EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. -Desde hace muchos años sobre nuestro béisbol de aficionados pende una «Espada de Damocles» que pretende eternizarse, y que, como una enfermedad incurable, carcome las entrañas de una de las disciplinas que más se practica en el país.
Se trata del reclutamiento indiscriminado de jóvenes, por parte de escuchas (scouts) de las organizaciones del béisbol profesional de los Estados Unidos. Esta práctica ha llegado a un punto tan alarmante que afecta la integración de nuestras selecciones nacionales.
Además, impide que se desarrolle lo que se conoce como juego de conjunto, y que no es más que la coordinación que se adquiere entre jugadores que han recibido un tipo de entrenamiento especial y escalonado.
De nada vale que el Estado invierta amplios recursos en la preparación de jugadores amateurs y que, de buenas a primeras, ese esfuerzo se vea interrumpido por maniobras de agentes del béisbol empresarial.
Lo peor de esta incontrolable actividad es que el 99 por ciento de los jóvenes reclutados son devueltos a sus hogares para quedar envueltos en una telaraña de frustración, y sin poder volver a participar en los torneos de aficionados.
Uno de los casos más notables de desmembración de nuestro seleccionado nacional de béisbol superior ocurrió al concluir los XII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe que se efectuaron aquí en 1974. En ese evento el béisbol criollo colocó en un sitial de honor al pabellón patrio, conquistando medalla de plata.
Sin embargo, esa magnifica novena quedó desmantelada al reclutar para el profesionalismo sus principales componentes.
En esa ocasión los escuchas del béisbol profesional de los Estados Unidos se dieron banquete disputándose la flor y nata de nuestra selección lo cual provocó un retroceso cualitativo en la escuadra nativa.
Entre los firmados, recordamos a los jardineros Alfredo Edmead (falleció accidentalmente en un partido de pelota en los EE.UU.) y Alberto Lois, Samuel Reynoso (receptor), Alejandro Taveras (jugador de cuadro), Sosúa Rodríguez (lanzador).
Hasta el momento no se han tomado las medidas de lugar para reglamentar esta dañina practica que afecta el buen desenvolvimiento de nuestra pelota amateur.
En los últimos tiempos el reclutamiento está causando mayores estragos en el nivel juvenil donde muchos jóvenes son llevados al profesionalismo cuando todavía se encuentran en un proceso de inmadurez, que les impide -las más de las veces- asimilar un cambio de ambiente tan brusco.
El peor daño social que afrontan estos muchachos al ser desahuciados aplicándoles la baja es su renuncia a volver a la escuela para recuperar el tiempo perdido. O pescar algunos hábitos que riñen con las buenas costumbres.
El organismo indicado para dar los primeros pasos que reglamenten la situación es la Federación Dominicana de béisbol de Aficionados (FEDOBA). La actitud que se adopte en ese sentido debe evitar paños tibios: debe crearse una legislación que deje resultados positivos.
En un sistema como el que tenemos, nadie debe llamarse a engaño creyendo que el reclutamiento podría ser extirpado de nuestro béisbol amateur, pero se pueden tomar medidas que regulen esa actividad.
De lo contrario, cada vez que se estructure una buena selección, los emisarios del béisbol de paga harán su agosto desarticulando a nuestros equipos.
La historia de 1974 volvió a repetirse al concluir los Octavos Juegos Panamericanos efectuados en San Juan, Puerto Rico en 1979. Allí el béisbol criollo demostró nuevos bríos conquistando -contra todos los pronósticos la medalla de plata. Pero los escuchas volvieron por sus fueros reclutando a los jugadores más destacados de esa novena.
Para el buen desenvolvimiento de nuestro béisbol de aficionados esa práctica debe de regularse pues de nada valdría el esfuerzo de nuestras autoridades deportivas que han invertido enorme presupuesto en labores de fomento y desarrollo.
Nuestro béisbol amateur no soporta esta situación de caos que origina el reclutamiento indiscriminado de jugadores aficionados: es un mal que debe corregirse lo más pronto posible.
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