RESUMEN
Uno de los versículos del libro de los Salmos nos recuerda que la vida humana rara vez supera los setenta u ochenta años. Esa referencia, más allá de su sentido religioso, sirve para dimensionar una cifra que hoy nos interpela imperativamente: han pasado 75 años desde la muerte de Tulio Manuel Cestero, ocurrida el 27 de octubre del 1955, sin que sus restos hayan sido repatriados a la República Dominicana.
Cestero no fue una figura menor. Intelectual de altos vuelos, diplomático y defensor a ultranza de la soberanía nacional durante la intervención de 1916, su legado es piedra angular de la historia dominicana. Sin embargo, su memoria ha permanecido, en gran medida, relegada, y su lugar de descanso continúa en Chile, lejos del país al que dedicó su vida y su pluma.
Al llegar a mi misión diplomática en Santiago de Chile, y al margen de mis funciones oficiales, esta situación trascendió el dato histórico para convertirse en una profunda inquietud personal. A través de una investigación independiente que incluyó la revisión de archivos y múltiples recorridos en el Cementerio General de Recoleta, logramos reconstruir y precisar el paradero de los restos de Cestero, ubicados entre los patios 16 y 18.
Este hallazgo, documentado en nuestra obra “Tras el velo del olvido” (2025), no solo aporta claridad documental, sino que también reabre una interrogante punzante: ¿Cuándo se concretará el retorno a su amada patria?
El paso del tiempo no debería ser excusa para el olvido; por el contrario, subraya la urgencia de actuar. Setenta y cinco años es un período que excede cualquier margen razonable para saldar una deuda de carácter histórico y simbólico.
La repatriación de Tulio M. Cestero no es únicamente un acto protocolar. Representa un acto de justicia a su trayectoria y una oportunidad para reafirmar el compromiso del Estado dominicano con su memoria histórica. Es también un gesto hacia las futuras generaciones, que merecen conocer y valorar a quienes defendieron la dignidad de la nación en sus horas más oscuras.
Este hallazgo contenido en mi obra, se pone a disposición de las instituciones del Estado y la comunidad intelectual, con la esperanza de que sirva de base para las gestiones que permitan concretar este anhelado retorno. La preservación de nuestra memoria histórica se completa cuando el homenaje trasciende el papel y se convierte en un acto de Estado que honra a sus grandes ciudadanos.
