RESUMEN
En búsqueda de la salud integral
Se requiere de una preparación para vivir la Semana Santa. Es un tema que una y otra vez tratamos, pero es tan fascinante que no cansa. Hemos de ubicar en el sentido de la semana más importante de nuestra vida, del año y de nuestra existencia. Para un creyente que quiere vivir su fe católica, ya sea una persona cristiana o en general, estos siete días son un patrimonio de la humanidad.
Pedimos primero prevención a todos aquellos, a los que se trasladan, a los que tienen que coger carretera, a los que en estas fechas decidieron irse, entre comillas, a descansar. Hay tantas otras fechas en el año que se puede hace eso. Mas, cada quien tiene la potestad de hacer lo que considere, pero siempre es muy riesgoso el toparse por esos caminos y lugares con personas que asumen una conducta temeraria, especialmente para los demás.
No sé en otros países, pero en República Dominicana la gente cree que si no fiestea en estos días, si no se bebe alcohol, si no se come, no se baila, si no hay vivir desmesuradamente, desbocadamente en Navidad y en Semana Santa, como si estas fueran celebraciones paganas, mundana, de baqueteo y bacanales, como dice el Evangelio: bebamos y comamos que mañana moriremos, se piensa que el mundo se les va a acabar, que se van a morir mañana, no creer en la resurrección y en el juicio final en que habrá que rendir cuentas por lo mal hecho, y que tienen que gozárselo todo. Tengo que divertirme los fines de semanas y días festivos porque trabajo mucho. Anticultura total.
En Semana Santa pedimos hay que pedir por quienes piensan y actúan así, por su seguridad, integridad física y la de todos, por la protección de los hogares y la salud del alma de cada uno en particular. La Semana Santa nos prepara y ubica a a toda la Iglesia para vivir la Pascua. Ella es nuestro acompañamiento en la subida de Cristo a Jerusalén, y con El, participar y comulgar con ansias del Misterio de la Pasion, muerte y Resurreccion de Jesucristo por cada uno y por todos.
Podemos resumir que la Semana Santa es un vayamos juntos a Jerusalén. Su finalidad es imprimirle a nuestra vida, a todas las semanas de nuestro breve paso por esta existencia del sentido de Dios. De ahí, que vemos lo importante que es la vida litúrgica la Iglesia que nos acompaña e ilumina cada situación que tenemos que afrontar a lo largo de los años. quiere reflejar esto así que qué les parece si iniciamos viendo el recorrido histórico.
Veamos cómo surgió la Gran Semana o la Semana Mayor. El Domingo de Ramos es el inicio de la conclusión de la Cuaresma a cerrase la mañana del Jueves Santo. Se inicia ese día el desarrollo de las celebraciones propias que conocemos en el día de hoy. Pero no siempre fue así. Un largo proceso de siglos, en especial, desde mediados del siglo XX, ha gestado una gran renovación que está viviendo nuestra Iglesia en materia litúrgica, del culto comunitario de los creyentes, con un tono positivo, de un siempre seguir adelante, de no desanimarse hasta el punto de quedar sumidos en depresiones. Incluso, aunque veamos signos negativos: en algunos lugares pocas confesiones, poca diligencia en cuanto a motivar a la gente para insertarse en la fe porque parte de los responsables jerárquicos del pasado reciente, situaciones sociales y laborales que no desesperanzan, digamos un rotundo no a ello. Hay que levantar el corazón y dar gracias al Señor porque es justo por tanto que nos ha dado y es necesario para nuestra salud de cuerpo, alma y espíritu.
Con mucha calma y paciencia hay que enseñar que si no hay confesión sacramental, no puede haber comunión el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y si no hay Comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no habrá resurrección para vida eterna. Y sabemos entonces lo que viene si no hay vida eterna. Es por tanto que la historia de los días más significativos de la Semana Santa, a partir del siglo IV DC comienzan en su desarrollo, como nos indica el liturgista Bergamini, de una rica liturgia, como siempre centrada en el Misterio Pascual.
La Pascua del señor Comenzado a celebrarse desde los mismos orígenes de la Iglesia posee una práctica muy antigua en Jerusalén, que luego adopta nuestra Iglesia en el Occidente, de reproducir la entrada con ramos en la ciudad santa. Fue un trabajo de la Iglesia, durante varios siglos, el quitar toda dramatización, visos de espectáculo o representación teatral, todo lo emotivo, sentimentalista o manipulable de sentimientos a esta práctica ritual, y a todas las que conforma la Liturgia Cristiana.
Nunca ha estado la Iglesia de acuerdo, incluso se ve como traición al mismo Evangelio, lo exagerado, lo ficticio o sobreactuado. Ni en la proclamación de la Sagrada Escritura, en la predica y mucho menos en la celebración de los ritos sagrados. Deben estos ser celebrados y vividos con total naturalidad, con los recursos apropiados y moderados, y con una espiritualidad con la que todos podamos vivir la verdad cristiana en el cada día de nuestro caminar.
