RESUMEN
No es sorpresa. La mafia descubierta en AMET es de esas situaciones que uno sabe se dan en nuestro país, a veces hasta con cierta “normalidad”. Aquí lo nuevo es el elemento de haber estallado el escándalo, porque, por alguna razón, alguien decidió investigar y dejar que el caso fuera de dominio público.
Un coronel cancelado, varios del mismo rango investigados, igual que otros oficiales y alistados, a los que se acusa de mover millones de pesos mediante un grosero mecanismo de corrupción.
Gente llamada a hacer cumplir la Ley, apostaban a que los conductores la quebrantaran, para sacar beneficios personales con multas que luego eran “negociadas” con los afectados. No podían ser más burdos, bajos y despreciables.
Cometían un doble crimen, el propio robo del dinero que debía ir al fisco, y el de alentar a ciudadanos a seguir violando las leyes de tránsito, sabiendo estos que no tendrían mayores consecuencias que no fuera la de darles como soborno unos cuantos pesos a esos infames y ruines.
En otras palabras, estos pusilánimes cobraban para predisponer y propiciar accidentes de tránsito, pues el que fácil resuelve el problema de una sanción, se le activa el cerebro para repetir las mismas imprudencias y temeridad al conducir. Es así de siniestro lo que se ha destapado.
POR LUIS BRITO




