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20 de enero 2026
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OpiniónAlfredo GarcíaAlfredo García

Trata de dejarlo mejor que como lo encontraste

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RESUMEN

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Convertir lo malo en bueno es un arte con el que se nace pero que con el tiempo se va perdiendo en una de esas ironías que la vida tiene para con sus practicantes.

Si bien es cierto que con el tiempo se pudiera ir perdiendo esa cualidad de hacer fiesta por todo, en función de nuestra creatividad, no menos cierto que si nos disponemos, también podemos desarrollar un arte alquimista con vocación y oficio que mejore todo cuanto toquemos.

Y es que las emociones llevan a la acción y si con intencionalidad canalizamos nuestras energías de forma tal que edifique, es probable que más temprano que tarde, todo lo que toquemos o pase por nuestras manos quedará mejor que como lo recibimos, si así lo queremos.
Esa alquimia infantil que es capaz de convertir en alegrías y risas las desventuras de la vida y que como si nada juega en el piso durante un funeral, encontrando diversión y belleza donde sea, se va esfumando conforme pasan los años, propiciando así, que nos adentremos en un mundo lleno de realidades y pragmatismo que para poder disfrutarlo debemos reiniciarnos y desaprender.

En ese proceso perdemos de vista que lo mágico primero debe iniciar en nuestras mentes para trasportarlo a la realidad con nuestras acciones, sin querer entrar en cosas sobrenaturales para que la magia se sienta.

Cuando una casa es un hogar y está limpio y ordenado, al entrar en el, se siente un algo que no se ve que te hace sentir paz, la alegría propia de la magia, del bienestar y de la armonía.

Pero de igual forma, cuando hay orden y armonía en cualquier lugar o proyecto se siente esa diferencia que no se ve pero que hace que todo sea mejor.

Nacemos plenos, poderosos e inquebrantables, pero con el tiempo vamos creyendo que tenemos una serie de vulnerabilidades como Adán con su desnudez, que nos marcan y sustituyen esa confianza que antes teníamos por la vida, en miedo, rencor y complejos, que sacan de nosotros sentimientos que nos impiden ser mágicos.

Es ahí cuando debemos desaprender y abrazar la parte lúdica de la vida, entrando en un trance que nos lleve a ser de esos alquimistas que transforman las cosas malas en buenas con su sola presencia, para armonizar así con el entorno que nos toca vivir para mejorarlo y ser un alivio para el alma.

Siempre hemos oído que nadie puede dar lo que no tiene, por ende, lo que debemos es llenarnos de alegría en cada oportunidad que tengamos a los fines de contagiarla, al tiempo que vamos sanando por dentro para disfrutar con libertad todo el bienestar que nos propone la vida, cuando la miramos con detenimiento, agradecimiento y asombro infantil.

Y una de las mejores formas de sanar es por medio de la risa, ya que somos los únicos seres capaces de reír por consiguiente hacer uso de este remedio placentero y gratuito es de inteligentes.

El libro “Gestionar las Emociones Políticas” del español Antoni Gutiérrez-Rubi, habla de la historia de Galeno, médico del emperador Marco Aurelio, quien afirmaba que uno de los mejores remedios era la risa.

Ello así porque según explica el referido texto “la risa mejora la autoestima y la confianza; ayuda a desinhibirse y aleja el temor; libera endorfinas que son las hormonas responsables de la sensación de bienestar”.

Pero no sólo Galeano, como médico, reconoció el valor curativo de la risa, sino también Aristóteles se mostró favorable a la misma “cuando divierte y genera simpatía”.

De manera que la mejor forma de transformar todo lo malo en bueno es sintiéndonos mejores con nosotros mismos, usando la risa como ente curador de nuestro interior, para generar así una genuina alegría que se contagie en todo lo que hagamos, ya que lo vamos a disfrutar en función de que nuestra perspectiva de vida será desde el entusiasmo.

 

Por Alfredo García

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