El encuentro en Alaska entre los presidentes Donald Trump, de Estados Unidos, y Vladimir Putin, de Rusia, abre un espacio para la paz. Y lo más significativo es que sentó cara a cara a los actores principales del conflicto ruso ucraniano.
Los demás han sido agitadores de guerra, apoyados en las acciones estadounidenses, impulsadas por los demócratas desde la Casa Blanca.
Ha sido un juego peligroso, sobre todo, porque involucra a las dos principales potencias nucleares, con capacidad para una verdadera tragedia de extinción humana.
Recordemos las palabras del asesinado presidente Jhon F. Kennedy que en el conflicto de los misiles en Cuba dijo que en una eventual guerra nuclear los vivos envidiarán a los muertos.
