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8 de febrero 2026
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OpiniónRamón SabaRamón Saba

Trayectorias Literarias Dominicanas: Soledad Álvarez

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RESUMEN

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Nació en Santo Domingo el 12 de noviembre de 1950, lo que indica que estuvo de cumpleaños antes de ayer, razón por la que nos unimos con alegría al festejo.

Poeta y ensayista. Percibida como una de las voces más altas de la poesía dominicana, fue seleccionada recientemente como una de las 5 poetas dominicanas que gozan de mayor preferencia según resultado obtenido en una encuesta que yo realizara el año pasado y en la que participaron como votantes unos 15 autores respetables del género de la poesía en el país, compartiendo esos 5 privilegiados lugares con otras colegas suya de gran nombradía como Salomé Ureña, Aída Cartagena Portalatín, Carmen Natalia Martínez Bonilla y Sally Rodríguez. Estudió Filología, con especialidad en Literatura Hispánica y especialización en Hispanoamérica, en La Habana, Cuba. En ese país, laboró en el Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, entidad a la que llegó recomendada por el expresidente Juan Bosch.

Soledad se inició publicando un cuento en las páginas literarias del periódico El Caribe. A finales de los sesenta. Trabajó junto a Manuel Rueda en el suplemento cultural Isla Abierta, del periódico Hoy, y en el periódico El Nacional mantuvo una columna de crítica literaria denominada Soledad Álvarez escribe AM. Fue ayudante del Gobernador del Banco Central para el Plan de Extensión Cultural de esa institución. Tuvo a su cargo el Periolibro publicado sobre Pedro Henríquez Ureña para una red de diarios iberoamericanos. Junto a su gran amigo y colega José Mármol, a posteriori Premio Nacional de Literatura en el 2012, condujeron las Tertulias del Centro Cultural Hispánico. Ha participado, en calidad de invitada, en una considerable cantidad de congresos y encuentros literarios internacionales, celebrados tanto dentro como fuera de nuestro suelo. 

Finalizando la década de los sesenta formó parte del grupo literario La Antorcha, compartiendo espacio con escritores de la talla de Alexis Gómez-Rosa, Enrique Eusebio y Rafael Abréu Mejía; y también participó del movimiento conocido como Joven Poesía Dominicana, que por la década de los setenta ofertó un sinnúmero de recitales poéticos por toda la geografía nacional.

Soledad Álvarez tiene en su haber una selecta bibliografía, compuesta por títulos como Vuelo posible (Considerado uno de los libros de poesía más originales publicados en nuestro país en los últimos años), Las estaciones íntimas (Premio Nacional de Poesía 2006), Autobiografía en el agua (Premio Nacional de Poesía 2016, puesto en circulación en el marco de la Feria del Libro de España), Después de tanto arder (2022) y República Dominicana. Paisaje. Cultura (2013). Como antóloga, ha publicado los libros La ciudad en nosotros (2008) y Santo Domingo. Visiones de la ciudad (2010). Junto al escritor Diógenes Céspedes, editó una recopilación de Ponencias del Congreso Crítico de Literatura Dominicana. Entre sus ensayos podemos resaltar La magna patria de Pedro Henríquez Ureña (Premio Siboney de Ensayo 1980). Otros de los magistrales ensayos producidos por ella son Complicidades. Ensayos y comentarios sobre literatura dominicana; De primera intención. Ensayos y comentarios sobre literatura; República Dominicana. Paisaje. Cultura; en colaboración El siglo XX dominicano. Economía, política, pensamiento y literatura) y Cultura y sociedad en la República Dominicana. Sus poemas han aparecido en numerosas antologías nacionales y extranjeras y han sido traducidos al inglés, francés, italiano y alemán.

Soledad ha recibido incontables reconocimientos por su trayectoria y obra literarias, entre los que podemos mencionar el Premio Siboney de Ensayo 1980 con el libro La magna patria de Pedro Henríquez Ureña, merecedora de que una calle en la Feria Internacional del Libro 2010 fuera bautizada con su nombre, el premio Caonabo de Oro 2015, el Premio Casa de América de Poesía Americana 2022 y en ese mismo año el codiciado Premio Nacional de Literatura, entre varios más.

El erotismo ha sido la piedra angular en la poesía de Soledad Álvarez, pero esta línea escritural suya posee un altísimo índice de misticismo y parpadea al ritmo de un discurso intimista que la eleva al pedestal que ha alcanzado y la posiciona como una finísima poeta de corte intimista, cuyas imágenes dejan perplejo y conmovido al más exigente lector.

El poeta y ensayista Basilio Belliard estima que Soledad siempre ha escrito poesía desde la ebriedad de la realidad, nunca desde el dolor del mundo; más bien, escribe desde la celebración de la dicha del ser femenino. Sus poemas, en efecto, nos hacen ver y oír con los ojos y los oídos bien abiertos para percibir las intuiciones del tiempo y los latidos del espíritu. Su obra es, así, un viaje del misterio a la carnalidad, en una estrategia lírica que se nutre de evocaciones y presencias. Tránsito y transformación del cuerpo, desarraigo espiritual de los sentidos: el ser se resiste a sus metamorfosis materiales. La imagen poética vagabundea, entre la nostalgia que taladra el sentido de la vida, y martilla las ilusiones perdidas, en la fugacidad de los instantes rotos. 

El escritor, crítico, exministro de Cultura y recientemente fallecido José Rafael Lantigua, expresó que Soledad Álvarez es excepcional. Lo es porque creyó y sigue creyendo en la poesía, y tras ella van sus huellas, trotando sin detenerse, impulsada por vientos de cola, floreciente, sin ataduras, sin miedos. Entre naufragios y resurrecciones. Pálpito de flor abierta. Autobiografiada en el agua, como manantial mágico, dejando que la brisa fluya y la memoria desenterrada sostenga su palabra hasta el infinito.

Finalmente, el escritor José Alcántara Almánzar, Premio Nacional de Literatura 2009, considera que Soledad es apasionada y visceral, inmersa en cuerpo y alma en el centro de aquella vorágine de ilusiones y proyectos, asumió su tiempo con el fervor de una sacerdotisa que invoca la poesía y la vida, al tiempo que conjura temores y amenazas. 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un poema de Soledad Álvarez:

 Clase de Religión

Dicen que Dios está en todas partes 

        que todo lo ve.

                                 ¿En todas partes, Dios

todas las guerras el hambre viva los estómagos

        embalsamados

                                el ojo inmenso

de cíclope insomne de Dios, lo ve?

La sangre en la cisura brutal del estupro

el puñal del asesino la ferocidad del mal

¿y no se espanta Dios no llora no toma partido

la eternidad imperturbable?

Lo nimio también lo ve Dios.

La araña tejiendo el hilo de la seda para la presa

la hormiga en busca del alimento

¿también a mí me mira cuando me miro desnuda

        frente al espejo

cuando me peino fumo a escondidas quiero matar

        y me avergüenzo?

Perdí la virginidad bajo la mirada de Dios.

El gran voyeur.       


Por Ramón Saba  

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