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18 de marzo 2026
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OpiniónAmerfi CáceresAmerfi Cáceres

Un modelo que inspira: cuando la niñez es el centro

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RESUMEN

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Desde mi experiencia 

Sana al Mundo

He aprendido que hay espacios que no solo resguardan libros, sino que transforman vidas. Lo he visto de cerca, lo he vivido cada día: cuando la niñez es el centro, la educación deja de ser un discurso y se convierte en una experiencia que sana.

Desde mi experiencia al frente de la Biblioteca Infantil y Juvenil República Dominicana (BIJRD), puedo afirmar que su mayor fortaleza no está en proclamarse única, sino en vivir un modelo integral que articula lectura, talleres formativos, educación en valores, acompañamiento familiar, cultura e inclusión social de manera permanente. Aquí nada es accesorio; todo dialoga, todo suma, todo educa.

He sido testigo de cómo niños y niñas llegan con curiosidad y se marchan con preguntas nuevas; de cómo adolescentes descubren talentos que no sabían que tenían; de cómo las familias encuentran un espacio seguro donde crecer juntas. Cada taller, cada actividad, cada encuentro está pensado para formar ciudadanía, no solo para ocupar el tiempo.

Cuando recibimos visitantes de otros países, suele repetirse una frase que me acompaña como responsabilidad y compromiso: “En nuestro país no tenemos algo similar”. No lo dicen desde la comparación, sino desde el asombro. Y entonces comprendo que lo que realmente despierta interés no es el edificio, sino el enfoque: una biblioteca que educa con amor, constancia y visión social.

Este modelo no nació por casualidad. Nace de una convicción profunda que siempre me guía: una ciudadanía sin educación es un pueblo que se dirige a la destrucción. Por eso creo firmemente que educar no es solo enseñar a leer, sino formar seres humanos sensibles, críticos y solidarios, capaces de cuidar de sí mismos, de los otros y del entorno que los rodea.

La BIJRD se ha convertido, sin proponérselo, en una experiencia que muchos desean conocer y adaptar. Y eso me llena de esperanza, porque significa que cuando se invierte en la niñez con coherencia y valores, el impacto trasciende fronteras.

Cuando educamos a un niño con amor y valores, no solo cambiamos su historia: empezamos a sanar el mundo.


Por Amerfi Cáceres

La autora es periodista, locutora, Lic en leyes, líder comunitaria, empresaria

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