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10 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

Suprimir la conciencia

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RESUMEN

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Desde la cima del poder siempre se ha buscado enajenar a los ciudadanos, haciéndoles presas de discursos y posees ideológicas. Esa ha sido la historia humana, un transcurrir lleno de procesos que azuzan el miedo, sometiendo en primer lugar, a los de mayor debilidad. Desde los más débiles poco a poco el proceso sigue avanzado como “efecto dominó”. Es un proceso indetenible, que se fortalece al pasar de los siglos. Es un fenómeno se presenta en la conocida reacción en cadena acumulativa que se produce desde un acontecimiento inicial, que provoca en forma eslabonada, una serie de sucesos similares en que cada uno sufre el mismo impacto.

Desde la pasividad inocente de las masas, la vida mecánica suprime la conciencia en forma natural, convirtiéndole en una costumbre perenne repetida constantemente como efecto dominó. Esta sucesión de costumbres se transforma en una cultura de lo fácil. Y es por ello, que para mucha gente es mejor suprimir su “yo consciente”, que tener que enfrentar las realidades existenciales de la vida.

La gente se acostumbra a perder el valor intrínseco de hacerse consciente de lo que la persona humana es en realidad: un poderoso ser, capaz de conocer, entender y trascender.

Este es el punto de partida, es el inicio, la génesis de las actitudes del ser humano, con respecto a sí mismo. Por ello, debemos reconocer que el “yo” es un objeto dentro de la conciencia, porque el “yo” se hace evidente cuando uno se reconoce a sí mismo como lo que en realidad es: una criatura especial, que es capaz de adueñarse de su propio destino.

Desde “el libre albedrio” del hombre (varón y hembra), podemos entender y comprender a la existencia consciente, como un fenómeno filosófico. Y desde ahí, debemos entender (que como fenómeno), puede ser interpretado desde distintas formas (es decir), a partir del ideal de diferentes pensadores.

Y, es desde esa visión (en que podemos verlo), como la existencia en sentido general; luego, podemos analizarlo desde la óptica del sentido de la existencia, o también podríamos reflexionarlo, desde el punto de vista de la existencia del género humano.

De ahí que (podamos ver la época feudal), en donde el pensamiento de Tomás de Aquino marca la diferencia. Antes de los planteamientos de este ilustre cristiano, se afirmaba que la vida del hombre “inicia su existencia”, cuestión que Aquino contradijo, apoyado en su fe cristiana. Ya Aristóteles había considerado “la existencia, como la actualización de la esencia”. En ese mismo orden, Duns Scoto argumentó la separación del ser esencial del ser existente. Y que, con ello otorga independencia al concepto de la existencia frente al concepto de la esencia. Por otra parte, Descartes y Spinoza trabajaron la existencia como parte de un atributo que se predica a alguna cosa o persona.

En este punto, es bueno recordar la posición de Leibniz al respecto de este fenómeno, porque este filosofo observó, que una esencia de la cual se predica existencia, es una esencia que posee mayor perfección que otra a la que no se teoriza existencia.

Para ir cerrando la importancia de la consciencia en el hombre (varón y hembra), recurrimos a Kant, quien afirma, que la existencia no es parte del concepto de algo. Kant no veía a la existencia como algo de lo que se podía argumentar una prédica. En cambio, Hegel argumentó, que la existencia es el producto de una subjetividad absoluta que se conoce a sí misma.
Desde estas consideraciones, pasamos a Soren Aabye Kierkegarrd (Dinamarca,1813-1855), que nos habla del concepto “existencia”, en la época contemporánea. Según este pensador “la existencia es en exclusivo, la existencia humana.”

En sentido general, se puede afirmar que el mundo mecánico que la sociedad replica y busca perfeccionar en cada época (una tras otra), busca suprimir la conciencia de las personas, porque no quieren que el hombre viva con juicio independiente, ni que se considere un fin en sí mismo.

Por: Francisco Cruz Pascual.

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