ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
1 de enero 2026
logo
OpiniónFrancisco Rafael GuzmánFrancisco Rafael Guzmán

Una vida ida a destiempo: Enmanuel González y el amor al trabajo

COMPARTIR:

No me resulta tan cómodo hablar de personas que unan a ellos algún vínculo y mucho menos hablar o escribir sobre mí mismo. Digo esto, porque aunque no tenía un parentesco consanguíneo con Enmanuel, pero si un tengo un vínculo familiar. El jueves 27 de junio perdió la vida Diego Enmanuel González Alberto, un joven que apenas había cumplido unas 28 primaveras, precisamente en una trágica circunstancia, para que el dolor sea mucho mayor para todos los familiares, amigos y todos y/o todas los que de algún modo les conocieron. Voy a decir algo sobre mi pero creo no es por resaltar ningún ego personal.

Cuando quien escribe terminaba el plan de estudio de la licenciatura en sociología, todavía no habíamos pasado la era actual de la modernidad líquida si seguimos a Zygmunt Bauman, es decir, a principios de la década de 1980, mi interés era por el área específica de la sociología del trabajo, porque se hablaba mucho de los derechos de los trabajadores y de la libertad sindical. Ese mundo de la década de los 80 cambió tanto con la llegada del neoliberalismo y pasó de la modernidad sólida a la modernidad líquida, trayendo con ello mucho malestar social, desde entonces cada vez menos se valora el trabajo manual o dicho de otro modo se valora menos el trabajo del trabajador de cuello azul. Eso nos llevó a dejar de pensar tanto en la sociología del trabajo; a las causas del desinterés por esa área hay que agregar la inexistencia hoy en día del sindicalismo que reclame los derechos de los trabajadores que son los creadores de las riquezas.

Aunque no se puede dejar de reconocer que el trabajo muscular que realizan algunos trabajadores con maquinarias que muy pocos las manejan no es tan mal valorado, pero también riesgoso, como era el caso del trabajo que realizaba Diego Enmanuel y en el que perdió su vida. Eso ocurrió porque Enmanuel amaba el trabajo, como casi no existen jóvenes, sobre todo hoy en día en que los jóvenes masculinos valoran tanto el tiempo para el ocio o la recreación empujados a ello por la publicidad que da pábulo al consumismo valiéndose de los recursos que le permite la revolución tecnológica. Pero podemos hacer un salterio diciendo lo que fue y lo que no fue la vida de ese joven.

En primer lugar, ya hemos dicho que amaba el trabajo manual, el trabajo cuya destreza no se adquiere en las aulas de las escuelas y se basa en los saberes populares y no se cultiva con el aprendizaje de los saberes intelectuales. Amaba el trabajo rústico y lo amaba con tesón, fue por eso que perdió la vida manejando una pala mecánica; un joven así, en la época actual de la modernidad líquida para encontrarlo hay que buscarlo como a la aguja en un pajar, porque casi no aparecen jóvenes así, lo que si se suelen proliferar con relativa frecuencia son los ninis y las ninis, al igual que también abundan los que se dedican a las acciones delictivas y criminales propias del crimen organizado y entre los más jóvenes proliferan los que se dedican a constituir las pandillas o bandas. La honradez, honestidad y amor al trabajo de Enmanuel contribuirían a mantenerse alejado de cualquier mal hábito o adicción consumo de sustancias que dañaran su salud espiritual. Por otra parte, Enmanuel no era un joven consumista, más bien llevaba una vida muy sencilla, aunque como todo joven solía divertirse o recrearse con sus amistades y tenía el don de ser buen humorista para poner en exultación a familiares y amigos.

Resulta curioso –ver que con tanta espontaneidad hacia chistes que ponía a reír a sus tías y primas, cuando tenían encuentros en la casa de sus difuntos abuelos en Tenares. De haber vivido mucho más tiempo del que llegó a vivir es casi seguro de que hubiese cultivado un gran liderazgo. Ese amor al trabajo, junto a su honradez y honestidad le llevaron a tener mucho reconocimiento en Tenares. Cuando Enmanuel tenía como unos 10 años pude darme cuenta del gran amor que sentía por su madre, cuando al visitar La Capital se puso llorar porque se sentía ausente de su madre. Esa vocación por el trabajo, junto a la honestidad y a la honradez, son los valores que más hay que destacar cuando están presentes como valores positivos en la vida de cualquier ser humano. Si esta presente el valor del amor al trabajo, lo que no es lo mismo que el amor a un cargo para tener dinero o para ostentar poder, se puede decir la honradez están presentes también.

Conversaba yo hace más de una década, tal vez hace dos décadas completas, con el Dr. Luis Gómez Pérez sobre La Matanza de Haitianos de 1937, en la que pregunte si ellos, como parte de los habitantes de la Línea Noroeste, no sentían temor de los haitianos. Debo aclarar él estaba de muy corta edad se recuerda bien. Me decía que no sentían temor, porque su madre decía que del que trabaja no hay que temer. Excelente aforismo o apotegma. Tuve la oportunidad de conocer al sacerdote católico Vinicio Disla, quien falleció hace como tres años, quien fuera bastante culto dentro de la curia católica (procedía de una familia rural de Salcedo de una pequeña burguesía muy acomodada y en su residencia tenían un piano de cola), el cual llegó a decir en presencia mía que el pueblo alemán amaba el trabajo. Ese valor humano que estuvo presente en Enmanuel en su breve vida debería ser emulado por otros jóvenes, para un mejor destino del planeta, de la vida en este y de la humanidad. Mientras escribo esto, otros estarán pensando que todo se resolverá con la inteligencia y la robótica, esto es, que casi todo trabajo humano será sustituido y no hará falta el esfuerzo muscular. Creo que es una si fuera realizable en otra sociedad, no en la sociedad capitalista basada en la explotación y la desigualdad social, atentaría contra la vida humana misma porque perjudicaría la biología humana. El esfuerzo muscular parece ser una necesidad biológica, hasta un límite.

Por: Francisco Rafael Guzmán

Comenta