RESUMEN
La República Dominicana enfrenta en 2025 un dilema clásico: mantener la estabilidad de precios o estimular el crecimiento. El Banco Central ha optado por la prudencia, sosteniendo su tasa de política monetaria en 5.75 % durante el primer semestre del año. Esta decisión, aunque eficaz para mantener la inflación bajo control, ha contribuido a un crecimiento económico moderado, muy por debajo del potencial nacional.
El informe de política monetaria de junio muestra que el Producto Interno Bruto apenas avanzó 2.6 % en los primeros cinco meses del año, afectado por una menor inversión privada y un crédito bancario que crece con lentitud. A pesar de que se liberaron recursos de encaje legal por más de RD$81,000 millones para estimular la producción, la transmisión hacia la economía real ha sido parcial. Los bancos mantienen una política conservadora y los sectores productivos aún muestran cautela ante el entorno internacional incierto.
La estrategia del Banco Central ha sido necesaria para proteger la estabilidad financiera y evitar desbalances externos, en un contexto de altas tasas de interés globales y tensiones geopolíticas. Sin embargo, su efecto ha sido una ralentización del dinamismo interno, especialmente en la construcción y la inversión empresarial. En otras palabras, se logró la meta de inflación, pero a costa de un menor impulso al crecimiento y al empleo.
La economía dominicana necesita que la política monetaria acompañe de forma más activa a la recuperación productiva. Con la inflación controlada y las reservas internacionales en niveles históricos, existe margen para continuar reduciendo gradualmente la tasa de referencia, sin comprometer la estabilidad.
Además, el crédito productivo debería orientarse con incentivos más específicos hacia sectores de alto impacto como las MIPYMES, la agroindustria y la construcción de vivienda social, donde el multiplicador económico es más fuerte.
Dado que este año 2025 la economía dominicana no logrará alcanzar un crecimiento mayor al 3% el reto para el 2026 es que la política monetaria deje de ser un simple escudo antiinflacionario y se convierta en una verdadera palanca de crecimiento sostenible. La estabilidad de precios es necesaria, pero no suficiente. El país necesita crecer más y mejor, y el momento para actuar con audacia es ahora.
Por: Wellington Rosario, economista.
