Siempre resulta muy útil pasar balance para poder medir en realidad cómo marchan las cosas. Esa práctica es válida en cualquier ámbito de la vida y de la gerencia. Y como es lógico igual lo es para la Administración Pública.
Y en los gobiernos resulta aún más útil, pues cuando el presidente de la República anda bien en la imagen pública muchos malos funcionarios quedan salvados. Una buena impresión del mandatario oculta, por lo regular, la mirada hacia funcionarios e instituciones en particular. En ocasiones, ni siquiera el propio sector oficial entusiasmado con la buena valoración que se haga en la opinión pública se detiene en las malas actuaciones de sus subalternos.
En este caso la situación resulta mucho más particular, pues el actual mandatario, Danilo Medina Sánchez, está muy bien en el aprecio público. Sin embargo, valdría la pena detenerse a ver cómo en realidad anda cada entidad del Estado y cómo se están comportando sus funcionarios. Ello no necesariamente implicaría un cambio de esos ministros y directores. Bastaría con que ellos sepan que están siendo evaluados en sus resultados como para que las cosas mejoren. Sería como hacerles saber que sus cargos no dependen de las fidelidades políticas o partidarias, si no que será su buen desempeño la única garantía de permanecer en una posición de importancia en el Gobierno.
Incluso, eso ayudaría a aliviar la arrogancia con que se comportan algunos funcionarios cuando llegan a ocupar una posición de importancia en el tren gubernamental, y, sobre todo, cuando no sienten que son evaluados para determinar la calidad de su trabajo. Es un ensayo que deberíamos hacer hasta como mecanismo de control. El año 2015 será clave para este período.




