RESUMEN
En búsqueda de la salud integral
Estamos en busca de la formación humana integral, porque sin ella la formación cristiana y/o religiosa no tiene de donde apoyarse. Tal es así, que Dios envió a su Único Hijo para salvarnos, y se encarnó por obra y gracia del Espíritu Santo de la Virgen María.
La formación humana y por ende, la formación cristiana, ha de ser promoción de nuestra vocación en la vida, una experiencia pastoral misionera para fomentar a los matrimonios, para las familias, para los padres y sus hijos, para la relación entre los hermanos de sangre, para la relación en los diversos niveles de familia en esta sociedad, pidiendo el milagro de llevarse bien con los vecinos, con aquellas personas que pertenecen a la misma comunidad parroquial, religiosa, laboral y con todos los que tenemos que interactuar.
Invocar al Espíritu Santo por esta, nuestra intención, de vivir con el máximo provecho la Octava Anual de Oración por la Unidad de todos los Cristianos del 18 de enero al 25 de enero que concluye cada año con la celebración de la Fiesta de la conversión de San Pablo Apóstol, nos conduce a una cita bíblica que es un clásico para este tema de la unidad de los cristianos. Es la parábola del Evangelio de San Mateo, solamente en él se encuentra, en la sesión propia de las parábolas, capítulo 13. 24-48: El trigo y la cizaña, lección tan importante para todos nosotros.
En momentos de conflictos con los demás nos desesperamos y queremos tomar las riendas por nuestras manos, en especial cuando vemos que no se hacen las cosas para solucionar problemáticas de todo tipo en el caso de una comunidad cristiana. Es en dicha situación que nos da fortaleza la parábola de la Cizaña y el Trigo. No se debe cortar la cizaña, arrancarla de raíz, porque también se elimina el trigo. No se le puede prender fuego a la cizaña, porque nos quedamos sin el trigo que se convertirá en Eucaristía, en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Hay que esperar al tiempo de Dios, y al mismo tiempo tomar para nosotros esa advertencia: ¿soy yo cizaña?, ¿actúo de manera que asfixio al trigo que va subiendo?
El trigo es para todos. El trigo está destinado para alimentarnos físicamente, y al transformarse en Cuerpo y Sangre de Cristo se hace necesario para la salvación de todos nosotros.
Una corriente de gracia circula. Se le está llamando cada vez menos al movimiento de la unidad de los cristianos Movimiento Ecuménico. Esto es algo importante de resaltar. Se habla tan poco en la actualidad de Ecumenismo. Se habla poco de Movimiento Ecuménico porque en las iglesias de países continentales, antigua Iglesia de catolicidad de siglos ya la oración por la unidad de los cristianos está integrada a la vida de esas Iglesias. La situación que hemos de resaltar para que sea un medidor, un análisis, un llamado a la atención, es que la realidad, estadísticamente hablando, de los grandes países en territorio y en población, cada vez más la población católica va decreciendo y aceleradamente. Las cifras actuales, siendo cifras optimistas, datan de un 25 a un 30% de población católica, cuando antes, en estos países latinoamericanos, el 100% de la población era bautizada.
La situación en la República Dominicana es para encender la alerta, la sirena de emergencia, hay que despertar de ese sueño, dejar de estar dormidos en los laureles, porque también aceleradamente va decreciendo el número de católicos. Lo mismo está pasando con otras iglesias no católicas con relación a sus miembros. Su militancia también está decreciendo. Es una situación de descristianización.
Los únicos grupos cristianos de crecimiento numérico, de manera tan notoria son los evangélicos pentecostales independientes. No podemos generalizar porque hay tantas personas tan centradas, tan comedidas, tan trabajadoras, tan sociables que son evangélicos pentecostales, pero la situación es que mientras más fanatizada, más estrambótica, más irracional y muy manipulada es la situación a la que han sido sometidos algunos militantes de estas agrupaciones de personas que se ha dejado hacer lavado de cerebro en estos ministerios que se caracterizan por estar en los lugares más pobres, menos académicos y con personas no estables mentalmente hablando, a las que no se les promueve socialmente y que tienden a lidiar estas agrupaciones en las filas de la política aspirando a cargos de responsabilidad para la dirección nacional.