Tanto se batalló para que las personas, agentes y ministros entendieran en el pasado que la oración litúrgica de la Iglesia no es un espectáculo, no es un show, no es momento de llantos ni experiencia extasiaticas para que no se pierda el sentido del Misterio Divino, el sentido de lo sacramental en la vida de la misma Iglesia. Volvemos a recalcar entonces, que en la fe no cuadra el crear un clima emotivo que lleve al llanto o a la emotividad. Nada de escapismo o autosugestiones porque esto es insalubre a la mente y al desenvolvimiento responsable cotidiano.
El Domingo de Ramos se iniciaba en Jerusalén, por el año 400 DC, a la hora séptima, es decir a la 1:00 de la tarde. El pueblo convocado subía al monte de los olivos, se cantaban las antífonas antes de la Hora Nona o las 3:00 pm. Su nombre actual es Domingo de la Pasión del Señor, pero los dominicanos ya estamos acostumbrados a llamarle Domingo de Ramos. En aquellos tiempos el pueblo era congregado, presidía el Obispo quien invitaba a todos a sentarse, solamente permanecían de pie el Obispo como los Diáconos. Primero se le entregaban a los niños las palmas de manera que fuesen los primeros que iniciasen la procesión e iban cantando el Bendito el que viene en el nombre del Señor. De inmediato le seguía el Obispo y detrás de él todo el pueblo, y desde el Monte de los Olivos, lugar de la convocatoria, se emprendía la marcha a pie de todo luego el pueblo.
A seguidas avanza adelante el Obispo, el pueblo cantando himnos y cuando iban muy avanzados en el camino, los niños eran cargados por sus padres, por prevención y por cansancio de los pequeños, señal de unidad de todos en familia que llevaba sus ramos acompañando al Obispo tal como el pueblo acompañó al señor aquel día de su entrada triunfal, su entrada gozosa a Jerusalén, la ciudad de Dios, hasta llegar al templo para la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
Esta procesión fue de una resonancia importantísima, tan significativa para todo el Pueblo de Dios, que desde el Oriente Medio, desde Jerusalén, pasó a España y hasta las Galias o Francia, y más tarde a Roma donde se le complementó una vez terminada la procesión de ramos con la proclamación del texto evangélico de la Pasión del señor entre los siglos VII al XI en lo que se consideraba como el sexto domingo de Cuaresma.
Ya el Lunes Santo o día de la unción de Betania, cerca de Jerusalén, en la casa de los amigos de Jesús, los Santos Hermanos, Lázaro, al que Jesús resucito, Marta dedicada al servicio de la Mesa y María quien siempre oraba a sus pies, el Martes y Miércoles Santos se realizan en el contexto de la Cena del Señor, destacando la traición de Judas Iscariote y la negación triple de San Pedro, y más allá de ello, la Comunión con el Señor.
Hemos de resaltar que somos privilegiados por vivir en este tiempo en que celebramos la Semana Santa y su corazón que es el Triduo Pascual, porque fue en el siglo XX con la reforma litúrgica del Papa Pío XII, el Venerable, que comenzó a conformarlo, en base a diversos ritos de los primeros siglos de la Iglesia, la celebración del Jueves Santo, el Viernes Santo y la Vigilia Pascual en base a la celebración más antigua de todas, que es la Pascua, el domingo de la resurrección.
La vigilia Pascual es la madre de todas las liturgias, los ritos, las oraciovida eclesial. Todo en la fe católica brota de ella. Y gracias a ella, tenemos la pascual semanal que es el Domingo, el Dia del Señor, y la pascua diaria, que es la misa que se celebra. Una de las metas que tiene la renovación conciliar que vive la Iglesia es que todos puedan acceder a recibir el pan nuestro de cada, que los fieles tengan la facilidad de acceso al pan nuestro de cada día o la Eucaristía. Es una deuda que todos los sacerdotes tenemos con la humanidad y por la cual se nos pedirá cuentas al pasar factura a nuestro servicio por parte de Dios mismo.
La primera costumbre del Jueves Santo era la reconciliación de los penitentes, aquellos que habían hecho penitencia durante 2 años a 4 años. Penitencias importantes, dependiendo de la gradación del pecado y recibían la absolución aquel día para poder participar de la Cena del Señor. Por ello, concluye allí definitivamente la Santa Cuaresma.
El Jueves Santo era el día de la liberación de los penitentes. Mas, la reforma litúrgica del Papa San Pablo VI del 1969 traslada la bendición de los Santos Óleos, el Óleo de los Catecúmenos para bautismo, es decir, el exorcismo en el bautismo, el Óleo de los Enfermos para consuelo, fortaleza y asociación a la Pasión del Señor, y el Santo Crisma para la misión como sacerdotes, profetas y reyes en Cristo, que se hacía fuera de la Misa durante la Cuaresma, es llevada a la Misa Crismal del Jueves Santo por la mañana.
