RESUMEN
El NUEVO DIARIO, HIGUEY, LA ALTAGRACIA.- “La Hermandad de los Toros de la Virgen” se agenda el 14 de agosto en el santoral católico altagraciano, y es valorada como una de las máximas instituciones religiosas dominicanas que emprende un recorrido de fe por medio de un circuito de peregrinación, en el cual se visita las principales provincias ganaderas de la zona este de la República Dominicana, con destino final hacia Higüey, tierra donde nace el sol.
Reconocidos como “La Hermandad de los Toreros de la Virgen” su historia se remonta a los fines del siglo XVII, puntualmente, coincide con la popular batalla de Sabana Real o La Limonade del 21 de enero de 1691, día declarado como “acción de gracia” donde miles de creyentes marianos se desplazan a honrar a “Tatica: La chiquitica de Higüey”. Es su día nacional de agradecimiento.
En esencia es una cofradía organizada por la iglesia dominicana, específicamente, que tuvo como punto de reunión a la Iglesia de San Dionisio, en su origen fue una parroquia en los albores del 1512 y, luego pasó a santuario virginal en la Villa Salvaléon de Higüey, con data de 1692.

Durante cierto tiempo se denominó “La Hermandad de los Comisarios de los Toros de Nuestra Señora de La Altagracia”, actualmente, se le conoce como los “Toros de la Virgen”. Una ofrenda que evoca la devoción y creencia fervorosa de los católicos por la Virgen La Altagracia.
La Hermandad de los Toreros de la Virgen está integrada por devotos marianos, esencialmente, de procedencia rural, quienes en su misión por recoger limosnas y ofrendas de becerros o toretes que los pequeños, medianos y grandes criadores de ganados vacuno, siendo los menores, que han constituido en legado religioso, costumbrista o tradicional; en una marca-país que identifica a República Dominicana, en cualquier latitud por su repertorio de demostraciones de veneración.
El motivo de esas ofrendas es el pago de una promesa, el agradecimiento por un favor concedido por la Virgen, la imploración a ella de protección y bendición de la familia, del ganado, o sencillamente, el cumplimiento de una tradición familiar de larga data.
En la actualidad, los fondos son destinados a obras de beneficencia dirigida a los ancianos, a la alimentación, a la niñez. En fin, un altruismo que se viste de fe y de devoción.

Igualmente, la hermandad taurina funge un papel importante en esta ofrenda religiosa, ya que los toreros de Bayaguana e Higüey, trabajan juntos a través del tiempo, como una sola hermandad de toros hasta arribar juntos el día 13 de agosto a la Parroquia de Santana, alrededor de las 10:00 de la mañana; un día después, justo el 14 pisan las reses o los Toros de la Virgen al municipio turístico higüeyano.
La primera parada de los Toros de la Virgen, descansa en la Iglesia San Dionisio, luego se dirigen a la Basílica Nuestra Señora de La Altagracia, para ser bendecidos por el obispo de la Diócesis y presidente de la Conferencia Nacional del Episcopado de turno, para luego, ser trasladados a los corrales de la Asociación de Ganaderos de Nisibón, (AGANI).
Inicios de la tradición ganadera
En una consulta a la obra literaria del ingeniero Francisco Guerrero intitulada “Origen, desarrollo e identidad de Higuey” de 2010, se registra que, los hateros y criadores higüeyanos en sus inicios suplían de carnes a las tropas en guerra, las enviaban al Cibao, con destino a la Línea Noroeste.
Fue cuando, los hateros y criadores acordaron donar un toro, anualmente, para costear con el producto de su venta los gastos de las festividades conmemorativas al 21 de enero.
Así surgió la tradicional Ofrenda de los Toros a la Virgen para cuya recolección se formó la Hermandad de los Toreros; llamada, luego, Hermandad de Comisarios.

Historicidad del recorrido del 10 al 14 de agosto
Recorrían, con anticipación, toda la región y, en la vigilia de la celebración, se reunían en un espléndido fundo, del paraje de Santa Ana, Santana, “entre el Paso de Sanate y La Cruz de Ceja Esperanza”; en donde tenía lugar una velación, que duraba un día. En Higüey los toros eran recibidos en el atrio del templo por el reverendo Capellán.
La Hermandad de los Toreros de la Virgen perduró, en una primera etapa, desde su inicio, en 1692, un año después de la batalla de La Sabana Real de La Limonade, hasta 1822, cuando la ocupación haitiana.
El Pbro. Felipe E. Sanabia, cura y capellán del santuario, la restauró, en 1916, por instrucciones de Luis A. de Mena, secretario de cámara y gobierno, del arzobispado de Santo Domingo, en esa época.
En su recorrido por los campos, que efectúan a caballo y con sus banderas, los hermanos, integrantes de la Cofradía, suelen entonar canciones y salves.
Esta se restableció en 1916 y se escogió el mes de agosto en vez del mes de enero para la colecta de los toros; fue puesto al frente de ella Luis Germán, hasta 1925, siendo sustituido por Margarito Jiménez, a quien reemplazó Checho Castillo.
El dinero, que produce la venta de los toros, es para el sostenimiento de la diócesis de Nuestra Señora de La Altagracia y el Seminario Conciliar Santo Tomás de Aquino, en Santo Domingo.
Los encargados en el año 2005 fueron Francisco Cedano y Juanico Guerrero, comisarios mayores; y los comisarios de las Estaciones, Ramón de La Cruz, de Bayaguana; Pedro Peña, de La Sierra; Amado Laureano, de Las Guajabas; Julio Medina, de Santa Lucía.
Entonces, ¿podría la Hermandad de los toros de la Virgen confirmar una complejidad en la religiosidad popular?”; que es resultado debe un producto étnico religioso y una tradición convertida en manifestación cultural y social, con un auténtico contenido de fe que tiene por mediadora a la María Virgen, por la cual se experimenta una conexión y comunión con lo sagrado.