Es paradójico que ámbitos religiosos se utilicen para aspirar a cargos dirigenciales en los que no se les exige una carrera académica, un cultivo constante de lo cultural e intelectual, ni se les exige experiencia de administración, de gerencia, de promoción personal, pero han encontrado allí cabida, una especie de plataforma que de otra manera nunca la hubiesen alcanzado, menos de cuna, para estas metas.
En países, ya sea de Sudamérica, es decir naciones continentales, la misma Europa, Estados Unidos, Australia, está decreciendo, el número de, no solamente católicos, sino también de otras iglesias, notoriamente en domingo. Por llenarse un templo una vez a la semana no significa que el resto de la gran población de millones y millones de habitantes estén participando y practicando la fe en esto Señor Jesucristo.
Han tenido en estos lugares mencionados que unirse aún más en esta semana de oración por la unidad de los cristianos, también para similares celebraciones en el mes de mayo, tiempo de la Pascua y Pentecostés, en las que se unen los obispos juntos con los pastores de diversas iglesias cristianas en eventos de oración y de concientización de que tenemos que volver a la fe.
En la República Dominicana hay otra realidad con el tema de la oración por la unidad de las iglesias cristianas. Es un tema casi desconocido, que no se le ve lamentablemente utilidad práctica y hasta se le mira con cierto resquemor, y de displicencia. Y sin embargo, con algunas razones que se han de justificar. Bien recordamos que en el año 2017, asistiendo a un conversatorio que se organizó en la plaza de la cultura a nivel universitario con muchos especialistas a exponer con motivo de los 500 años de la separación que provocó Martín Lutero del centro y el norte europeo que aquello decantó como protestantismo. En este encuentro profesores analizaron toda esta cuestión objetivamente, no solamente católicos sino de otras iglesias, intelectuales muy objetivos en los datos que presentaban. Pero al llegar el momento para preguntas y hacer comentarios se inició un ataque proselitista a la Iglesia Católica y de manera muy negativa, denigrante y aplastante. La conductora del evento de manera contundente y severa punto un paro al tono anti-ecuménico que allí se asumió en la parte de la participación de los asistentes. Podemos entender, por esta y otras razones, el porque se tiene relegado el diálogo a favor de la unidad entre las diversas Iglesias separadas, pero esto no nos exonera del desuso del ecumenismo y la abstracción de la pertenencia al movimiento ecuménico.
La palabra ecumenismo proviene de la palabra griega oukúmene que proviene del mundo romano de la época del imperio en su mayor extensión, no necesariamente de su mayor esplendor porque siempre toda institución está con la tendencia a crisis, especialmente cuando abarca mucha extensión y parafernalia administrativa, porque hay que tratar de mantener una uniformidad y modelo.
El término Oukúmene podríamos traducirlo por y común a todos, para todo el mundo civilizado por el orden establecido y reconocido Esta palabra pasaría a ser utilizada ya para los siglos XVII al XIX con la vuelta a los estudios de las fuentes cristianas, viéndose la necesidad de volver a una época en la cual la fe cristiana era la amalgama, el empaste, la cohesión por muchos siglos de toda una sociedad con la preocupación de que no se diseminara.
El Movimiento Ecuménico ya va tomando forma, fisionomía específicamente a finales del siglo XIX, y por supuesto el siglo XX, el siglo de las grandes guerras mundiales, de las grandes catástrofes mundiales, sin fue el siglo de un florecimiento de la corriente de gracia o movimientos cristianos tales como el movimiento bíblico, el movimiento litúrgico, el movimiento comunitario, el social, el catequético, el carismático, como corrientes que van fluctuando, metiéndose como brisa impetuosa, fresca y al mismo tiempo bastante silente, en todas las iglesias cristianas para cultivar la renovación y reformas de todas las instancias de la vida cristiana. Por supuesto, aquí fue fundamental la interdisciplinariedad científica que aportó el movimiento ecuménico.
