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20 de enero 2026
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OpiniónMiguel ColladoMiguel Collado

Una reflexión en torno a los celos

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RESUMEN

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Resulta tan consustancial a la condición humana el comportamiento celoso que ya en el Antiguo Testamento de la Biblia aparece como una manifestación de envidia, de temor y de agresividad: el caso de Caín y Abel es el ejemplo más remoto en la historia de la humanidad. En Génesis (4:5-9) se cuenta la historia de lo sucedido entre ambos hermanos:

Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: «¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él». Y dijo Caín a su hermano Abel: «Salgamos al campo». Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

Es observable en esa actitud homicida de Caín mucha carga emocional: una ira provocada por su temor a que Dios estuviera demostrando más amor hacia su hermano Abel que hacia él. Se siente, incluso, rechazado por Dios. Atraviesan su espíritu el temor, la envidia y la duda. ¡Y pierde el juicio, convirtiéndose en víctima de los celos! Unos celos que a los ojos de Dios carecían de sentido (eran irracionales): «¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?»

En dos de los tres libros bíblicos escritos por el sabio Salomón aparece el fantasma de los celos: en Proverbios y en el Cantar de los cantares. En el primero, en el capítulo 6 (versículos 34-35), el legendario rey de Israel dice: «Los celos son el furor del hombre», es decir, ocurre una agitación en el ánimo del celoso que lo mueve a actuar de modo contradictorio, confuso y agresivo a veces.

En el segundo libro citado, el hijo del rey David escribe: «Fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte». También en esta micro reflexión aforística Salomón describe, con su indudable genialidad, la fuerza de la pasión que acompaña a los celos y que viene siendo una ratificación de su visión sobre los celos planteada en su libro Proverbios. Cabe decir que «Seol» es el lugar de oscuridad al que van los muertos. Y es que los celos oscurecen la mente, matan la racionalidad en quien es víctima de ellos: la pasión irracional lo lanza hacia el abismo de las contrariedades.

Ahora bien ¿cómo definir los celos desde una perspectiva científica? «Sospecha, inquietud o temor de que la persona amada deposite su cariño en otra”, es la acepción séptima propuesta en el diccionario de la Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (RAE) para definir los celos.

Evidentemente, el tema pertenece al campo de la Psicología, por lo que decidimos consultar al psicólogo italiano Umberto Galimberti, quien, en su Diccionario de Psicología (México: Siglo XXI Editores, 2002. Pág. 179) define ese concepto del siguiente modo: «Estado emotivo determinado por el temor, fundado o infundado, de perder a la persona amada en el momento en el que ésta revela afecto hacia otra persona».

Quizá sea una perogrullada afirmar que hay distintos tipos de celos, formas diversas de manifestarse en cuanto a las causas que los originan. Y en este aspecto Galimberti acude al austríaco Sigmud Freud y comenta: «S. Freud distingue tres formas de celos, todas connotadas por la ambivalencia, por la presencia simultánea de amor y agresividad, ambos orientados hacia la misma persona». Y cita esas tres formas de celos planteadas por el padre del psicoanálisis: 1) Celos competitivos o normales, 2) Celos proyectivos y 3) Celos delirantes. Sugiero al lector interesado en profundizar en el tema que consulte la obra citada, en la que se desarrolla de manera muy didáctica la teoría freudiana.

Es importante consignar que con la evolución de los estudios científicos en lo tocante al comportamiento humano —especialmente a partir de la segunda Guerra Mundial— son múltiples los enfoques dados a los celos. De ahí que las clasificaciones de los mismos se hayan extendido conforme a los cambios que también se han venido dando en el mundo en todos los planos: en las relaciones sociales, económicas, comunicacionales, etcétera. Todos esos cambios influyen en las relaciones humanas, generando toda una tipología de los celos.

De ahí que, siguiendo la intención de Freud de clasificar los celos, encontremos en las redes sociales una diversidad de categorías o denominaciones mucho más específicas, como el decálogo propuesto por el divulgador científico y médico Bertrán Prieto, quien define los celos como «el estado mental caracterizado por los sentimientos negativos que nacen elucubraciones que, estando fundamentadas o no, nos hacen desarrollar miedo a perder a alguien a quien amamos» (Véase su blog en internet).

Prieto propone 10 tipos de celos y explica cada uno: 1) Celos de pareja, 2) Celos patológicos 3) Celos reactivos, 4) Celos ocasionales, 5) Celos ocultos, 6) Celos exagerados, 7) Celos posesivos, 8) Celos infantiles, 9) Celos proyectivos y 10) Celos retrospectivos.

Finalmente, debo decir que todas las definiciones y percepciones sobre los celos —ya sean desde la perspectiva bíblica o desde la perspectiva científica— destacan que los mismos siempre están caracterizados por una alteración del ánimo, por la pasión y la emoción, por la inseguridad y la agresividad. Sobre todo, por el temor a perder algo que es amado o muy querido.

 

Por Miguel Collado

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