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11 de enero 2026
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OpiniónJosé Alberto BlancoJosé Alberto Blanco

Tigueraje político y BAM: el espejismo que amenaza la democracia

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En la República Dominicana, el tigueraje político ha dejado de ser una expresión coloquial para convertirse en una práctica sistemática: la astucia sin escrúpulos, el oportunismo disfrazado de liderazgo, el uso del poder para el beneficio personal o partidario, sin importar el daño a la institucionalidad. A esto se suma el fenómeno del BAM —bulto, allante y movimiento—, una cultura política basada en la apariencia, el ruido mediático y la simulación de gestión.

Ambos estilos comparten una raíz: la desconexión con la ética pública y el desprecio por el servicio real a las comunidades. El tigueraje se manifiesta en el uso de frases populistas, promesas sin sustento, manipulación de recursos públicos y alianzas con sectores oscuros. El BAM, por su parte, se alimenta de redes sociales, ruedas de prensa sin contenido, inauguraciones sin continuidad y gestos vacíos que buscan likes más que soluciones.

¿Por qué son peligrosos?

– Desplazan a los líderes naturales: Aquellos que trabajan desde la base, que conocen las necesidades reales, son marginados por figuras que dominan el espectáculo pero no el territorio.
– Debilitan la institucionalidad: El tigueraje político convierte las instituciones en plataformas personales, y el BAM las reduce a escenografías.
– Desmoralizan a la ciudadanía: Cuando el éxito político se mide por el ruido y no por los resultados, se envía el mensaje de que la ética y el trabajo honesto no valen.

Como señala Ramón A. Veras en su artículo “Sacar el tigueraje de la política dominicana”, esta práctica “funciona para beneficio de la minoría y contra la gran mayoría de la población que vive en estado de opresión”. Y como advierte Fernando Rodríguez, el BAM se ha convertido en una estrategia de oposición que busca “aguajear” más que proponer.

¿Qué podemos hacer?

– Reivindicar el liderazgo ético y territorial, como el que tú encarnas, José Alberto, desde la educación, la memoria y la acción comunitaria.
– Promover una cultura política basada en resultados, transparencia y participación real.
– Desenmascarar el BAM y el tigueraje con datos, propuestas y presencia constante en los espacios ciudadanos.

La democracia no se construye con bulto ni con allante. Se construye con verdad, con servicio y con memoria. Y en cada comunidad hay voces que merecen ser escuchadas más allá del ruido.


Por José Alberto Blanco

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