RESUMEN
En agosto advertí que la reforma anticorrupción en Ucrania debilitaba la independencia de la NABU (Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania), agencia creada en 2015 con apoyo occidental para investigar casos de corrupción de alto nivel, y ponía en riesgo la credibilidad democrática del país. Hoy, los hechos confirman que la corrupción no solo persiste sino que alcanza figuras cercanas al presidente Volodímir Zelenski. Simultáneamente, Occidente empieza a mostrar signos de fatiga respecto a su protegido. La pregunta no es si existe corrupción en tiempos de guerra, sino si el líder que Occidente elevó como símbolo democrático puede sobrevivir cuando deja de ser políticamente conveniente.
Los escándalos que erosionan la narrativa heroica
La Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania ha destapado una red de corrupción en Energoatom, la empresa estatal de energía nuclear, con pérdidas estimadas en 100 millones de dólares mediante contratos inflados y sobornos sistemáticos. El caso no involucra funcionarios menores sino figuras del círculo presidencial.
Timur Mindich, socio personal de Zelenski desde antes de su carrera política, ha sido acusado de controlar flujos ilícitos en el sector energético. Su cercanía con el presidente genera sospechas de tolerancia o complicidad institucional. German Galushchenko, exministro de Energía, también figura en la investigación, demostrando que la corrupción alcanza niveles ministeriales, no solo intermediarios prescindibles.
La NABU ha señalado además a asesores y funcionarios vinculados al círculo presidencial, configurando un patrón que trasciende casos aislados. Organizaciones internacionales de supervisión han documentado que estos escándalos no son anomalías sino síntomas de estructuras que persisten incluso bajo presión occidental por transparencia.
Zelenski: del héroe incorruptible al líder cuestionado
Aunque no ha sido acusado directamente, la narrativa pública sostiene que «Zelenski sabía». Esta percepción, alimentada por medios ucranianos independientes y organizaciones de la sociedad civil, erosiona la imagen del líder incorruptible que Occidente construyó durante los primeros meses de la invasión rusa.
Las protestas ciudadanas en Kiev y otras ciudades han recordado que la independencia de la NABU es vital para la credibilidad gubernamental. Manifestantes exigen que las investigaciones no se detengan por presiones políticas, particularmente cuando tocan al círculo presidencial. La concentración de poder en tiempos de guerra, justificada inicialmente como necesidad estratégica, refuerza ahora la percepción de que las élites se blindan frente a futuras rendiciones de cuentas.
La reforma de agosto que debilitó la autonomía de la NABU cobra nuevo significado: no fue medida técnica sino anticipación política para controlar investigaciones incómodas. Lo que entonces advertí como riesgo estructural se ha materializado como estrategia deliberada de protección del círculo interno.
Occidente y la fatiga del protegido
La ayuda occidental a Ucrania, que supera los 150,000 millones de dólares entre asistencia militar y financiera desde febrero de 2022, está condicionada a avances verificables en transparencia y reformas institucionales. Los escándalos actuales ponen en duda la capacidad de Kiev de cumplir esos estándares mientras libra una guerra existencial.
En Europa y Estados Unidos crece presión interna para reducir el apoyo. Zelenski ya no es visto con el aura de heroísmo de 2022 cuando sus discursos en parlamentos occidentales recibían ovaciones. Ahora enfrenta cuestionamientos sobre uso de fondos, ausencia de elecciones desde 2019 y concentración autoritaria de poder justificada por la ley marcial.
El patrón es históricamente reconocible. Las potencias occidentales suelen apoyar líderes en crisis, exigir reformas como condición de continuidad, y retirarse cuando dejan de ser útiles o cuando los costos políticos internos superan los beneficios geopolíticos. Afganistán, Irak, Vietnam: la lista de protegidos occidentales abandonados cuando dejaron de servir intereses estratégicos es extensa y documentada.
El riesgo de convertirse en líder prescindible
La lucha anticorrupción en Ucrania se ha convertido en campo de batalla político tanto interno como externo. La NABU, creada con financiamiento y asesoría occidental, investiga figuras cercanas al presidente mientras la UE y Estados Unidos exigen resultados tangibles. Esta contradicción expone la fragilidad de la posición de Zelenski: necesita mantener cohesión interna de su círculo de poder para sostener el esfuerzo bélico, pero esa misma cohesión genera corrupción que erosiona el apoyo occidental del que depende militarmente.
Si Zelenski no logra demostrar avances reales en transparencia, corre el riesgo de convertirse en otro líder que, tras ser elevado por Occidente como símbolo democrático, termina apartado cuando deja de ser funcional a intereses geopolíticos. La historia reciente está repleta de líderes que descubrieron demasiado tarde que el apoyo occidental es condicional y revocable.
La pregunta no es si Ucrania merece apoyo contra la agresión rusa, la merece. La pregunta es si Occidente está dispuesto a sostener ese apoyo cuando el líder que eligió como rostro de la resistencia muestra las mismas debilidades institucionales que supuestamente combatía. Porque si la corrupción no se detiene en el círculo presidencial, todo el discurso sobre defender la democracia ucraniana se convierte en retórica vacía que ni siquiera Occidente puede seguir sosteniendo sin perder credibilidad.
Por Iscander Santana
Zürich, Suiza
