ALGO MÁS QUE PALABRAS
“Hoy más que nunca, tenemos que reencontrarnos, sabiendo que el existencial proyecto viviente es servir de modo auténtico, mostrar humanidad y tener voluntad fidedigna de auxiliar a otros”.
Cada día soy más consciente de que debemos salir de este mundo de falsedades e injusticias, lo que nos demanda a practicar la clemencia a la luz de lo auténtico, percibiendo su significado de espíritu donante y acogedor, que genere comunicación y comunión, sin exclusión alguna. Por desgracia, nos hemos acostumbrado a engañarnos entre sí, incluso a nosotros mismos; a no respetarnos, por consiguiente, cayendo en una inhumanidad que nos deja sin latidos. Ahogados por esta atmósfera, sólo cabe pararse a repensar para ver otros horizontes más claros, al menos para apreciar el coraje y la sustancia de las cosas. En una cultura sin conformidad, todo se distorsiona y el abuso es nuestra cotidianidad en el camino de la vida.
La evidencia es la mejor prueba de amor, pensando en un armónico desarrollo humano, en toda su riqueza de valores y valías, que han de ser compartidos y comunicados. Activemos, pues, la caricia del esfuerzo; en medio de la agitación deshumanizante. Seguramente entonces, disminuirá el aluvión de tormentos y tormentas que nos acechan a diario, por cualquier parte del orbe. Desde luego, ante este cúmulo de aconteceres nefastos que afligen a la humanidad, aparte de rendir cuentas por las violaciones de derechos humanos, hemos de dar testimonio de esta existencia; sabiendo que sin confianza entre análogos por lo verdadero, tampoco hay conciencia ni responsabilidad social, dejándolo todo a la deriva de intereses privados.
Sea como fuere, nos beneficiamos de lo que buscamos y en momentos difíciles como los actuales, hemos de rebrotar para poder florecer como sociedad globalizada, ya que todo nos afecta a todos. La pasividad no es de recibo; el espíritu generoso va más allá de la justicia, porque amar es dar, es ofrecerse al otro con espíritu caritativo. Realmente, la humanidad no se promueve sólo con relaciones de derechos y obligaciones sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de comprensión y aproximación. La cercanía manifiesta siempre un impulso en los lenguajes interiores, otorgando entendimiento hacia individuos, familias y grupos diversos que se unen en comunidad social. De ahí, la importancia de trabajar honestamente por el bien, con la bondad de cuidarnos y de protegernos.
Hoy más que nunca, tenemos que reencontrarnos, sabiendo que el existencial proyecto viviente es servir de modo auténtico, mostrar humanidad y tener voluntad fidedigna de auxiliar a otros. Precisamente, por este sentido humanitario, los gobiernos tienen su origen en el procedimiento de hallar una forma de asociarse que defienda y proteja a la ciudadanía y, a la pertenencia de cada cual, con la influencia común de todos. Lo importante en un planeta, que es de todos y de nadie en particular, es que esa interdependencia se sustente en el amor a la verdad, que no se asegura únicamente con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fibra del bien y la robustez de la mística del alma, que es lo que acrecienta el calor de hogar para no tiritar de frío mundano.
La orientación correcta, por tanto, radica en desprenderse de las apariencias terrícolas; para abrazar lo celeste y hacernos libres. Por ello, en lugar de darnos caudales monetarios o fama, suministremos la certeza. En cualquier caso, como caminantes que somos, poseemos una misión contributiva de aspiraciones y proyectos, para llevar a buen término; que, no puede ser otra, que la de contribuir a conciliarnos. Bajo el paraguas de esta visión trascendente, donde todo es poesía y no poder, abarcando tanto el plano natural como el poético, es como se conseguirá modificar los procesos económicos y sociales actuales hacia metas plenamente humanas. Será un buen modo de afrontar las dificultades del momento, que únicamente tienen sanación con más corazón que coraza.
Por Víctor Corcoba Herrero / Escritor
corcoba@telefonica.net
07 de Enero de 2026.-
