor hasta alcanzar la versión más completa de mi persona.

Ella explicaba que el alcance de vestirse para el puesto que uno quiere va más allá de la mera apariencia, pues también llama a tener un comportamiento y desempeño excelentes, éticos y dignos, afín con la posición que se quiere alcanzar.

Esos consejos se me quedaron grabados en la mente con letras de fuego por cuanto lo practicaba sin reparos, al menos en la vestimenta, que de alguna manera era lo más fácil y vanidoso pese a que siempre me llamaban “el agenta´o”.

También me aconsejó que no solamente me vistiera para el puesto que quería, sino que también actuara como si ya lo tuviera, naturalmente sin que ello suponga confrontar a mis superiores o que en modo alguno valla en desmedro de mis compañeros, para así evitar recelos más allá del natural que produce todo crecimiento.

Ella se refería a que debía tener un cambio de actitud cultivándome en privado para cuando me tocara el momento de asumir, estuviera preparado y no se me fuera la oportunidad de las manos por no estar listo.

El actuar como si ya se tiene lo deseado, obliga a irse estructurando, pero a la vez el cambio de actitud poco a poco te va dimensionando, al tiempo que te perfila para encajar de manera natural en el puesto que deseas.

Proyectando pasión en cada cosa que se haga desde antes de asumir, se despliegan tus talentos de manera administrada, en aras de evidenciar que en la práctica cuentas con la preparación necesaria para subir de nivel.

Por ello la mejor manera de liderar es con el ejemplo y revestir todo lo que hagas con una vestimenta de excelencia hará que los demás respeten tu integridad profesional, en algunos casos la imiten, contagiando así al equipo con una cultura organizacional efectiva y sobresaliente.

Pues a veces para que un equipo cambie sólo necesita cambiar uno de sus miembros y ese sólo hecho irradia la transformación que necesitan los demás, pues cuando das el cien por ciento en todo, esa pasión se convierte en siembra que en un futuro, sin darte cuenta, germina dando frutos al ciento por uno.

Siempre he dicho que el esfuerzo y la pasión persistentes se acumulan en algún lugar y en el momento menos esperado explotan viniéndote un golpe de “buena suerte” que para muchos es inexplicables cómo tantas cosas buenas empiezan a desencadenarse a tu favor, pero que para ti es perfectamente entendible porque sabes todo el esfuerzo y empeño que durante largo proceso vienes haciendo en post de un objetivo, en este caso alcanzar una nueva posición.

Quiero cerrar escribiendo que vestirse para el puesto que se quiere, además de la vestimenta, igualmente supone un compromiso con la calidad, la ética y el bien hacer, más allá de toda duda y para que lo puedas contagiar en los demás en aras de convertirte en una líder, es menester reflejarlo en ti primero, para que el ejemplo tuyo inspire a los demás a seguir tus pasos en función de tus resultados.

Si quieres transformar a tu equipo, primero transfórmate a ti mismo y luego todo lo demás llegará por añadidura, pues vestirse para el puesto que se quiere supone una transformación estructural que evidencie que sabes muy bien tu valor.

Por Alfredo García
@alfreditogarciapr

 

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