RESUMEN
La relevancia de la educación escolar en la sociedad dominicana no es solo importante, sino que es inherente para todos aquellos ciudadanos que buscan salir adelante. Pero muchos creen que los libros son el camino correcto a una educación espiritual, personal y de una actitud apegada a los valores y principios morales forman parte del ser humano.
La realidad de los padres de esta nueva generación, es que han dejado la instrucción de los hijos a las niñeras, televisión y redes sociales. Sabiendo que la calidad de lo que expone fuera de la guía familiar no ofrece una estructura de amor, fraternidad, conciencia, sabiduría y buenos valores ciudadanos. Es que la cotidianidad ha marcado la ambigüedad del clímax familiar, dejando atrás las conversaciones, el monitoreo de las gestiones de cada día, la falta de atención a los hijos para poner los ojos en cosas menos importantes.
Con este razonamiento, no denigramos la educación literaria, ya que esta es realmente importante para el crecimiento mental y social de cada persona. Sino que lo teórico debe ir a lo práctico, que las tareas se hagan en la mesa y las conversaciones sean mas continuas, y la guía nunca falte.
Estos primeros párrafos, son un llamado de atención al alma de cada padre y cada ciudadano que ve como nuestra sociedad se desmorona. Como nuestras escuelas se han pasado de lugares de aprendizaje a rines de boxeo, de risas entre chicas a peleas de pelo por cuestiones quizás insignificantes. El bulín o burlas, las molestias sin sentido y golpes, la discrepancia de ideologías diversas y el no estar de acuerdo con el razonamiento, quizás correcto, forja los disturbios sociales que proyectan el espejo de una descomposición social.
La pregunta es la siguiente: ¿Aun pueden salvarse nuestras escuelas o todo se ha salido de control? Y es que para muchos las esperanza es lo ultimo que se pierde, porque viene acompañado con una pizca de optimismo, que marca la existencia de una resistencia de ciudadanos que no desean que su la sociedad forjada bajo valores vaya al declive total. No creo que todo este perdido, solo falta de voluntad de dar un giro no muy inesperado a una compañía continua entre la teoría y la práctica de la educación hogareña con la escolar.
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Por Josué del Orbe
