RESUMEN
En el 1992 y en el 2004 la República Dominicana vivió dos crisis duras, profundas y muy parecidas en una cosa: fueron creadas por distorsiones que nadie quiso corregir a tiempo.
La crisis del 1992 fue el resultado de años de inflación desbordada, devaluación, supervisión débil y un sistema bancario frágil.
Los precios se dispararon, el salario se desplomó y el pueblo pagó un ajuste fiscal que no provocó.
En 2004 fue peor.
Colapsó Baninter, el mayor fraude bancario de Latinoamérica.
Luego cayeron Bancrédito y Banreservas.
El Estado asumió las pérdidas y el dólar pasó de 17 pesos a más de 60 en meses.
La inflación explotó, la pobreza subió y el país quedó golpeado por una combinación mortal de corrupción, impunidad y mala supervisión.
El ministro de Hacienda lanza “alerta roja”… pero no nos dice quién creó la distorsión que hoy él mismo denuncia.
Así es fácil gobernar: yo creo el hueco… y tú lo llenas.
Habla de impuestos sin indexación, tarifas congeladas,
marbete estatizado, valores inmobiliarios irreales…
Pero no menciona que todo eso ocurrió bajo los mismos gobiernos que hoy piden sacrificios.
Ahora quieren “reformas”.
Pero reformas sin tocar a los grandes evasores, reformas sin reducir exenciones injustificadas, reformas sin revisar contratos eléctricos y mineros…
Eso no es reforma: eso es maquillaje fiscal.
Dicen que la evasión será su prioridad.
Claro que sí… pero siempre “respetando el debido proceso”.
Traducción: perseguimos al pequeño comercio… pero no tocamos a los peces gordos.
El país no necesita torcer más lo torcido.
El país necesita enderezar la raíz del problema:
✔ evasión masiva del ITBIS
✔ exenciones que solo benefician a grupos
✔ subsidios eternos
✔ contratos que desangran la República Dominicana
✔ fuga de capitales sin control
La verdadera reforma no es subir impuestos.
La verdadera reforma es cerrar las tuberías rotas por donde se escapa el dinero del pueblo.
Pero eso no lo quieren tocar… porque ahí están los intereses que gobiernan por encima del propio gobierno.
Por eso digo, con respeto pero con firmeza: El discurso de hoy no es una reforma…
es torcer más lo torcido.
Y este pueblo ya despertó para enderezar su destino.
La República Dominicana merece justicia económica, transparencia y soberanía.
Y ese cambio
—profundo y verdadero—
Lo vamos a encabezar juntos. Vamos arriba.
POR RAMÓN LEONARDO
*El autor es un cantante, compositor y político.
