RESUMEN
Blas Peralta dice que él no mató a Mateo Aquino Febrillet.
Era de esperarse que el camionero se declarara inocente del asesinato del académico.
Su alegada inocencia son los últimos aletazos, evidentemente inútiles, del “muñeco” que nunca pudo armar para salirse con la suya.
Cuando habló en el tribunal dijo que él era un “fiel amigo” de Aquino Febrillet. Qué amigo ¡¡¡.
Y lo otro que dijo, para evadir el castigo, dio risa en medio de la tristeza que aún perdura por la muerte del catedrático.
Con sus argumentos frente al juez, quiso dar la idea de que una “bala perdida” mató a Mateo Aquino Febrillet.
Pues si no fue él quien disparó, como en vano alega, y ninguno de sus acompañantes, entonces fue una “bala perdida” la que perforó el corazón de ese hombre.
Demostró en la sala de audiencia que es pésimo haciendo “teatro”, y su peor escena fue decir que ayudará a la justicia para encontrar el culpable. Otro drama todavía peor.
El juez Alejandro Vargas aportó grandemente al país cuando censuró, valiente y vigorosamente, la condescendencia que ha tenido el Estado con estos turbulentos y descompuestos, que luego se convierten en “monstruos”.
“Monstruos” que terminan combatiendo ferozmente al propio Estado, y dañando y lastimando, sin consecuencias, a nuestra sociedad. ¿Hasta cuándo?
Blas dice que no va a tirarse ese muerto arriba, pero la justicia sí se asegurará de que se tire 30 años de prisión, por lo menos.
Eso espera la parte buena de esta sociedad.
POR LUIS BRITO