El recorrido de los toreros comienza un 10 de agosto:
Así lo detalla Guerrero en su cronología folklórica higüeyana, al afirmar que, el 10 de agosto desde las 6 de la mañana, los toreros salen de la primera Estación en Bayaguana, coordinada por su comisario mayor, hacia el santuario del Cristo de los Milagros.
A las 5 de la tarde, al llegar a la Estación de la Sierra, en Hato Mayor del Rey, escuchan santa misa, dedicada a ellos; el comisario mayor de esta estación, y su familia ofrecen un velorio, o vigilia de oración, a la Virgen, con cantos, plenas, salves y atabales, hasta el amanecer.
El 11 de agosto, en las primeras horas de la mañana, los peregrinos oran, cantan la salve a la Virgen y del Cristo, salen hacia la Estación de Las Guajabas; pasando frente a la Iglesia de Las Mercedes, en Hato Mayor.
En Las Guajabas son recibidos por el comisario mayor de esa Estación, y todos los del lugar, con una gran caballería. Después del recibimiento se inicia la santa misa celebrada por el director espiritual de la Hermandad de los Toreros. Terminada la misa, se inicia la vigilia con una noche de oración, meditación y cantos.
El 12 de agosto, a las 7 de la mañana, los toreros y los peregrinos, salen de Las Guajabas, en Hato Mayor del Rey, y se dirigen a la Estación de Santa Lucía, en El Seibo, donde se celebra la Santa Misa y pernoctan, en vigilia, con oración, salves y atabales.

El 13 de agosto, al amanecer, los toreros se dirigen, a pie y a caballo, desde Santa Lucía hasta la sección de Santana, pasando por el Cruce de Pavón, El Bejucal, La Enea y El Guanito. En la capilla de la iglesia de Santana son recibidos por el director espiritual de la Hermandad de los Toreros. Luego se inicia una vigilia, de oración y manifestaciones folklóricas, que dura hasta el amanecer. En esta comunidad se tiene un novenario de misas que se clausura con la presencia del señor Obispo.
14 de agosto: Día de la Hermandad de los Toreros. Llegan los toretes a Higüey
El 14 de agosto, a las 8 de la mañana, los toreros se dirigen hacia el antiguo santuario de San Dionisio. Este recorrido es presidido por los comisarios mayores; de las estaciones de Bayaguana, La Sierra, Las Guajabas y Santa Lucía.
Cuando pisan Higüey, entran por la calle La Altagracia, se dirigen al santuario San Dionisio, al atrio. Son recibidos por el párroco, que saluda a la multitud, termina con la salve a la Virgen, la bendición a los presentes. Al mediodía, los peregrinos y toreros atraviesan la calle Agustín Guerrero con dirección hacia la Basílica Menor Nuestra Señora de La Altagracia, en donde son recibidos por el señor obispo, el rector de la Basílica y el director de la Hermandad de los Toreros. Luego los toros son subastados.
Limosnas y subastas de toretes
Anualmente, los toreros realizan sus actividades para recolectar las limosnas de los novillos como parte de la devoción mariana en la región este de la República Dominica. Los toretes son agrupados en los corrales, luego registrados y contabilizados por los párrocos que se encargan de recibir a los bovinos, en las instalaciones de la Asociación de Ganaderos de Nisibón (Aganí).
Víctor Ávila Suero, en su compilación Comisarios y Toros y Peregrinos hacia los Santuarios del Este; Monseñor de la Rosa y Carpio, estima que la Hermandad de Toreros han jugado un rol apreciable de unificación en esta región, “yo entiendo que esta Hermandad jugó y juega un papel muy importante, sigue jugando un papel muy importante en la aglutinación de la zona del este. Jugó un papel social y de unir la zona del este (…) Ellos (los Toreros) se encarnaron en la realidad social, económica y humana del Este”.

Desde el 14 de agosto de 2005, monseñor Gregorio Nicanor Peña Rodríguez dirigió a los comisarios y toreros dando la bienvenida, como en cada asamblea de ofrendas que se celebra en comunión con el pueblo. En sus palabras afirmaba que: “Dios convoca a los fieles, quienes tienen que dar testimonio de su fe, y un gesto de ella es la entrega y sus corazones puestos en las manos del Señor.
Por eso, al ofrecer estos toros que ustedes traen el día de hoy, no solamente están ofreciendo estos animales, sino que ustedes se ofrecen en carne como hostia propicia a Dios.”
A consideración de Monseñor Nicanor Peña, siempre resaltó el sacrificio que hacen los promesantes, comisarios y comisarias, peregrinos, toreros y ganaderos trasladándose desde lejanos campos arreando los toros. “Ese sacrificio lo ofrezco por la conversión del mundo. El mundo de hoy necesita hombres y mujeres que oren, que se sacrifiquen y trabajen por los demás…”.
Peña Rodríguez añadió que: “Ese sacrificio de ustedes, queridos toreros y toreras, comisarios y comisarias, queridos donantes, es un regalo que Dios acepta, un sacrificio por la salvación de todos los hombres. Pido a Dios que los bendiga a todos, también a los peregrinos reunidos aquí.” A continuación, indicó una posición reverente para todos los presentes y oró en voz alta a la Santísima Virgen, rezando el Ave María.
El obispo de la Diócesis Altagraciana de turno bendice a los toros: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dios, que es nuestra esperanza y nuestro consuelo, nos llene de paz y de gozo en el Espíritu Santo. Esta peregrinación ha sido para ustedes un tiempo de gracia que Dios les ha concedido para visitar con fe este lugar, el santuario de La Altagracia, donde sentimos un impulso de renovación espiritual”.




