Por décadas, los esfuerzos en seguridad vial y ocupacional se han centrado con justa razón en los factores físicos y mecánicos del transporte por carretera: estado de los vehículos, fatiga física, exceso de velocidad, consumo de alcohol o drogas, y cumplimiento de normas de tránsito. Sin embargo, un enemigo silencioso, menos visible pero igual de letal, viene afectando gravemente la salud y seguridad de quienes viven al volante: los riesgos psicosociales.
Un reciente estudio del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) de España ha revelado que más del 80% de los trabajadores del transporte por carretera presenta algún nivel de exposición a riesgos psicosociales. Este dato no puede ser ignorado en países como la República Dominicana, donde el transporte de mercancías y pasajeros desde los chóferes de guagua pública hasta los repartidores de delivery opera bajo condiciones de presión laboral, informalidad y escasa protección social.
Los riesgos invisibles que afectan la conducción
Entre los hallazgos más preocupantes del estudio del INSST, destacan los siguientes porcentajes:
- 72,5% sufre alta carga mental: exceso de responsabilidades, presión por cumplir horarios y rutas, y necesidad constante de tomar decisiones bajo estrés.
- 62,4% reporta falta de autonomía: la mayoría no puede decidir sobre pausas, rutas alternativas o volumen de trabajo.
- 56% experimenta inseguridad laboral: temor al despido, contratos precarios o condiciones inestables.
- 48,3% declara tener un rol poco claro: ambigüedad en las funciones o exigencias contradictorias.
- 44,9% vive conflictos trabajo-familia: horarios extendidos, turnos nocturnos y poco tiempo para la vida personal.
Estas cifras no solo impactan la salud mental del conductor, sino también su seguridad física y la de los demás usuarios de las vías. El estrés crónico, la ansiedad o la fatiga emocional reducen la atención, aumentan la agresividad al volante y deterioran el juicio, multiplicando el riesgo de accidentes.
¿Qué tan lejos estamos en República Dominicana?
Aunque no disponemos de estudios locales con la misma profundidad, la realidad dominicana guarda muchas similitudes, agravadas por factores como:
- Alta informalidad laboral en el sector transporte, especialmente entre motoconchistas, choferes independientes, repartidores de delivery y trabajadores de transporte interurbano.
- Largas jornadas de trabajo sin pausas adecuadas, en condiciones de calor extremo, inseguridad y tráfico caótico.
- Escasa formación en gestión del estrés, ergonomía, salud mental o primeros auxilios psicológicos.
- Poca regulación y fiscalización efectiva en cuanto al cumplimiento del Reglamento 522-06 sobre salud ocupacional, particularmente en pequeñas empresas de transporte o plataformas digitales.
Esto no es solo un problema laboral. Es un tema de salud pública y seguridad vial. La salud mental del conductor debe ser reconocida como un factor de riesgo de primer orden, tanto en la prevención de accidentes como en la sostenibilidad del sistema de transporte.
Recomendaciones para un transporte más humano y seguro
- Diagnóstico nacional del riesgo psicosocial en el transporte por carretera, liderado por el Ministerio de Trabajo, IDOPPRIL y el INTRANT, con enfoque en trabajadores formales e informales.
- Incorporación de la evaluación psicosocial en los programas de seguridad vial y de salud ocupacional en cumplimiento del Reglamento 522-06 sobre Seguridad y Salud en el Trabajo.
- Promoción de descansos estructurados y tiempos de recuperación, especialmente para conductores de rutas largas y trabajadores de reparto urbano.
- Capacitación obligatoria en manejo del estrés y prevención del agotamiento emocional, utilizando metodologías accesibles y adaptadas al sector.
- Fortalecimiento de los comités mixtos de salud y seguridad, incluyendo representación del sector transporte y plataformas digitales.
- Campañas públicas que reconozcan el valor del trabajo del conductor y promuevan entornos de trabajo dignos y respetuosos.
- Fomento de la formalización laboral en el transporte, especialmente en sectores como delivery, motoconcho y rutas interurbanas.
No podemos seguir conduciendo con el piloto automático de la indiferencia. Los riesgos psicosociales en el transporte no solo enferman: también matan. Y lo hacen en silencio, desde la ansiedad hasta el infarto, desde el insomnio hasta el accidente vial. Si realmente queremos reducir la siniestralidad y humanizar el trabajo en carretera, debemos empezar por mirar el volante desde la mente y no solo desde el cuerpo.
Porque ningún destino vale más que una vida.
Por Jeffrey Medina Rivas
