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5 de abril 2026
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OpiniónLaura GuzmánLaura Guzmán

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RESUMEN

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“Generación de Cristal, nuestra responsabilidad de construir una nueva Generación de Acero”

Por medio de un concepto mediático y alineado a nuevas culturas, se ha expandido con más fuerza el término “Generación de Cristal”. Muchos lo refieren de manera despectiva; algunos sociólogos y analistas lo describen con ese breve adjetivo, como aquella que es frágil y muy susceptible ante los retos diarios del existir.

Si analizamos de forma cronológica, podríamos identificar en generaciones de la República Dominicana comprendidas entre los años 1950 hasta 1990 la vinculación de factores en común como el trabajo con sacrificios, el respeto, la persistencia y constancia ante las adversidades y, sobre todo, la resiliencia, muy aplicada en esas generaciones, a pesar de no ser de uso común el último término mencionado para la época.

Los jóvenes nacidos luego del año 1998 han tenido una diversidad de ventajas tecnológicas que no existían en tiempos predecesores. Esa tecnología vino a sumar y facilitar tantos procesos a nivel global, pero también vino a restar habilidades como una acción diaria e importante: la lectura de hábito diario en papel, convirtiéndola en la tortura escasa del 2025. Ahora… la nueva lectura es el “scroll” y la falta de concentración.

Herramientas de aprendizaje de alto valor como la investigación y el contraste de fuentes son ya historia olvidada en las técnicas educativas y prácticas consuetudinarias. Esto nos da como indicador que, mientras menos esfuerzo implican las cosas, la cotidianidad les muestra que, al verse ante retos en las relaciones interpersonales y profesionales, muchos de estos jóvenes aún no construyen actitudes tan claves como el respeto a los superiores, la paciencia en “la vida en patines”, donde todo está al instante de un clic, la verdadera cortesía ante sus iguales y, sobre todo, tenacidad y determinación para no dejar a medias los proyectos iniciados. La muy mencionada procrastinación…

Esa referida generación está siendo azotada por muchos abordajes de negatividad, haciéndoles despertar ante la realidad de sus comportamientos y sus consecuencias. Pero un despertar a punta de agua fría en las mañanas… sin la empatía de reconocer que ellos no son los verdaderos culpables en sí.

Pero… ¿Qué pasaría si volteamos el enfoque?

La nueva pregunta clave que propongo es la siguiente:

¿Cómo podemos criar a mejores niños y jóvenes que sean los futuros profesionales con identidad definida, buena autoestima, con valores como la prudencia, el sentido común, el tacto y el respeto en el ámbito laboral?

Criando con responsabilidad, pero no con la nueva tendencia de “crianza respetuosa”, que es tema para largo debate. Me refiero al tiempo de calidad para hablar a nuestros hijos, la importancia de educar con el ejemplo y mostrarles que es más valioso un “ser con calidad humana” antes que ser un licenciado en Marketing Digital o ingeniero.

La sociedad está cultivando hijos de padres jóvenes que, nacidos entre 1998 y 2004, se conectaron con la vida a prisa y la tecnología. Y esos anteriores niños, en su momento, fueron a los nexos sin límites de una digitalización que abrazó sus carencias emocionales. De este profundo tema les hablaré en otra entrega.

El mejor título que puede obtener un joven de este tiempo es ser buen ciudadano, más que cursar 4 años en una academia y salir sin estar listo para la selva de cemento. Que su formación doméstica le permita estar verdaderamente preparado para la vida.

Pero un ciudadano crítico, que no vaya detrás de lo que ven las masas porque eso es lo que está de moda. Y porque el reality del momento rompió récords de audiencia digital y puso al país en el mapa mundial… ¡hay que verlo! porque todos lo están viendo (en el mapa mundial de la vergüenza y lo decadente).

Nuestros adolescentes deben tener la capacidad para saber que el entretenimiento viral sin esencia de aporte de contenidos creativos y de verdadera valía es… chatarra de plataformas digitales. Y tan viral que a los pocos meses otro tema lo sustituye. Lo que no tiene fundamento y esencia propia simplemente muere.

La elección de rechazar lo que no suma a nuestra sociedad es actitud de valientes con personalidad. Eso debemos aspirar en la crianza de nuestros hijos. Por eso admiro a muchos jóvenes que están marcando la diferencia, muy distantes de las tendencias del momento, apegados a su formación de familia.

Siendo así, podremos reivindicar una nueva “Generación de Acero”, a prueba de todas las balas de la última ola de mediocridad digital.

La verdadera educación no está en 4 paredes de un aula… Los ciudadanos que trascienden en la sociedad se forman en el hogar. Los pénsums de las universidades locales aún no dotan a los estudiantes de: Relaciones Humanas y Profesionales 101; Tolerancia a la Frustración ante Superiores Laborales Volumen II; y Tenacidad sin tirar la toalla, sea materia del segundo cuatrimestre.

La sociedad preocupada ha identificado los retos que tiene la “Generación de Cristal”, pero continúa condenándolos en lugar de referir soluciones a la matriz de la problemática.

El nuevo orden familiar…

De eso hablaremos en el siguiente café.

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