Vale más la Sal que Chivo

Por Francisco Rafael Guzmán jueves 23 de mayo, 2019

La sal marina (de la salinas) o la de mina fue usada como medio de cambio hace mucho tiempo, en Abisinia -país de África, cuya capital es Addis Abeba y que hace mucho tiempo se le llamaba Etiopía-, cuando todavía los metales no se usaban como medio de cambio. Ese producto como sabemos se compone de un enlace entre el sodio y el cloro. Era y sigue siendo muy útil para conservar por mucho tiempo algunos alimentos, especialmente alimentos cárnicos (de origen animal) pero también algunas nutritivas nueces, pese a que el elemento químico sodio que contiene le hace mucho daño al corazón y es un hipertensor, ya que sube la presión arterial. El hecho de servir para preservar alimentos por mucho tiempo fue lo que quizás provocó que se usara como medio de cambio.

Oriundo del Cibao como soy, puedo decir que en por lo menos una parte de esa región se usó un refrán o frase popular, quizás por mucho tiempo (aunque que recuerdo muy bien es que se usaba para el primer lustro de la emblemática década de 1960), que reza como se titula este artículo. Es que la carne de chivo se despreciaba mucho en algunos de los campos del Cibao, se valoraba más la roja y la de aves y cerdos, porque la de chivo la gente la consumía poco y no subía de precio; las vísceras de los chivos la gente no la consumía, era vista como piltrafa.

Pero más bien en el argot popular, cuando se usaba esta frase se estaba haciendo uso de una suerte de antonomasia, porque se estarían usando los precios altos de la sal y los precios bajos de la carne de chivo comparándolo con otra cosa. Se hacía uso de esa frase comparando los precios de ambas cosa con una empresa, una inversión o con el emprendimiento de una meta, comparando los beneficios o resultados de llevarla a cabo y lo que se dejaría de hacer o los riesgos en que se incurriría al realizarla o dejar de hacer al realizarla. Es decir se pensaba en el costo social de oportunidad, al comparar con los precios del chivo y de la sal.

La reelección o la no reelección de un candidato no es como una mercancía que se vende como un producto en el mercado, que tiene un valor de cambio porque en ella se ha invertido trabajo humano en su elaboración, pero que tiene un valor de uso porque fue puede satisfacer necesidades humanas con el consumo. Aunque cualquier candidato puede venderse como un “producto”, así como los empleados de los bancos hablan “nuestros productos” al referirse a los servicios (no objetos materiales) que el banco ofrece. Para las gentes formadas mercadología todo es mercado. Aunque un candidato no debemos verlo como una simple mercancía, como si fuera algo que sale de una fábrica o que se extrae de la naturaleza, como un objeto material para satisfacer una necesidad material vital inmediata, sobre todo al individuo.

La reelección de Danilo Medina, en las actuales condiciones, tiene demasiados obstáculos para ser un proyecto viable, vale más la sal que el chivo. Es decir, para el país todo lo que ella representa es peor que si no ocurre ella, para la camarilla o clan que tiene Danilo su alrededor puede ser peor a un mediano plazo la reelección y para el propio Medina ser peor a mediano plazo, aunque lograra reelegirse y durar doce años continuos como Balaguer. Al presidente Danilo Medina que no gobierna como Evo Morales o como Maduro, pese a que este último no es aliado de Estados Unidos y es repudiado por 50 países de gobiernos conservadores como el de Trump, no se le debe olvidar el año de 1974, aunque vivamos en otros tiempos como dice su rival en su propio partido.

Es cierto que hoy existe una mayor tolerancia hasta el momento, no se han reprimido las Marchas Verdes. Sin embargo, son tantos los desaciertos del gobierno en materia de seguridad ciudadana y de otros temas, quien escribe le hablado de eso a sus alumnos de esos cambios culturales que se han dado en la sociedad dominicana. No todo se le puede atribuir a la globalización de la economía, hay matices en la conducencia del país que generan malestar, lo cual ha sido responsabilidad del gobierno o de los gobiernos.

Esos malestares se manifiestan más en los casi ocho años que lleva Danilo Medina gobernando. Una nueva reelección de Danilo Medina significaría un panorama muy sombrío para la República Dominicana; su gobierno se ha manejado en base a la deuda externa, fundamentalmente. Aunque hoy no se acuda al endeudamiento con los grandes bancos, es deuda que se sigue acumulando. Si en términos generales hemos vivido peor durante el gobierno de Danilo que antes, viviremos peor si gobierna cuatro años más. Habrá más caos, a menos que un estallido social frustre sus aspiraciones de completar otros cuatro años y se corte el período y un nuevo gobierno produzca algunas reformas sociales importantes o el nuevo gobierno que surja de ese estallido sea un gobierno anti neoliberal y rompa con los acuerdos de libre comercio.

De ser así, cosa con la que Danilo no parece sentirse en capacidad de hacer. No parece bajo ninguna circunstancia en cuatro años más rompa con su estilo de gobernar y sea la negación de lo que ha sido. Gran parte del anillo palaciego del presidente debe buscar afanosamente la reelección, no sólo con el interés de preservarse en un cargo, si no de no ser cuestionado por posible dolo en quizás han incurrido. No tengo prueba de así sea, pero puede serlo. Quizás el presidente esté interesado en la reelección por presión de ese grupo.

Podría pensarse que hay una reforma educativa. No hay tal reforma. Con construir escuelas no basta, muchas de ellas con vicios de construcción, porque según parece los ingenieros constructores de obras del Estado se corrompen porque aparentemente el gobierno no honra algunos de sus compromisos. Maestros y médicos de Salud Pública mal pagados, que no será de las pobres enfermeras.

La medicina debe estar privatizada en más de un 90 %, incluyendo los servicios que se dan en algunas plazas públicas. Casi no hay salud pública; médicos mal pagados por Salud Pública, eso sí. El presidente ha dicho que las lomas no serán destruidas en su gobierno y se siguen destruyendo, también las cuencas de los ríos para extraer materiales que usan en la construcción de tantas escuelas y casas. No hay control de la natalidad y ni campañas para tal fin. Un país de clase media. ¿Un país de clase media? ¿Cuál es el país de clase media? Este no lo es.

 

Por Francisco Rafael Guzmán Fernández

Anuncios

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar