RESUMEN
En 2007, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, estaba por terminar su segundo mandato y no podía reelegirse debido a las restricciones constitucionales. Fue entonces cuando comenzó a elogiar públicamente a su primer ministro, Dmitri Medvédev. En un discurso clave, Putin lo describió como “un hombre de principios, con gran capacidad de trabajo y un profundo compromiso con el pueblo ruso”. Ese respaldo no fue casualidad: meses después, Medvédev fue elegido presidente, y Putin se convirtió en su primer ministro. A veces, un elogio no solo busca destacar las virtudes de alguien, sino también preparar el terreno para una transición sin turbulencias.
En los últimos días, hemos sido testigos de cómo el presidente Luis Abinader ha lanzado una ola de elogios hacia Wellington Arnaud: «Muchas gracias a Wellington Arnaud… quien ha realizado una labor extraordinaria en su gestión, acompañándonos con todas las ideas que tenemos sobre el agua, tanto el agua potable como el saneamiento».
En sus expresiones se pueden leer dos ideas profundas. La primera, que Wellington Arnaud es un líder y un gran administrador; en pocas palabras, un hombre de Estado. Y la segunda, que deja claro que ha acompañado al presidente en todas sus ideas, lo que implica que no actúa por sí mismo, sino que es un hombre del presidente. ¿Acaso está dando el primer mandatario alguna pista?
El mayor temor de cualquier presidente en ejercicio que no se va a reelegir es el sucesor. La paz que irradia la seguridad de que la transición presidencial no alterará sus cimientos emocionales ni los de su familia no tiene precio. De ahí el empeño de todos los mandatarios democráticos del mundo por interesarse en quién asumirá la presidencia después de que dejen la silla.
En la política dominicana de antaño, había un sabio conocido como Trucupei, quien incluso, de forma empírica, creó varias leyes del poder. Una de ellas es “un gallo tapao”, que simboliza a un presidente que preparando su transición tiene un gallo en la funda, esperando el momento indicado para sacarlo. El presidente Abinader ha dejado que varios de sus cercanos salgan a desarrollar sus proyectos presidenciales. Sin embargo, de forma meticulosa, observa quién ha tenido mayor capacidad para construir estructuras capaces de competir y ganar, con el fin de ponerlo en la funda y armarlo en el momento preciso.
Wellington Arnaud, sin necesidad de ponerle espuelas aún, ha salido como un gallo que corta mucho (de calidad), y es tan visible que parece que la estrategia del presidente podría acelerarse. Los elogios de Luis Abinader nos recuerdan a las palabras de agradecimiento y admiración de Lula hacia Dilma en Brasil: “Dilma es una persona de acción. No solo tiene la visión necesaria para entender los problemas de Brasil”, o las palabras de Franklin D. Roosevelt a Harry Truman en 1945: “Es un hombre trabajador, honesto y con un gran sentido del deber”. Estas declaraciones allanan el camino para destacar la valía del liderazgo de su sucesor, pero, sobre todo, su lealtad.
El presidente Abinader, al igual que cualquier mandatario en el mundo, busca construir una transición que le garantice paz. Sin embargo, pese a que hay varias personas dentro de su equipo que cumplirían esa tarea muy bien, les falta ser más «gallos de calidad». Aunque se les colocaron espuelas metálicas, no levantan los pies y, hoy por hoy, no representan una garantía de triunfo. El presidente, que se caracteriza por su inteligencia y astucia, ya empieza a dar pistas: elogios con mensajes muy bien pensados, listos para dejar claro que Wellington Arnaud tiene la capacidad para dirigir, pero que, además, ha seguido su visión al pie de la letra.
