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9 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

Una oportunidad para evitar el destino manifiesto

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RESUMEN

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Las elites haitianas tienen en su propósito, desde el ascenso al poder de Jean Jacques Dessalines en 1804, la ocupación de la parte este de La Española. En primer lugar, Dessalines se autoproclamó general libertador y al consumar la independencia asume como emperador, ejerciendo un poder tiránico, aprovechando la ausencia de Toussaint Louverture, apresado por las tropas del ejército francés comandado por el cuñado de Napoleón Bonaparte y enviado rumbo a Francia.

Dessalines emite su primer decreto para proclamar que la población blanca no tenía utilidad para la nueva república, proscribiendo en forma racista a miles de seres humanos.

En realidad, el padre e ideólogo de la independencia de Haití fue Toussaint Louverture, quien, desde el poder francés encabezó la primera revolución que liberaba a los esclavos negros, desafiando a las potencias europeas de aquella época. El carácter de Toussaint era muy diferente al del egocéntrico Dessalines, pero por obra del destino, el creador y mártir de la sufrida nación haitiana fue tomado prisionero por los franceses y desaparecido de la faz de la Tierra.

Desde el primero de enero del 1804 el autodenominado “imperio haitiano y su emperador”, vieron hacia el este de la isla, con el propósito de ampliar territorialmente su hegemonía en la región y crearon un propósito imperial parodiando la doctrina que lleva el nombre de “destino manifiesto” y mediante el cual los Estados Unidos de América justificaron la toma de territorios, convencidos de ser el pueblo elegido por Dios para sobresalir por encima de las demás naciones.

El destino manifiesto para la República Dominicana, inculcado a los ciudadanos haitianos desde la escuela, a muy temprana edad y las opiniones de los intelectuales anti dominicanos que emergieron a partir del 27 de febrero del 1844, no ha variado a través de los años y se afianza entre las elites pese a la miseria en que estas ilusas castas han colocado a sus compatriotas en todo su transito histórico. Para los pocos haitianos que asisten a la escuela de la nación haitiana, la parte este de la isla les pertenece por derecho legítimo desde el primero de enero de 1804, herencia que tomaron a la fuerza en 1822 y que unos blancos de origen español, encabezados por Juan Pablo Duarte, traicionaron los ideales de la nación haitiana proclamando una ilegal independencia y creando la nación dominicana.

El gobierno actual está jugando al populismo electoral con el tema de la migración haitiana hacia la nación dominicana y esta es una complejidad que debemos enfrentar con criterios nacionales, frente a los propósitos de la ONU. El gobierno del presidente Abinader juega con fuego cuando intenta ganar tiempo asumiendo una postura teórica que se opone al establecimiento de refugios para acoger nacionales haitianos, cuando en realidad la nación dominicana se abarrota de ilegales de esa nacionalidad. En realidad, el presidente Abinader se hace de “la vista gorda” ante las actividades de las mafias que manejan el transito ilegal de ciudadanos haitianos hacia la nación dominicana.

Esta pobre gente que nos invade por múltiples necesidades, especialmente por miedo y por hambre, si se les concede la categoría de refugiados, adquieren derechos que no les podrán ser violados y colocarán a la nación en situaciones muy delicada de supervivencia futura. La ONU y sus agencias lo saben y se hacen los que no. También saben, que la categoría de refugiados no es posible cuando las naciones comparten fronteras, porque donde se ha hecho, se han perjudicado los derechos de los ciudadanos legítimos de esas naciones.

Toca tomar con seriedad este problema, porque las naciones grandes y poderosas no están por inmiscuirse y quieren que la nación dominicana cargue con el lastre producido por históricas decisiones desde las grandes potencias, tomadas en acciones de infame explotación. Pero, esta situación brinda una oportunidad para enfrentar el destino manifiesto que las elites haitianas han creado para la nación dominicana, desarrollando políticas claras y precisas, que eviten la actual percepción negativa que se tiene en el exterior y que ha crecido desde 1937 hasta la fecha. Las autoridades de los últimos gobiernos han adolecido de estrategias para evitar la proliferación de imágenes y malos entendidos difundidos a través de la prensa internacional y de importantes Organizaciones No Gubernamentales, apoyadas por agencias y gobiernos allende los mares. Nos ha faltado inteligencia emocional y tomar decisiones sobre las mafias que se nutren del trafico ilegal de migrantes haitianos hacia la nación dominicana.

El pueblo haitiano es un pueblo que ha sufrido grandes vicisitudes, nacidas desde sus propias élites y nosotros no podemos cargar con los errores de una nación que desde su génesis (esas engreídas élites), nos ha visto por encima del hombro, desdeñando nuestra existencia nacional.

Por Francisco Cruz Pascual

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