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20 de enero 2026
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OpiniónRamón SabaRamón Saba

Virgilio Díaz Ordóñez

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RESUMEN

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Mejor conocido por el más famoso pseudónimo dominicano: Ligio Vizardi (anagrama de Virgilio Díaz). Nació en San Pedro de Macorís el 5 de mayo de 1895 y murió a los 73 años en Washington el 30 de abril de 1968. Padre del también reconocido escritor dominicano Virgilio Díaz Grullón.

 

Poeta, escritor, orador, abogado, farmacéutico y diplomático. Estudió en el colegio del Convento de los Dominicos bajo la dirección del Padre Francisco Fantino Falcó, donde fue discípulo del a posteriori presidente Federico Henríquez y Carvajal. Como grados universitarios obtuvo el título de Licenciado en Farmacia y más tarde de Derecho. Ocupó las importantes posiciones de Secretario de Justicia, de Educación y de Relaciones Exteriores. Representó al país en funciones diplomáticas en Cuba, Perú, la ONU y la OEA.

Fue Presidente del Ateneo Dominicano y Rector de la Universidad de Santo Domingo, en dos ocasiones. También fue miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y de la Academia Dominicana de Historia, además de miembro honorario del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid y miembro correspondiente de la Real Academia Española. En la postrimería de su vida se desempeñó como profesor de literatura española en la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos.

Virgilio Díaz Ordóñez publicó su primera obra Los nocturnos del olvido en 1925, para luego dar paso a La sombra iluminada, Figuras de barro, El más antiguo y grave problema antillano, Poemario, Archipiélago, Rubaivat de Omar Kahaym, Una novela de El Caribe, Vieja camisa roja, Política exterior dominicana, Jerónimo… y póstumamente Sonetos, Poesías completas, El Siglo de Oro español y Poesías, Novelas y Cuentos.

 

El escritor José Alcántara Almánzar asegura que Díaz Ordóñez es uno de los escritores dominicanos contemporáneos más injustamente olvidados e ignorados, pese a ocupar un sitial señero entre nuestros poetas modernistas y posmodernistas, entre los cuales refulgen figuras como las de Fabio Fiallo, Enrique Henríquez, Federico Bermúdez, Osvaldo Bazil y Ricardo Pérez Alfonseca, entre otros. En Los nocturnos del olvido, se advierten claras huellas del modernismo, sobre todo en la vertiente sensualista rubendariana, pero nuestro poeta no siempre sigue los caminos de Rubén Darío.

Por ejemplo, en el poema «Cuando ya no me quieras», hay más reminiscencia de Amado Nervo, por su recogimiento e intimismo. Junto a las manifestaciones modernistas de su poesía, Díaz Ordóñez nos ofrece temas universales (amor, muerte, sufrimiento) bajo un tratamiento más bien romántico. Esa pasión por lo fúnebre, por la unión de la vida y la muerte, ese lamento constante de su poesía nos remite a las rimas de Bécquer, un poeta que ha influido de manera extraordinaria en toda la poesía española e hispanoamericana contemporánea.

Finalmente, el articulista Rafael Escotto afirma que Virgilio Díaz Ordóñez escribió incesantemente movido por el impulso cinético de su pluma y la claridad deslumbrante de su intelecto, dos fuerzas que siempre estuvieron inflamadas y prestas para desencajar pasiones y hechizar al lector amante de su obra literaria envolviéndolo en una especie de amorío frenético del cual el lector apasionado le era difícil romper porque se aferraba a su lectura con la fuerza entusiasta de la hiedra.

En resumen, Ligio Vizardi es un poeta que se afinca en la introspección como vehículo para aprehender lo circundante. No está interesado en el amor, la vida o la muerte, sino en su propia concepción del amor, la vida y la muerte. Su tendencia a la idealización, al coloquio con animales y objetos inanimados, al pesimismo, la resignación y la soledad es lo que hace que su poesía resulte casi siempre tan grave, aunque aparezcan circunstanciales demostraciones de ironía fino humor.

Su fecunda obra literaria bajo el seudónimo de Ligio Vizardi constituye un legado hermosísimo para cuya herencia hubo de escribir intensamente sobre el papel bronceado de los dioses de la poesía latinoamericana y antillana. Los estantes del país hechos de madera preciosa de la caoba, árbol nacional, relumbran no solo por el color de oro de su pluma ágil y maravillosa, además, por el valor asombroso de su talento escritural y el contenido sustancioso de sus textos.

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un soneto de Virgilio Díaz Ordóñez (Ligio Vizardi):

Presagio

 La marcha funeral de helado viento

cruza, como un dolor, la tarde fría

y un miedo que no es miedo todavía

alumbra como un cirio el pensamiento.

 

Y roída por un cruel pensamiento

el alma tañe su melancolía

y en una sombra densa de agonía,

exprime ¡viejo afán! mi sufrimiento.

 

Alma: triste bandera de derrota,

pobre remo partido, ala rota,

quisiste en tu ilusión más noble y fuerte

 

soñar sobre el harapo de la vida,

lo que soñar debiste entumecida

sobre el seno materno de la muerte…

 

Por Ramón Saba

 

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