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20 de enero 2026
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OpiniónBraulio A. RojasBraulio A. Rojas

Tras el asesinato de Charlie Kirk, Estados Unidos necesita puentes, no más muros

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RESUMEN

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Ayer, parte de Estados Unidos recordó a Charlie Kirk durante su servicio memorial. Su asesinato puede ser recordado como uno de los episodios domésticos más oscuros de este siglo. Fue injusto, triste e innecesario. Independientemente de dónde nos situáramos frente a sus ideas, la vida y la muerte de Charlie Kirk nos obligan a reflexionar sobre el estado de nuestra democracia.

Sin duda, Kirk construyó un legado dentro del movimiento conservador que perdurará por décadas. Defendió lo que él llamaba los valores tradicionales de la familia y de Occidente, y con profunda convicción los promovió como el fundamento correcto para la sociedad estadounidense. Ascendió rápidamente en influencia, fundando Turning Point USA con tan solo 18 años, y más tarde consolidando su marca como una de las organizaciones juveniles conservadoras más visibles del país (New York Times).

Pero para muchos en el otro extremo del espectro político, Kirk será recordado de una manera muy distinta: como una figura polarizadora que habló con dureza sobre el movimiento de derechos civiles, el papel de los inmigrantes y el lugar de la mujer en la vida moderna estadounidense (Wired). Sus palabras lo hicieron blanco frecuente de acusaciones de simpatizar con el nacionalismo blanco, aun cuando él rechazaba esa etiqueta.

Kirk construyó gran parte de su legado recorriendo campus universitarios en EE. UU. con su plataforma Prove Me Wrong. Para algunos, era una valiente promoción de la libertad de expresión y el debate abierto. Para otros, parecía más bien un escenario en el que un orador experimentado podía intimidar a estudiantes poco preparados, enmarcando los puntos de forma que sirvieran más a su narrativa que a la búsqueda de la verdad (State Press). En mi opinión, Kirk presentó una visión simplificada de Estados Unidos que algunos jóvenes encontraban fácil de asimilar, pero sus argumentos a menudo carecían de complejidad, profundidad factual y contexto histórico.

Yo no compartía la mayoría de sus posiciones. Pero el desacuerdo no es motivo para desear el silencio—y mucho menos la violencia—contra nadie. Él representaba una voz que está viva en la sociedad estadounidense, una con la que millones de personas se identifican. Silenciar esa voz mediante un asesinato no resuelve nuestras divisiones; solo las profundiza.

La gran pregunta ahora es: ¿hacia dónde vamos desde aquí? En mi opinión, tanto Charlie Kirk como su asesino fueron productos de nuestro entorno político contemporáneo. Reflejan un clima envenenado por la polarización, la cultura de la cancelación tanto de derecha como de izquierda, y una incapacidad de construir desde nuestras diferencias.

Es momento de tender puentes y buscar compromisos. Es momento de enfocarnos en aquello que nos une y tolerar lo que nos divide. Estados Unidos no puede fortalecerse borrando o demonizando las voces que no nos gustan. Nuestro único camino hacia adelante es el diálogo, el respeto y el reconocimiento de que el desacuerdo, cuando se maneja con civismo, es la verdadera savia de la democracia.


Por Braulio Rojas

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