RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, EE.UU. – En una escena cargada de simbolismo y poder militar, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió hoy en Alaska a su homólogo ruso, Vladímir Putin, con un espectacular despliegue de aeronaves de combate que incluyó cazas F-35, F-22 y el sobrevuelo del bombardero estratégico B-2.
La recepción tuvo lugar en la base aérea de Elmendorf-Richardson, donde Trump ordenó personalmente una maniobra poco habitual: dos cazas estadounidenses escoltaron el Ilyushin Il-96-300PU, avión presidencial ruso, durante su aproximación a Anchorage. Este gesto, inusual en encuentros diplomáticos con una potencia que hasta hace poco era considerada rival, marcó el inicio de la cumbre.
A la llegada, Putin fue acompañado por Trump a lo largo de una alfombra roja que conducía a un podio flanqueado por cuatro cazas F-22. La caminata se vio interrumpida por la atronadora aparición de un bombardero B-2 volando a baja altitud, escoltado por cuatro F-35, en una clara demostración de fuerza estadounidense.
La base de Elmendorf-Richardson, clave en la vigilancia aérea y la alerta temprana frente a Rusia desde la Guerra Fría, se transformó hoy en el epicentro mediático y diplomático. Sus 32.000 habitantes presenciaron la llegada de delegaciones rusas a bordo de aviones logísticos Il-76 y el desembarco de automóviles Aurus, usados por la élite política de Moscú.
Este encuentro marca la séptima reunión oficial entre Trump y Putin. Para el líder ruso, es el quinto presidente estadounidense con el que negocia en 25 años, manteniéndose como figura central de la política rusa incluso durante el mandato de Dmitri Medvédev.
La cumbre, que se desarrolla bajo un fuerte operativo de seguridad, evidencia tanto el carácter personalista del recibimiento de Trump como el peso geopolítico que sigue teniendo la relación entre Washington y Moscú.




