RESUMEN
Un perro aúlla todo el día, tocando las notas de una melodía escrita con tinta de color triste.
Su aullido, es como un lamento; tiene la pesada y acongojada cara de cuidar la casa de sus amos, sin pegar sus ojos perrunos.
Es la triste historia de un viaje jamás contado. Sus amos no están. El patriarca de su amo murió de viejo; mientras que la esposa de éste dice no tiene tiempo para animaladas; y todo el mundo sospecha que miente porque hace rato que el día tiene 24 horas.
El animal, se pasea sin cadencia, como loco, no tiene comida ni agua. ¡Acaso, ésta tierra de sordos ¡ Watchiman.
Es como un Watchiman, pero a diferencia de éste no tiene escopeta ni arma al cinto. Tal como el vigilante privado tiene sed; el uno no tiene para comprar la botellita del agua, y el otro no tiene nadie que le provea del líquido para refrescar la garganta.
Muchos de éstos hombres que velan, mientras duermen los amos tienen la dignidad de las montañas aunque pasan hambre. Ya lo dijo el siempre joven modernista revolucionario y poeta José Martí, “ En mi hambre mando yo”.
El aullido se convierte en alarido, y me recuerda que soñé con un país donde había una sociedad protectora de los animales. De los perros, los gatos, aquellos que nacen, viven y mueren por debajo de la línea de la tristeza.
¡Vengan! Vengan todos! Les convocó a escuchar al perro que me sensibilizó, con sus historias, con su canto, y tiene el alma desabotonada de tanto esperar por agua y un mendrugo de pan.
Pienso que es injusto, vamos a repartir la tristeza de éste pero, no me lo dejen a mí solo.
¡O soy el único con audición, o soy el único cuero de éste barrio.
Yo quisiera darle cobijo y abrigo, pero, ¡saben qué! Yo también voy de paso, soy extranjero en mi propia tierra.
El tiempo pasa, y creo que el perro se está enfadando, sus pelos todos se engrifa, cada vez que aúlla se parece más a un lobo, que a un animal doméstico.
