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19 de marzo 2026
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OpiniónDamasco JiménezDamasco Jiménez

The Boy y la  política del mal

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RESUMEN

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Hoy quiero comentar una serie de Amazon prime, The Boys. Una obra que, aunque se presenta dentro del género de superhéroes, en realidad es una radiografía brutal de nuestra sociedad. Aquí, los héroes no son salvadores: son una versión moderna de dioses griegos, caprichosos, narcisistas, peligrosos. Un espejo incómodo de lo que somos.

No es una serie para espíritus sensibles. Es cruda, sangrienta, sexual, incómoda. En ella, los “buenos” son traicionados, y los ideales de la ética occidental quedan barridos, hechos trizas.

¿Y por qué traer esta sátira ahora? Porque retrata con precisión dos temas a los que le dedicado mucho tiempo: el poder de los datos y la fragilidad de la ética, tanto social como política.

Recuerdo aquella conversación entre Hans Küng y Henry Kissinger, donde Kissinger afirmaba que los políticos operan con una ética distinta a la del ciudadano común. Una idea incómoda… pero cada vez más evidente.

En The Boys, los superhumanos —potenciados por el “Compuesto V”— no son mejores que nosotros. Son peores. Sus debilidades están amplificadas por su poder. Narcisismo, manipulación, desprecio por la vida. No gobiernan por virtud, sino por percepción.

Porque hoy no se gobierna con ideas. Se gobierna con datos.

Ahí está el caso de Cambridge Analytica y Donald Trump: campañas diseñadas a partir de nuestros miedos, nuestras conversaciones privadas, nuestros patrones digitales. Se llegó a decir —y no como broma— que podía cometer un acto atroz en público y aun así conservar el poder.

En la serie, el Patriota hace algo similar: destruye a un disidente frente a una multitud… y recibe aplausos.

Ese es el punto.

El poder ya no necesita legitimidad moral. Solo necesita aprobación emocional.

Y hay una escena que lo resume todo: cuando el Patriota le dice a su hijo, tras una muerte, que no importa… que los humanos son solo juguetes. Que ellos son dioses.

Hoy, nosotros también estamos siendo reducidos a eso: datos. Segmentos. Variables. Ya no se apela a la razón, sino a la emoción más primaria.

Vemos líderes religiosos justificando violencia. Discursos de odio normalizados. Polarización extrema. La sensatez parece haberse evaporado.

¿Hacia dónde vamos como sociedad?

Por eso hago un llamado —claro y directo— a la clase media. Porque es una clase híbrida, consciente, históricamente decisiva. Es la que empuja los cambios. Es la que puede devolver equilibrio.

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