RESUMEN
PREÁMBULO
Durante casi 20 años fui catedrático en la Universidad Interamericana (UNICA). En este centro académico, situado en el sector de Gazcue de la ciudad de Santo Domingo, enseñé Organización y Métodos, Administración de Empresas I y II, Historia de la Cultura Dominicana y Literatura Dominicana. El programa de Administración de Empresas II contemplaba un tema clave para el futuro administrador: los estilos de gerencia.
Y precisamente en ese tema concentraré mi atención en lo que sigue de este artículo, cuya naturaleza técnica se aleja un tanto de los artículos literarios que he venido publicando en la prensa dominicana desde hace más de 30 años. Es una de las ventajas de haber realizado estudios en diversos campos del saber: Humanidades y Ciencias Sociales, en mi caso.

El objetivo específico es detenerme en el análisis del estilo de gerencia autocrático, describiendo el mismo y resaltando sus características negativas para cualquier institución, pública o privada, a diferencia de lo que ocurre con los demás estilos: el democrático o el participativo, por ejemplo.
EL ESTILO DE GERENCIA AUTOCRÁTIVO
Este estilo o liderazgo de gerencia se caracteriza por la centralización del poder y la toma unilateral de decisiones por parte del gerente o administrador o director. En este modelo, la autoridad se ejerce de forma vertical, con escasa o nula participación del equipo de trabajo en los procesos deliberativos, violándose con frecuencia la base legal orgánica, los estatutos sociales y los manuales administrativos. La comunicación fluye en una sola dirección —de arriba hacia abajo— y las órdenes se cumplen sin que medie discusión o retroalimentación alguna. Se prioriza el control y la obediencia por encima de la creatividad, la autonomía o el trabajo colaborativo. Es como si fuera un régimen dictatorial.
Si bien en contextos muy específicos —como situaciones de crisis o emergencias— este estilo puede resultar eficaz por su rapidez en la toma de decisiones urgentes, su aplicación sistemática y prolongada suele generar un clima organizacional tenso, poco motivador e incluso hostil. Y es que la falta de participación erosiona el sentido de pertenencia del personal, inhibe el desarrollo del talento humano y reduce la capacidad innovadora de las organizaciones. Es un estilo personalista que tiende a crear las condiciones para que se den situaciones de favoritismo y de injusticia.
Por mi experiencia como experto en Organizacional y Métodos puedo dar testimonio de que lo descrito en el párrafo anterior es así: por varios años fui Gerente de la Oficina de Organización y Métodos de la Dirección General de Aduanas y luego fui Encargado del Departamento de Desarrollo Organizacional de la Secretaría de Estado de Cultura. Además, por esa época era instructor de O&M en el Instituto de Capacitación Tributaria de la Secretaría de Estado de Hacienda, donde entrenaba, en esa disciplina, a técnicos del sector finanzas.
Podría citar a varios de los administrativistas clásicos que les recomendaba a mis estudiantes como fuentes de consulta, pero quizá se haría muy pesada la lectura para los lectores acostumbrados a leer al bibliógrafo, al investigador literario. Porque el tema de los estilos de gerencia aparece en todos los textos de introducción a los estudios de Administración de Empresas. Autores como Stephen P. Robbins, George R. Terry, Harold Koontz y Agustín Reyes Ponce, por ejemplo, son de consulta obligatoria en las universidades del todo el continente americano.
Robbins considera, en su obra Comportamiento organizacional, que “el estilo autocrático es aquel en el que el líder asume el control total de las decisiones y espera obediencia sin cuestionamientos, limitando la participación de los subordinados a la ejecución mecánica de las órdenes”. Y Terry, uno de mis autores preferidos, en su Principios de Administración plantea que el liderazgo autocrático «despoja al grupo de la oportunidad de crecer a través de la responsabilidad compartida», y lo describe como un estilo basado en la imposición, la vigilancia constante (como una especie de delirio de persecución, agrego yo) y la autoridad incuestionable.
Definitivamente, el estilo de gerencia autocrático (que es el más próximo al estilo dictatorial o trujillista) resulta ser una amenaza para la institucionalidad en cualquier tipo de empresa o institución, ya sea esta con fines de lucro o no. Siempre resultarán ser factores negativos, bloqueadores del buen desempeño institucional: la centralización extrema del poder, la falta de diálogo horizontal y la ausencia de retroalimentación, porque crean un clima organizacional atravesado por los conflictos y las inconformidades, propiciando el surgimiento de grupos rebelados.
CONCLUSIÓN
Cabe decir, a manera de conclusión que en la sociedad dominicana persisten estructuras jerárquicas rígidas heredadas de regímenes autoritarios, que se reproducen como modelos en el ámbito empresarial y gubernamental y que me hacen recordar el título de mi antología de cuentos sobre la Era: El fantasma de Trujillo. Ese modelo autocrático lo podemos observar en las empresas familiares (o de único dueño), en instituciones públicas, en centros educativos y en organizaciones sin fines de lucro: gremios profesionales, cooperativas, clubes, fundaciones, academias, etc. No hay duda alguna: el estilo de gerencia autocrático, como ya dije, es una amenaza para el desarrollo institucional, ya que socava la moral del capital humano y debilita progresivamente la confianza organizacional.
Conozco casos en mi país de instituciones sin fines de lucro en las que el estilo de gerencia autocrático ha alcanzado un nivel crítico tan alto de concentración de poder individual que el Consejo Directivo y otros organismos de dirección han caído en la infuncionalidad total, dando lugar a una dramática falta de institucionalidad. Podría citar nombres, pero por razones éticas —y porque no es el propósito de este artículo— no lo haré. Y me apena mucho tener que repetirlo, pero en mi país, en todos los estamentos sociales, desde el ámbito familiar incluso, todavía ronda el fantasma de Trujillo.
El autor tiene una Licenciatura en Administración de Empresas, un Grado Asociado en Contabilidad y Auditoría y un Diplomado en Alta Gerencia Inmobiliaria. Enseñó Organización y Métodos por casi 20 años en la Universidad Interamericana (UNICA) y en el Instituto de Capacitación Tributaria (INCAT, hoy CAPGEFI) del Ministerio de Hacienda. Fue Asesor en Organización y Métodos de la Dirección General de Aduanas y del Instituto Agrario Dominicano (IAD). Tiene inédita la obra Fundamentos de Organización y Métodos (Apuntes de cátedra).
Por Miguel Collado
