RESUMEN
-Una experiencia inolvidable-
Siempre resulta una grata sensación coger carretera, disfrutar de la campiña, ver los montes cubiertos de neblina.
Nos tragamos el comportamiento medagalanario y totalmente fuera de la ley de los conductores de vehículos pesados, quienes arbitrariamente copan ambas vías, como dueños y señores de las carreteras.
Si su comportamiento fuera el correcto, transitar por las carreteras resultara un placer y el tiempo se redujera considerablemente, amén de que el número de accidentes fuera casi nulo.
De todas maneras, el desplazamiento en este viaje iba de maravillas hasta llegar a la altura de Loma Miranda, donde el tránsito prácticamente se redujo a velocidad cero.
Bumper con bumper.
Después de más de media hora en esta tortura, nos encontramos con un escenario dantesco, un camión destruido en su parte delantera, tres camiones más lo rodeaban con daños apreciables y entorpecían la vía.
Los inspectores de tránsito mantenían a raya a una turba, a pies y en motores se notaban ansiosos por saquear los vehículos afectados.
Pude apreciar que la situación del tránsito y del panorama en sentido general varía enormemente en cuestión de pocos kilómetros.
Los trabajos a la autopista Duarte son intermitentes, en algunos tramos están concluidos casi en su totalidad; en otros, los hoyos y dificultades se mantienen como el primer día.
En pocos tramos pude apreciar actividad.
Al transitar por la avenida de Circunvalación Norte de Santiago, se siente una economía muy dinámica, con naves industriales de nuevas zonas industriales, grandes ferreterías, la industria del amor a toda máquina con una oferta deslumbrante; llegando al final de dicha vía se observan los predios del tabaco tradicional del Cibao con sus pintorescos ranchos tabacaleros.
A favor debemos señalar que esta vía debiera ser tomada como ejemplo para la ejecución de carreteras; además de bien construida, excelente señalización, cantidad correcta de retornos e isletas de emergencia.
También dispone la moderna vía de una «banda sonora», para alertar a los conductores que se vean traicionados por el sueño.
Cuando nos bajamos a pocos kilómetros de Navarrete, se siente el cambio.
El febril tránsito de volquetas, patanas, autobuses nos indicaba que estabamos en una zona de una actividad laboral y constructiva.
En mis recuerdos conservaba la imagen de un Navarrete como un pueblo del viejo oeste, de una sola vía.
Lejos de ahí, una ciudad con un fuerte desarrollo urbanístico y comercial.
Tirando la vista por aquí, por allá se puede apreciar una clase comercial con altos niveles de desarrollo.
Todos los jugadores del sector bancario tienen presencia en la entrada a esa zona de gran importancia agropecuaria del país.
Sólo que entrar y salir de ese pueblo nos costó 30 minutos, ojalá una circunvalación salve esta retranca.
Salir de Navarrete es como llegar a un paraíso agrícola, de grandes llanuras verdes, sembradas de arroz, demarcadas al fondo por elevadas montañas pertenecientes a la Cordillera Septentrional.
Y antes de abandonar totalmente esta estratégica ciudad, su nombre real es Villa Bisonó.
Tuve la misma sorpresa agradable al atravesar la comarca de Esperanza.
Un poblado vibrante de un tránsito intenso y de una muestra palpable de progreso y desarrollo.
En las proximidades a la ciudad de Mao, las grandes extensiones de fincas arroceras es un común denominador, así como modernos complejos fabriles para entregarnos este alimento nacional en sacos y paquetes.
Debemos destacar el movimiento intenso de inmensos camiones repletos de guineos llegados desde las periferias a enormes empresas empacadoras destinadas a empacar este fruto para su exportación.
La gente de aquí es llana y sincera, con un «cibaeño» practicado hasta la última ecuación, acostumbrándose nuestros oidos hasta la normalidad de escuchar «la i» hasta en la ponchera.
Así mismo es de servicial la población.
Solicité a un bombero una indicación para arribar al próximo poblado y sólo faltó llevarme.
Entre manadas de chivos, canales de riego repletos de agua, arrozales inmensos y cultivos de orégano visitamos Jaibón, Laguna Salada, Villa Elisa..
Por cierto, me enteré que en alguna tregua de nuestro venerado héroe banilejo Máximo Gómez, éste ejerció de agricultor en un pequeño predio de Laguna Salada.
Me cuentan que esta alegre gente disfruta casi a diario de sus peleas de gallos, amenizadas por pimentosas música típica en vivo.
Entre la cartelera de ese fin de semana destacaban El Prodigio -la sinfónica de la música típica- y la mejor orquesta merenguera del país, Los Rosarios.
Aunque tarde, desfallecidos nos premiamos con un banquete gastronómico, nada más y nada menos que en el Palacio del Chivo.
Dos versiones emblemáticas del lugar sastifacieron plenamente nuestras espectativas; un chivo guisado tradicional con su toque oreganado y el otro plato, chivo asado con sabor a cerdo.
Ni les cuento, espero que descubran esa maravilla gastronómica.
Por: Fernando Despradel.
