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14 de febrero 2026
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2 min de lectura Nacionales

(VIDEO) En medio del ventarrón, familias sienten temor de crecidas y deslizamiento de tierras

Roberto Lara, afectado por las lluvias, cerca del Ozama./Fotos: Daniel Duvergé Javier.-
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RESUMEN

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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Familias residentes en la ribera del río Ozama, en el Gran Santo Domingo, expresaron su temor de que el afluente pudiera crecer y destruir sus casitas, y llamaron a las autoridades a ir en su apoyo para desalojar a los más vulnerables y evitar tragedias humanas.

Una de esos residentes es Fermina Belén, quien dijo que las autoridades censaron en el lugar pero que no han vuelto, dejando desamparados a los lugareños.

En su casita, golpeada gota a gota por las filtraciones que caen del zinc, dice que lleva como tres años viviendo allí, esperando la ayuda oficial que no acaba de llegar. La espera para mejorar su calidad de vida y la de los suyos.

Otro habitante es Roberto Lara, quien dice que está recogiendo sus motetes ante lo que pudiera suceder con el río. Está muy alerta, no vaya a ocurrir algo peor.

Resumen diario de noticias

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«Esto está demasiado difícil, cada día más difícil», dice con impotencia Yilai Miguelina, otra lugareña. Se muestra alarmada y temerosa, atenta a una posible crecida. El desbordamiento es una amenaza permanente: las casitas están metidas en el río, desafiando la furia y los vientos.

Realidad

En un recorrido hecho por Gualey, Guachupita, La Ciénaga y otras barriadas populares, el fotorreportero Daniel Duvergé muestra las casitas desprotegidas y azotadas por la brisa fuerte. Los efectos del ciclón se sienten en las orillas del inmenso Ozama.

Las hojas de zinc se mueven estremecidas por el ventarrón, mientras de los techos bajan goteras que son atrapadas por un jarrito en el piso. De los techos, construidos con madera y zinc, cuelgan trapitos y tiritas, para asegurar un mosquitero o una cubeta colgante. En los alrededores, las lilas se enredan en las casuchas o se deslizan por el soberbio río, llevadas como hojas por el viento huracanado.

Las maltrechas viviendas, esqueletos apenas cubiertos con una capa de zinc, están a merced del feroz huracán. Un hombre mira el progreso sobre su cabeza, donde va sobre ruedas: puentes y elevados, teleférico y metro. El progreso le pasa por encima, literalmente, sin apenas darle tiempo a mirarlo: es una visión fugaz, rapidísima.

«El progreso es fantasmal» dice Octavio Paz.

Se espera que Fiona abandone el territorio nacional en las próximas horas, pero dejará tras de sí un gran chaparrón.

Otro afectado.