RESUMEN
Cada amanecer propicia nuevas esperanzas, que son los puntos de partida hacia metas y objetivos que pretendemos alcanzar, sí como afianzar y apuntalar las que ya desarrollamos y tenemos en marcha.
Cada amanecer trae consigo, hechos y noticias que reflejan los altos niveles de violencia, delincuencia y descomposición social que trastornan la tranquilidad, y el sosiego, haciéndonos temer hasta de nuestras propias sombras.
Doblegando por demás, el pulso a las autoridades, que, a pesar de los intentos, no han encontrado la forma de ponerle el cascabel al gato.
Cada amanecer se evidencia una progresiva deshumanización y falta de solidaridad e iniciativas que caracteriza el comportamiento de una importante franja de la sociedad, a la que sí, y sólo sí, su único interés, consiste en proteger y engrosar bienes y riquezas, mirando de soslayo, la suerte de los demás.
Cada amanecer se alimenta y reproduce de forma acelerada los «vampiros emocionales», que, como las plagas de Egipto, al igual que a Ramsés, consumen a quienes, por su dura cerviz, terquedad, fanatismo y ambiciones desmedidas, se convierten en auto espectadores de sus propias desgracias e infortunios, e impotentes, solo atinan a observar, cómo se desvanecen sus vidas; sus entornos.
Cada amanecer es una nueva oportunidad, para darnos, y entregarse al buen hacer.
Cada amanecer, Dios, nos bendice al permitirnos abrir los ojos, ojos con los que ojalá, cuando con ellos, nos veamos en el espejo, la imagen que reflejamos no incline su mirada al suelo, avergonzada y llorosa, y peor aún, que nosotros sepamos por qué.
Con Dios siempre, a sus pies.
Por Leonardo Cabrera Díaz
