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18 de febrero 2026
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OpiniónPablo ValdezPablo Valdez

Una intelectualidad sin limite

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RESUMEN

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  • Porque la universidad es otra cosa

Albert Einstein, físico alemán de origen judío y que como sucede con muchos pro hombres, en su inquietud juvenil, se nacionalizó suizo, austriaco y posteriormente, estadounidense; quien fuera definido, como el científico más importante y más popular del siglo pasado (siglo XX) y el artífice de la teoría de la relatividad, manifestó en su oportunidad, una irrebatible verdad, a saber:

“El crecimiento intelectual debe comenzar con el nacimiento y cesar sólo con la muerte”.

La teoría de la relatividad de Albert Einstein, de acuerdo con conceptos de universalidad, se hizo famosa por la predicción de fenómenos bastante extraños pero reales, como el envejecimiento más lento de los astronautas respecto a las personas que vivimos en la Tierra y el cambio en la forma de los objetos a altas velocidades, de impactantes reacción en el mundo de las ciencias.

La llamada Teoría Einsteintiana de la relatividad consiste en dos teorías principales, la relatividad especial y la relatividad general:

La denominada Teoría de la Relatividad Especial fue propuesta para el año 1905 y establece que las leyes de la física son las mismas para todos los observadores no acelerados y postula que la velocidad de la luz en el vacío es constante e invariable, independientemente del movimiento del observador o de la fuente de luz. También introduce conceptos como la dilatación del tiempo y la contracción de longitud.

La Teoría de la Relatividad General de 1915, amplía la relatividad especial para incluir la gravedad como una curvatura del espacio-tiempo causada por la presencia de materia y energía. Describe como los objetos masivos, como planetas y estrellas, deforman el espacio-tiempo a su alrededor, influenciando el movimiento de otros objetos.

Albert Einstein, invita a la investigación a los fines de establecer las propias conclusiones y determinar si “sus verdades”, son irrebatibles para convertirlas en defendibles por convicción y no por información y así, aceptar de buenas ganas sus afirmaciones.

Al final, el persistente elucubrar, nos lleva a una avenida cuyo final no existe, pero que permite una extraordinaria opulencia intelectual de un crecimiento, digno de continuar.

Por: Dr. Pablo Valdez

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