Un merengue más sin letras en Dominicana, con un ritmo poco acompasado

Por Rolando Fernández martes 10 de enero, 2017

Es así como se reporta la oposición política en este país. Es algo que en realidad no existe en esencia; que no se tiene en verdad. Todo en ese orden no es más que “cuadre y cachucha”, en que se destacan grupúsculos de politiqueros abanderados de lo particular, como del enriquecimiento fácil posible.

Evidentemente, procuran lograrlo a través del poder estatal al que supuestamente aspiran, buscando representarle de manera directa; cuando no, recogiendo las boronas que les dejan caer desde las mesas preparadas para disfrutes por los llamados dizque partidos mayoritarios.

¿Qué es lo que hacen en tal sentido los disminuidos políticamente, que desde fuera tratan de introducirse en la burocracia estatal? ¡Nada destacable, solo allantar! Apenas dejarse sentir, criticando vagamente el accionar gubernativo oficial, muy bien aposentado, por cierto, al que no hacen mella alguna, y mucho menos inducir a cambiar los pareceres anti-pueblo que se les ocurre imponer a sus representantes, y para los cuales condicionan mentalmente a la sociedad.

Y es que, cuando en los países se desploma hasta tan bajo nivel el liderazgo político, frente a un solo grupo que tiene “la sartén agarrada por el mango”, como se dice, no se puede hacer una oposición de esa manera: “ladrando” cada cual desde el pequeño espacio social que se ocupa, dejando nada más entrever proyectos personales o grupales.

La unión de fuerzas se hace necesaria en ese tenor, para poder compactar un grupo que les convierta en una bien poderosa, a los fines de que sus “golpes” de contrapeso en procura puedan resultar efectivos, teniendo como base una presión social consistente, aglutinada a su alrededor, y con proyecto de nación único.

De lo contrario, los “latidos” de la oposición nunca se escucharán, como es lo está ocurriendo aquí. Con razón hablan los mandantes de estar cuarenta años en el poder. ¡Dios nos libre!

De aquí que, el formar un partido solo de oposición es lo que procede; que agrupe a todos cuántos actualmente no están disfrutando de las mieles del poder, y se encuentran dispuestos a defender esta sociedad, como forma de contrapeso a todo lo que habrá de venir desfavorable para este pueblo, procedente del poder oficial actual, encabezado por hombres taimados, fríos, desaprensivos y ostentosos por demás, a lo que solo les interesa lo personal, como lo grupal, identificado obviamente con el color de la organización gobernante.

Oposición política, en este caso, supone estar en contra de las ejecutorias gubernamentales que puedan ir en detrimento de la población en general; estar en disposición de contrarrestar las mismas con acciones contundentes y bien dirigidas, en un marco de procederes pacíficos. Jamás hacerse los indiferentes; y, mucho menos, diligenciar prebendas, o la designación en cargos públicos, a cambio de no dejarse sentir.

¡Eso no es lo que se ve en nuestro país! Por tanto, no hay oposición política alguna. Todo cuánto se hace en ese orden, no son más que montajes oportunistas, con marcados arribismos obvios.

 

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