En la Santa Misa Crismal se enfoca el sentido sacerdotal de todo el pueblo de Dios que tiene a su servicio el Orden Sacerdotal de los Obispos y Presbíteros que tienen que impartir la gracia de Dios, siendo nosotros tan limitados, condicionados y lentos. En este día y hora renovamos las promesas de nuestro sacerdocio ministerial.
La Víspera de la Cena del Señor tiene sus orígenes específicamente en la controversia eucarística de los siglos XIII y XIV, gran crisis que solucionoo la doctrina de la Transustanciación de Santo Tomás de Aquino, vinculante para todo católico, de la presencia real de Cristo Eucaristia, incluso después de la Santa Misa, en la reserva, por lo que se hizo la connotación de la visibilidad de la Hostia con la exposición del Santísimo Sacramento, así como la importancia del Sagrario donde se resguarda en vistas a los enfermos segundo y para aquellos que no pueden comulgar. Ella se realiza aquello que desde el siglo V hay constancia de la costumbre en Jerusalén del Lavatorio de los Pies durante la Santa Cena del Evangelio de San Juan capítulo 13. Incluso, se tuvo por mucho tiempo la percepción de que era un rito propio del sacramento.
Para acompañar al Señor en Getsemaní, la reforma litúrgica ha colocado la reserva eucarística en un momento preparado en este día, para luego ser consumida por los fieles y dar inicio al ayuno del Viernes Santo hasta la Vigilia Pascual. La no celebración en la Santa Misa en el día de la muerte, en la Hora Nona de nuestro Señor Jesucristo del Viernes Santo, es una costumbre que se extendió por toda la iglesia universal, de Oriente a Occidente en el siglo VIII.
El Viernes Santo es lo que se llama un día alitúrgico, por estar la Iglesia privada de la Liturgia Eucarística, limitada a la proclamación de la Palabra y centralizada en la Pasión del Señor según San Juan, con la correspondencia en los dos aspectos del Viernes Santo con la Vigilia Pascual.
Costumbre nacida en Oriente es la Adoratio Crucis 3 veces entonando el ministro con la Cruz alzada, proclamando: miren la Cruz de la Salvación, dónde está clavada la salvación del mundo.
En la Vigilia Pascual antes de la proclamación de la Historia de la Salvación, se canta 3 veces con el Cirio Pascual encendido: Lumen Christi… demos gracias a Dios. A San Francisco de Asís debemos el Santo Vía Crucis, asi como la creación del nacimiento viviente. Recordamos al Papa Francisco que escogió este nombre siento jesuita, para reafirmar nuestra fe en la humanidad inmaculada del Hijo de Dios que nació en Belen y murió en la Cruz para Salvarnos.
Centro nuclear la fuerza de todo el Año Litúrgico es la Vigilia Pascual. Inicia la misma con la Bendición del Cirio Pascual, costumbre fijada ya en muchos lugares. No fue hasta el siglo XI que en Roma se agregó a la Liturgia Papal. Cristo mismo es esa Luz Encendida por 50 días de la Pascua de Resurrección. Si estaba la Bendición del Fuego Sagrado en la Iglesia Romana.
Costumbre esta que proviene de una luz limpia que se dejaba encendida los Jueves Santos, alrededor del siglo XII. Dicho Fuego Santo se preservaba hasta el Domingo de Resurrección.
Existen los testimonios datados del siglo IX al X en que se realizaba una procesión con el Cirio Pascual para dar paso con antorchas encendidas al canto del Gloria a Dios en el cielo. Existía una incipiente Vigilia de Pascua que iniciaba a las 2:00 pm, cosa de estar en la casa por asuntos de oscuridad y seguidad alrededor de las 6:00 pm.
Gran novedad de la reforma litúrgica del Papa Pio XII del año 1955 y 1957 donde se conforma el Triduo Pascual actual, reforma acuñada por San Pablo VI, fue la inclusión del Pregón Pascual, las 7 lecturas de la Antigua Alianza con sus salmos respectivos, la Epístola Paulina a los Romanos y el Santo Evangelio precedido por el Santo Aleluya, y así integrar, de una manera orgánica con esta esta extensa Liturgia de la Palabra, la celebración de los Sacramentos de Iniciación Cristiana del bautismo, la confirmación y la Eucaristía para los catecúmenos o no bautizados. en los cuales se utilizan los óleos consagrados el Jueves Santo en la mañana en la Misa Crismal.
A partir del Domingo de Resurrección de Jesucristo, durante los siguientes días, celebramos una octava hasta el Domingo de la Divina Misericordia, para dar gracias por la esperanza de la resurrección con nuestros difuntos para participar de la suerte de los santos del cielo y trabajar por ello aquí en la tierra.
¡Atreve a celebrar la Semana Santa en la Iglesia y con los tuyos! No te arrepentirás.
Doctor y Postdoctorado en Teología Católica.
Por Padre Manuel Antonio García Salcedo
Arquidiócesis de Santo Domingo.
