RESUMEN
Nació el 26 de noviembre de 1948 en la comunidad El Limonal de Santiago de los Caballeros.
Poeta, narrador, ensayista, editor, crítico literario y profesor. Se formalizó profesor en la Escuela Normal de Licey. Realizó estudios en Educación y Letras en la Universidad Pontificia Católica Madre y Maestra, logrando el título de licenciado. Alcanzó un doctorado en Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid, España. Formó parte del Taller “Littera”. Fue profesor de Literatura en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña. Colaboró como crítico literario en “Isla abierta”, suplemento del diario Hoy, de la que finalmente fue su coeditor. Trabajó como director del Sistema Nacional de Bibliotecas, director de la Editora Nacional y es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua.
Entre sus obras más importantes se destacan Meditaciones alrededor de una sospecha; El fabulador; Ritual del tiempo y los espacios; En el camino a casa, Contando lo que pasa; Cuando la miraba pasar; Huellas de la memoria; Una vez un hombre; Recodo; Un pueblo llamado Pan y otros cuentos infantiles; La palabra en su asiento; Juego de villanos; El futuro sonriendo nos espera; Una vez un hombre; Yoryi Morel: Fundador y Fundamental; Escribir: ejercicios ortográficos y prácticas de redacción; Taberna de náufragos y Arcilla, solo arcilla. José Enrique García siempre está produciendo por lo que de seguro tiene bajo la manga algunos textos inéditos de gran calidad, esperando el momento oportuno para ser publicados.

Su bibliografía pasiva es sumamente larga y enraizada en importantes y reconocidos autores, entre ellos Basilio Belliard, Diógenes Céspedes, Manuel Salvador (Doi) Gautier, Franklin Gutiérrez, Emilia Pereyra, Manuel Rueda, Andrés L. Mateo, José Rafael Lantigua y Miguel D. Mena, entre muchos.
José Enrique García ha sido merecedor de importantes reconocimientos, entre los que podemos mencionar haber recibido el premio de poesía Siboney 1979 por su obra El fabulador; el premio Nacional de poesía 1999 por su poemario Recodo, en el 2001 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil con Enriquito y Serafín y en esta misma semana fue seleccionado como el ganador del Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña 2025, bajo la mirada de un selecto jurado integrado por el ministro de cultura Roberto Ángel Salcedo quien lo presidió, el viceministro Pastor de Moya, el director de la Biblioteca Nacional Rafael Peralta Romero, el director general del Libro y la Lectura Aquiles Julián, el escritor Nan Chevalier y la lingüista Rita Díaz entre otros, siendo la primera vez que ese galardón se queda en manos de un dominicano.
Participé junto a José Enrique García en un panel que debatía acerca de la obra de Rubén Darío en el Colegio Babeque de Santo Domingo y en este pude disfrutar del elegante manejo del lenguaje que acompaña en su discurso a este escritor nuestro. Su sensibilidad y su manera de exponer conceptos son armas que esgrime con acierto este maestro de la poesía y el ensayo. Junto a nosotros, presentes en este panel, los poetas Víctor Bidó, León Félix Batista y el desaparecido Alexis Gómez-Rosa.
A pesar de que no he podido descubrir quién escribió la siguiente opinión sobre José Enrique García, no dejo de colocarla en este artículo porque estoy totalmente de acuerdo con ella, valga entonces mi crédito a su responsable: “José Enrique García ha logrado mostrar una obra de un calibre excelente que recoge en sí muchas historias sobre el mismo hombre. La obra es fiel y conforme con la época y representa al hombre dominicano de finales del siglo XIX hasta los inicios del siglo XX. Era una época en que los hombres vivían para las peleas y para las mujeres y no existía el miedo a la muerte. La ambientación de la obra es excelente y el uso de la lengua también, ya sea la coloquial o la tradicional. Los conocimientos del autor sobre el dominicanismo son muy buenos y el lector aprende de estos conocimientos. Desde los nombres (Sebastiana, Catalino, Ovidio), hasta los dulces (toto de monja), el autor mantuvo lo veraz en la obra todo el tiempo y se nota que sus conocimientos en historia dominicana y en Lengua Española son extensos. Finalmente, la obra logra cautivar al lector ávido de conocimientos, pero aburre al vago, ya que la atención en cualquier lectura es fundamental. Es en realidad una obra excelente.” (Todo lo antes expuesto se refiere a su obra “Una vez un hombre”).
El poeta y narrador Valentín Amaro considera que desde “Meditaciones alrededor de una sospecha” del año 1977, hasta sus libros más recientes, José Enrique García, viene demostrando que la poesía es llamada y sacerdocio. Su poesía se caracteriza por un acertado ritmo y una vitalidad que encanta. Su canto es una vuelta a esa poesía pura, primigenia, la que se construye cuando el poeta busca en el latir más hondo. Es, sin dudas, una de las voces imprescindibles de la poesía dominicana.
Finalmente, el poeta Pastor de Moya estima que la trayectoria literaria de José Enrique García destaca por su extensa carrera como docente a lo largo de varias décadas y su compromiso por difundir la obra y el pensamiento de Pedro Henríquez Ureña. Estima que él pertenece a una estirpe de corrientes subterráneas de la literatura que recoge las enseñanzas de pasadas generaciones y se convierte en paradigma de nuevas promociones y agrega que este poeta, narrador, ensayista y maestro ha explorado en profundidad los grandes temas de la existencia humana como la muerte, la soledad, la desolación y la búsqueda de sentido, manteniéndose abierto a la experimentación formal, asegurando que su obra habrá de perdurar a través del tiempo.
Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un poema de José Enrique García:
EL OTRO
No lejos de mí, en mi persona,
sin escándalo, está naciendo un hombre.
Aquí mismo, en mis testarudos huesos
echa raíces este hombre,
y con la sangre de mi propio barro
se levanta.
Después, lejos de mí,
tomo el cuerpo que alimenté temprano;
se pone mi camisa,
sin permiso toma mis pantalones
y sin permiso también
abre aquella ventana para verse vestido.
Acaba por ponerse mis compañeros zapatos
y echar a andar conmigo y mis vestidos.
Ya muy lejos de mí, oigo cuando se aleja
alegre, muy alegre de saberse nacido…
Espero que se quede con todos mis cansancios.
Por: Ramón Saba.
