RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. – El pasado sábado, bajo las cúpulas del Palacio de Bellas Artes y en el marco del Trendy Fashion Week 2026, se vivió un evento que trascendió la pasarela. No fue solo un desfile de modas ni una exhibición de textiles; fue un reencuentro vibrante con la memoria y la visión estética de uno de los grandes maestros dominicanos: Martín Polanco.
“Martín Polanco Forever” no fue un eslogan: fue una declaración de principios expresada a través de la costura, el movimiento y una emoción colectiva que se percibía en cada rincón del Palacio.
El preludio de una ausencia presente
Antes de que el primer diseño cortara el aire, una imagen se adueñó de la sala: una paloma en pleno vuelo, escoltada por los acordes de Voilà. La música tocó fibras sensibles y el simbolismo fue inmediato. Era el anuncio de una ausencia que no se siente vacía, sino rebosante de presencia.

Al iniciar el desfile, cada salida confirmó que el universo de Polanco no conoce la caducidad. Su sastrería, mezcla precisa de rigor estructural y fluidez caribeña, demostró porqué pertenece a la categoría de los clásicos: aquellos cuya obra sigue respirando con absoluta actualidad, ajena a las tendencias pasajeras.
El fenómeno detrás de escena: la mística de la firma
Lo más revelador de la noche ocurrió entre bambalinas. La propuesta inicial consistía en 30 piezas seleccionadas por Ana Polanco, viuda del diseñador. Sin embargo, al percibir el magnetismo de las prendas, los modelos, propios y ajenos al bloque, comenzaron a solicitar, casi suplicando, vestir un diseño de Martín Polanco.

No bastaba con desfilar la colección; querían encarnarla. El fervor fue tal que el equipo tuvo que enviar 10 piezas adicionales para satisfacer la demanda espontánea de quienes deseaban formar parte de ese legado. Este detalle definió el éxito de la noche: una obra que no requiere explicación para despertar deseo y un respeto que trasciende generaciones.
Una ovación que detuvo el tiempo
El cierre no fue un aplauso de protocolo, sino una explosión de admiración. Mientras los modelos coreaban su nombre tras las cortinas, el público se puso de pie en un acto de honra compartida. En ese instante, no se aplaudía una marca: se celebraba una historia viva en el ADN cultural de la República Dominicana.

Este renacimiento no habría sido posible sin la determinación de Ana Polanco, cuyo trabajo no ha sido meramente ornamental; ha sido el pilar fundamental para resguardar y proyectar la visión de su esposo con la dignidad que merece. Si el legado volvió a caminar con fuerza, fue gracias a su valentía para sostener esa antorcha.
Epílogo de lo perdurable
“Martín Polanco Forever” dejó una certeza: la obra de Martín no habita en el archivo muerto de la nostalgia, sino en el terreno de lo perdurable. Hay nombres que se mencionan por compromiso y hay nombres que al regresar a una pasarela, estremecen los cimientos de una sala entera. Martín Polanco fue, es y seguirá siendo, indiscutiblemente, uno de ellos.