La conciencia cada vez más clara que se tomaba en todas las iglesias históricas de que la separación agria entre ellas provocó guerras, conflictos sangrientos de naciones cristianas entre sí, matándose unos con otros, enarbolando la bandera de la religión, cuando en realidad lo que se estaba buscando era implantar era nacionalismos, totalitarismos, absolutismos y un rechazo frontal de las mismas fuentes de la fe de la unidad y la caridad pacífica.
La Iglesia Católica, por su ancianidad, por sus andanzas y por sus posturas históricas que tuvo que corregir, con mayor madurez y con una mayor extensión que todas las demás iglesias, en un veía desde la distancia, analizaba, examinaba al ecumenismo desde su postura de Iglesia de los orígenes, Iglesia de la sucesión apostólica, la Iglesia Madre y Maestra. La iniciativa ecuménica fue de las iglesias históricas no afiliadas, no vinculadas a la Santa Sede.
El papa San Juan XXIII, sucesor de San Pedro y San Pablo, ante la situación mundial de la postguerra reconoce que una grieta, una brecha, una herida casi mortal requiere de este llamado ecuménico para la resurrección de este mundo sufriente.
Los antecedentes de principios del siglo XX de un ecumenismo de más estructura, con mayores reuniones numéricas y asistencia de todas las iglesias de las ramas protestantes y de nuestros hermanos orientales, llamado en aquella época con poco cariño ortodoxos, dieron los pasos necesarios para conformarse el Consejo Mundial de las Iglesias. Su sede está en Suiza, en Ginebra. Todo un espectáculo en el buen sentido de la palabra al ver allí a todos estos patriarcas y obispos orientales, a todos estos pastores y obispos luteranos, metodistas, bautistas, congregacionalistas, anglicanos, episcopales, presbiterianos, calvinistas, evangélicos de larga y profunda tradición, pentecostales, y todos y tantas otras ramas más en que se ha desgajado, dividido, fraccionado la fe cristiana con el paso del tiempo.
La Iglesia Católica no es miembro, es observadora del CMI. Sin embargo, en el año 1958, el ya referido Papa San Juan XXII. El Papa bueno, para estas fechas, precisamente del 18 de enero al 25 de enero, Fiesta de la conversión de San Pablo Apóstol, instituye esta semana para la Iglesia Católica, y todos los años junto a comisiones del Consejo Mundial de las Iglesias, preparan un programa desde entonces para cada día de esta octava una reflexión. Una reunión de las diversas iglesias con sus cabezas con sus pastores y con asistencia del pueblo de Dios en los lugares que se organizan para orar en común por la unidad de los cristianos separados o enemistados.
Aquello es algo maravilloso para los que hemos tenido la oportunidad de participar de estas actividades. Una brisa de esperanza, un deseo de un Nuevo Pentecostés. El 25 de enero del año 1959, el Papá San Juan XXIII, en la basílica de San Pablo Extramuros para sorpresa de la mayoría de sus cardenales allí reunidos, anuncia el Concilio ecuménico Vaticano segundo con dos finalidades específicas: para la Iglesia Católica ponerse al día, y que la Iglesia Católica y se integre a ese clamar a Dios por el milagro de que un día todas las iglesias cristianas, que actualmente estamos separadas unos de otras y con serios casos de enfrentamientos muy serios, volvamos a la unidad sacramental y disciplinar.
Este es un tema que queremos continuar desarrollando por su importante y beneficios, no sin grandes barreras que derribar con sufrimiento e incomprensiones. Busquemos la unidad de todos los cristianos.
El autor es Doctor en Teología Católica.
Por: Padre Manuel Antonio García Salcedo.
Arquidiócesis de Santo Domingo.
